Diario de Burgos
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EL FOCO

El gol del visitante

DIEGO IZCO - sábado, 5 de abril de 2014
- Foto: ALBERT GEA
El mayor peso de los tantos marcados fuera de casa en las eliminatorias data de la temporada 1967/68

Los cuartos de final de la Liga de Campeones abrieron sus puertas y dejaron que se les colaran varias preguntas. ¿Por qué sonreía tan abiertamente Diego Pablo Simeone cuando Diego Ribas colaba el balón en la escuadra… si después le habían empatado el partido? ¿Por qué el tanto de Bastian Schweinsteiger en Manchester, equilibrando el que había hecho Vidic un cuarto de hora antes, deja tan aparentemente relajada a la hincada del Bayern de Múnich? ¿Por qué el PSG no las tiene todas consigo por culpa de un solitario gol de Hazard pese al 3-1 final… y el Real Madrid se ve semifinalista precisamente por lo contrario, porque el Dortmund no logró ni un solo gol? Las respuestas hay que encontrarlas más de cuatro décadas atrás.
Una de las finales más recordadas en la historia de la Copa de Europa data del 29 de mayo de 1968, la que el Manchester United que dirigía Matt Busby se enfrentaba al Benfica de Eusebio. El 1-1 (goles de Bobby Charlton y Jaime Graça) llevó el partido a la prórroga y allí, en  Wembley, los ‘diablos rojos’ se desataron en la prórroga: Best hacía el 2-1 en el minuto 93, Kidd el 3-1 en el 94 y Charlton el 4-1 definitivo en el 99.

EL ESTRENO. Pero esa final tiene una intrahistoria desarrollada en septiembre de 1967: el Benfica afrontaba su debut en la Copa de Europa (dieciseisavos de final) ante el Glentoran, un modesto equipo de Belfast. En el partido de ida, disputado en Irlanda del Norte, el resultado fue de 1-1. Y en la vuelta, con el conjunto norirlandés parapetado atrás, el campeón portugués fue incapaz de hacer un solo gol. El 0-0 fue relativamente festejado por los jugadores del Glentoran: habían sobrevivido al pronóstico de una derrota segura… pero habían sido eliminados. Fue el primer partido en la historia de la Copa de Europa en el que se aplicó la ‘Regla del Gol de Visitante’, firmada aquel verano del 67 en el reglamento de competición de la UEFA: en el caso de empate en el global de una eliminatoria, pasaría a la siguiente ronda aquel equipo que hubiese conseguido más goles fuera de casa.
Hasta entonces, los empates en eliminatorias se habían decidido en un partido de desempate. Ni siquiera se consideraba justo disputar una prórroga al término de los 180 minutos: el tiempo extra solo se añadía a partido único… o en el choque de desempate. En octavos de final de la Copa de Europa 66/67, por ejemplo, el Atlético de Madrid cayó por 3-2 en el desempate ante la  Vojvodina yugoslavo. Pero antes, habían perdido por 3-1 en Novi Sad (Serbia) y, en el Vicente Calderón, vencieron por 2-0 una semana después. Con el actual reglamento en la mano, el ‘Atleti’ hubiese pasado a cuartos de final para medirse al Celtic de Glasgow (a la postre, campeón de aquella Copa de Europa)… pero la prórroga del encuentro del desempate, también disputado en la capital de España, sonrió al goleador yugoslavo Takac, autor del 2-3 definitivo.

EL ÚLTIMO DESEMPATE. No obstante, el último partido de desempate de la Historia de la Copa de Europa se disputó un 3 de mayo de 1967, con el Inter de Milán y el CSKA de Sofía como protagonistas. Tras el 1-1 de la ida en Milán y el 1-1 de la vuelta en la capital búlgara, la eliminatoria se decidió en terreno ‘neutral’ (el Renato Dall'Ara de Bolonia) con el gol de Capellini (1-0 final) para el Inter de Helenio Herrera, Luis Suárez o el inolvidable Facchetti.  
Fue la última vez en la que la Copa de Europa permitió la disputa fuera de calendario de duelos de desempate. La ‘Regla del Gol de Visitante’ entró con todo su peso a partir de la temporada siguiente. Una regla a la que el espectador actual ya se ha acostumbrado y asume con total naturalidad, pero que fue muy polémica en sus primeras aplicaciones.  
Justo al año siguiente, esta norma estuvo a punto de pasar a mejor vida por las protestas (no oficiales, pero sí oficiosas) del Real Madrid. El Santiago Bernabéu albergaba la final de la Copa de Europa de 1969, y el equipo blanco tenía muchas esperanzas de llegar a un encuentro tan especial. En octavos de final, el Rapid de Viena conseguía sorprender al equipo de Miguel Muñoz con un solitario gol de Kaltenbrunner; y en la capital de España, con el Real Madrid en tromba buscando la remontada, un tanto de Bjerregaard dibujó el 2-1 definitivo en el marcador y el equipo ‘merengue’ quedaba eliminado. ¿Cómo es posible -preguntaron entonces los mandatarios del Real Madrid a la UEFA- aplicar una regla que trata de impedir que el visitante no se encierre en la ida… pero pueda hacerlo aún más descaradamente en la vuelta? ¿Cómo podía ser tan increíble, tan abismal, si eras el equipo local, la diferencia real entre un 0-0 (marcar un tanto en la vuelta te da media clasificación) y un 1-1 (donde, sin empezar el partido, estás eliminado)?
 
BILBAO, BARCELONA... También se acuerdan mucho de la 'novedad' de la norma, y con igual amargura, en Bilbao: en su primera final continental (la segunda fue la disputada hace dos años ante el Atlético de Madrid), perdió ante la Juventus en 1977 por la famosa ‘Regla del Gol de Visitante’: 1-0 en Turín con gol de Tardelli, y 2-1 en San Mamés (Churruca y Carlos para el Athletic, Bettega para la ‘Vecchia Signora’).
Más de 40 años después de su implantación, sigue cuestionándose la justicia o injusticia de la regla. Imposible olvidar cómo buena parte del barcelonismo repitió argumentación: lamentó la perpetuación y normalización de una norma que permitió al Chelsea disputar una eliminatoria eficaz, pero lamentable para dejar el Camp Nou patas arriba… e incluso ganar la Liga de Campeones. No hay método más justo, sin duda, que el extinto partido de desempate… pero, hoy por hoy, los calendarios están tan comprimidos y los futbolistas tan exhaustos que incluso lo más justo parece un sinsentido. La ‘Regla del Gol de Visitante’ refuerza la teoría de que una injusticia, repetida el suficiente número de veces, termina siendo algo normal.

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