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Historia / Ferrocarril

La línea que dividió Miranda

R.L. / Miranda de Ebro - domingo, 3 de marzo de 2013
En 1985 las vías del ferrocarril dividían el centro de la ciudad. El paso a nivel de La Rioja se localizaba a la altura de la M. / truchuelo - Foto: Truchuelo
Ayer se cumplieron 150 años del primer trayecto en tren entre Bilbao y Miranda • Una línea que consolidó la ciudad como núcleo ferroviario y que cambió también su fisonomía

Miranda se subió al tren de la modernidad en el año 1862, a raíz de aquel primer histórico convoy que trasladó a un buen puñado de mirandeses hasta Olazagutia. El pasado año se celebró el 150 aniversario de la llegada del tren a la ciudad, pero fue en 1863, un año después de aquello, cuando Miranda se consolidó como núcleo ferroviario quedando unida a la capital vizcaína y a su puerto marítimo. A la línea Madrid- Irún se unió entonces la Tudela-Bilbao, y aquellos caminos de hierro condicionaron el urbanismo de una localidad que apenas sumaba 2.900 habitantes.
Hasta 900 obreros fueron necesarios para construir esta nueva línea que fue levantada con relativa celeridad, según cuenta Juan Delgado, que ha colaborado en la redacción de artículos vinculados al ferrocarril. El tramo de Orduña fue el más dificultoso, pero a partir de ahí pronto se llegó a tierras burgalesas. Tal día como ayer, hace ahora 150 años, se inauguró la sección de Bilbao a Miranda para mercancías, pudiendo enlazar con el Ferrocarril del Norte (Madrid- Irún). Tres meses después, en mayo, los trenes de viajeros continuaron hasta Haro, para ya a partir del 18 de agosto comenzar la circulación completa desde Tudela.
Los mirandeses eran conscientes de su privilegiada situación geográfica, y recibieron a las máquinas de hierro con los brazos abiertos. El futuro estaba aquí. Lo que probablemente no alcanzaron a imaginar cuando se anunció la primera línea (allá por 1845) era su repercusión en la fisonomía de la ciudad. Con el establecimiento de estas dos líneas ferroviarias, la ciudad, asentada bajo el cerro de La Picota, quedó completamente dividida. Al sur, la limitaba el Ebro, al norte cortaban su expansión las instalaciones ferroviarias y la línea Madrid- Irún (carretera y vía férrea), mientras que la línea Tudela- Bilbao partió la ciudad en dos.

El proyecto de Keller

Los problemas de ordenación que surgieron entonces comenzaron a resolverse a partir de 1903, cuando a petición del Ayuntamiento, el ingeniero Federico Keller entregó el proyecto de ensanche y reforma de la ciudad. En paralelo al cauce del principal río se siguió un sistema ortogonal hasta su encuentro con la línea férrea Castejón- Bilbao, mientras que para el ensanche se tomó como referencia la calle La Estación, a partir de la cual se diseñaron largas calles paralelas y otras tantas perpendiculares, alteradas solo por la diagonal que forma la carretera Logroño. Miranda, convertida en ciudad desde 1907, se fue modernizando tanto desde el punto de visto urbanístico como de la dotación de servicios, como el alcantarillado. De hecho, el propio Keller esbozó en su informe un proyecto para acometer la red de abastecimiento de agua potable.
La llegada del ferrocarril supuso un cambio radical para la vida social y económica de Miranda. Es más, durante la fase de construcción de esas vías y de los edificios de la Estación, la vida en la ciudad comenzó a alterarse con la llegada de inmigrantes de zonas rurales dispuestos a trabajar de jornaleros en las obras ferroviarias.
El ferrocarril era una fuente detrabajo, hasta el punto de que llegó a convertirse en la principal fuente de empleo de la ciudad, en la primera ‘empresa’, muy por encima de los puestos de trabajo que generaban, por ejemplo, el Ayuntamiento, el cuartel del Parador o el edificio de Correos. Tal y como se recoge en el libro Historia de Miranda de Ebro, a finales del siglo XIX el ferrocarril dio trabajo a 309 personas, algo increíble si se tiene en cuenta que 150 años antes esos eran aproximadamente los habitantes que tenía la población. Para volver a ver una fuente de trabajo semejante hubo que esperar hasta mediados del siglo XX, con el nacimiento de FEFASA.
Lo que está claro, y nadie lo duda, es que el ferrocarril puso a Miranda en el mapa. Por su estación llegaron a desfilar hasta 32 trenes diarios en temporada de verano. Una estación, por cierto, cuyo edificio principal data del año 1862 y que fue encargada al ingeniero inglés Charles Blacker para dar servicio a la línea Madrid- Irún. Levantó un edificio de estilo gótico victoriano, y un año después, cuando se puso en marcha la línea Tudela- Bilbao, se firmó en la capital vizcaína el proyecto de construcción de un segundo edificio, de segunda clase, para dar servicio a esta nueva línea. Se trata del edificio de viajeros, recientemente restaurado, y que ahora, vacío, espera a que se decida su futuro.

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Vista actual de Ronda del Ferrocarril, tomada desde el mismo punto que la anterior. R.L.
Vista actual de Ronda del Ferrocarril, tomada desde el mismo punto que la anterior. - Foto: R.L.
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