Brasil decide su futuro

EUROPA PRESS
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El país elige hoy si continúa con las políticas de izquierda del Partido de los Trabajadores de Dilma Rousseff o si opta por el cambio «que necesita el Estado» apoyando a Aécio Neves

DEBATE DE LOS CANDIDATOS A LA PRESIDENCIA DE BRASIL - Foto: Antonio Lacerda

Brasil elige hoy si continúa con las políticas de izquierda del Partido de los Trabajadores (PT) de Dilma Rousseff o si opta por el cambio apoyando a Aécio Neves (Partido de la Social Democracia Brasileña). Los dos representan dos proyectos de país opuestos, según remarcan los propios candidatos.
La situación que vive el país se remonta a 1980, cuando Luiz Inácio Lula fundó el Partido de los Trabajadores (PT), que con el tiempo se convertiría en uno de las mayores formaciones de izquierda de América Latina. Lula lideró la oposición al expresidente Fernando Henrique Cardoso (PSDB), y después de tres intentos, llegó al poder en 2002: empezaban los 12 años del PT en el poder.
A partir de ahí, Lula, que pasó de líder sindical de la metalurgia a presidente, hizo reformas aperturistas en la economía y puso las bases de su política social, unificando los proyectos de su antecesor, Cardoso, y creando el que sería el buque insignia de su Ejecutivo, el Bolsa Familia, un programa de ayudas a los hogares más pobres que ha sacado a millones de personas de la miseria.
El segundo mandato de Lula coincidió con el mejor momento de la economía brasileña. En 2010, su último año de Gobierno, el PIB creció un 7,5 por ciento, Brasil se convirtió en la octava economía mundial y además la comunidad internacional le premiaba con el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Una de las últimas buenas noticias llegaba hace poco: la ONU había eliminado al país del mapa del hambre.
Pero los buenos resultados en lo social se han visto ensombrecidos por los casos de corrupción. 
 
Crisis. El mandato de Rousseff, en el poder desde el 1 de enero de 2011, ha sido más complejo que los de Lula por el efecto de la crisis internacional. A pesar de que Brasil cuenta con la tasa de paro más baja de historia, la inflación está disparada y entró en recesión en el primer semestre, aunque la economía ha vuelto a crecer.
Sin embargo, la sensación de cansancio cristalizó con las multitudinarias protestas de junio de 2013. Millones de brasileños salieron a la calle criticando el alto coste y la mala calidad del transporte público, pero también de otros servicios responsabilidad del Estado, como la Sanidad y la Educación. La popularidad de Rousseff tocó fondo.
Desde entonces, tanto ella como el candidato opositor Aécio Neves saben que la voluntad de cambio de la sociedad brasileña está en el aire. Neves está al frente de una coalición llamada Muda Brasil se presenta como el abanderado del cambio «que necesita el Estado». Pero Rousseff y su equipo también quieren rentabilizar la palabra de moda.
Sin embargo, las propuestas de futuro han estado prácticamente ausentes en la campaña del PT, más centrada en defender el legado de los últimos años. Tampoco Neves ha detallado su programa, aunque ha subrayado que mantendrá programas del PT, como el Bolsa Familia y el Mais Médicos, que tiene como propósito llevar sanitarios a áreas rurales con escasa asistencia sanitaria.
Neves ha hablado en numerosas ocasiones de la necesidad de un Estado eficiente, que recupere la confianza de los mercados y estimule la inversión. Pretende dotar de «autonomía operacional» al Banco Central, simplificar los impuestos y que el PIB vuelva a crecer entre un cuatro y un cinco por ciento. Con su receta liberal, es el favorito de la clase empresarial.