Los productos ecológicos se instalan en la comarca de la Ribera del Duero

S. Rioseras / Aranda-Campillo - lunes, 11 de enero de 2016
La cultura ecológica incide en el fomento de la relación entre productores y clientes. En la foto, un instante de un encuentro organizado en el huerto de Bioribera, en el municipio de Campillo. - Foto: DB
Numerosos agricultores optan por esta modalidad de cultivo que reduce al mínimo el uso de productos químicos. Aseguran que la clientela se ha duplicado en los tres últimos años

La agricultura ecológica se ha hecho un hueco en la comarca de la Ribera del Duero. Numerosos devotos de estos alimentos se han convertido en productores por la dificultad que entraña su adquisición. «Todo empezó por el autoabastecimiento», coinciden en apuntar Pilar Castilla y Roberto Campillo. La primera abrió la tienda ecológica ‘Qué natural’ hace tres años en la capital ribereña y el segundo comenzó a producir verduras y frutas ecológicas el pasado 2015 en el municipio de Campillo.
Aunque los datos que maneja el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León y el Ministerio de Agricultura no ofrecen un número concreto de  profesionales dedicados a estas tareas en la zona, Castilla asegura que desde la apertura de su tienda en 2013 la clientela se ha multiplicado por dos. Una situación que achaca a una  «mayor preocupación de la población respecto a la salud, el origen y el tratamiento de los productos que se llevan a la boca».
Y la demanda, claro, manda. «Al comienzo era más complicado encontrar proveedores cercanos». Sin embargo, actualmente, buena parte de los que le suministran la mercancía se encuentran en la propia comunidad. «El pan nos lo traen de Ávila», indica. Algunos los encuentra, incluso, sin salir de la propia comarca. «Hay mucha gente que me llama para ofrecerme sus hortalizas. Sé que no utilizan químicos, pero necesito un sello que lo avale». Motivo por el que ha tenido que rechazar, por ejemplo, propuestas de profesionales avícolas. «Hasta que no tengan los papeles, no me puedo arriesgar».
Esta situación se repitió hace un año con Roberto García, fundador de BioRibera. Un proyecto de agricultura ecológica que comienza a despegar tras acreditarse en esta tipología de cultivos. «Apostamos por la tracción animal con burros y echamos una cantidad mínima de los productos exigidos por Sanidad. El resto se hace mediante preparados biodinámicos», comenta. «Se trata de compuestos a base de cosas naturales como la manzanilla, las ortigas, excrementos de animales...».
Elementos baratos y al alcance de cualquier agricultor que han despertado el interés de los más veteranos. «Hay mucha gente que está cambiando el concepto solo por tema económico, porque gastan mucho y no logran evitar las plagas». En cambio, dice, sus métodos resultan más eficientes. «En el pueblo ya se han dado cuenta y muchos vienen a pedir consejo».
De momento su variedad y cantidad es limitada pero semanalmente dispone de un servicio de cestas que entrega a domicilio en una radio máximo de 20 kilómetros. Los productos de los que no dispone, como la carne, los encarga a distribuidores de Santander a los que él también ofrece su mercancía. «Esta zona está muy bien situada y, como pilla de paso a Madrid, no cobran los portes».
A pesar de esta ventaja, el precio de la comida ecológica continúa siendo muy elevado. Una valoración con la que García y Castilla no se muestran conformes. Reconocen la diferencia con los alimentos ordinarios, pero lo achacan al consumo instaurado: «Vamos al supermercado y compramos 5 kilos de naranjas porque están en oferta. Al final se ponen malas y solo comes 2 kilos que dan la mitad de zumo que los ecológicos», explica Castilla. «El gasto termina siendo mayor», sentencia.
 
Ecolokos.
La ecología forma parte de toda una cultura en torno a los alimentos. «Tratamos de fomentar la relación con el cliente organizando jornadas en las que puedan ver donde crece lo que comen», apunta García. «También se tiende mucho a la agrupación de consumidores para realizar pedidos conjuntos», asegura.
Una tendencia que no es nueva en Aranda de Duero, pues hace casi 10 años se creó la asociación Ecolokos. Una entidad que nació con el objetivo de «fomentar el consumo consciente y transformador», escriben en su web, a través de la cual solicitan sus alimentos, que son recogidos semanalmente en las instalaciones de El Invernadero. «Las nuevas tecnologías se han colado en el planteamiento, pero aún existen las relaciones. Y el trueque».

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