Diario de Burgos
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Adif sitúa en abril el fin de la obra y en 2017 la llegada del "AVE real"

Á.M. / Burgos - lunes, 7 de diciembre de 2015
- Foto: Jesús Javier Matías
Estépar, superado. El falso túnel de Las Calbezadas está culminado y se opera en el interior. Era un punto negro para los plazos. Los postes de electrificación de la línea llegan casi hasta la variante y las traviesas se extienden sobre la plataform

El AVE llegará a Burgos «en el primer semestre de 2016». Esas son las palabras exactas de la ministra de Fomento, Ana Pastor, pronunciadas en un desayuno informativo organizado por este periódico hace menos de dos semanas. No sería la primera vez que el Gobierno no atina con los plazos de la Alta Velocidad; el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, afirmó en Burgos, durante el mitin que ofreció en el Fórum en la campaña electoral de las pasadas elecciones municipales y regionales, que este mismo año nos subiríamos al AVE. Pues va a ser que no.
Por aquel entonces las evidencias de que ese calendario era irreal estaban a pie de obra, y lo mismo ocurre ahora pero en pasiva. Sí, los avances en la línea Valladolid-Venta de Baños-Burgos son evidentes, especialmente en el subtramo que ha causado todos los retrasos y que se localiza entre Estépar y la variante ferroviaria de la ciudad. Allí, muy cerca del municipio burgalés, se ubica el túnel artificial de Las Calbezadas, el punto crítico de todo el trazado.
La previsión del Adif cuando el Gobierno sostenía que el AVE llegaría este año era culminar los trabajos en el falso túnel en octubre. Sin embargo, esos tajos se estaban ultimando esta misma semana, «realizándose en la actualidad actuaciones en el interior» del paso, según fuentes del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias. O lo que es igual, se están construyendo los «andenes, canaletas» y demás elementos. Pero el túnel está hecho y tendrá que quedar enterrado para crear el efecto de monte continuo.
En el resto del trazado entre Palencia (donde la Alta Velocidad es una realidad, al igual que en León, desde el pasado mes de septiembre) y Burgos sí está todo muy avanzado. El izado de postes y los montajes de electrificación ya son muy evidentes a pocos kilómetros de la variante de Burgos, «al igual que los trabajos en subestaciones, señalización, telecomunicaciones y GSM-R y pantallas acústicas», continúan las mismas fuentes.
Es más, el montaje de vía está a punto de iniciarse y la prueba es que ya existen tres zonas de acopio de balasto (la piedra sobre la que se montan los raíles) y las traviesas están desplegadas a lo largo de casi todo el recorrido. Así las cosas, Adif reconoce, por primera vez, una fecha prevista de finalización de las obras: «abril de 2016». Eso sí, desde el Administrador advierten que las obras, a las que les faltaría un 20% (la parte más ágil de todo el proyecto) para poner trenes a rodar, «son todas actividades muy susceptibles de afección por lluvias». Si hay un invierno particularmente adverso, podría existir algún retraso, pero que Adif ponga fechas por vez primera dice mucho de la confianza que tiene en cumplir los nuevos plazos.

Los 300 km/h.

Esa es la última noticia respecto de lo que toca a la obra de ejecución de la conexión de Burgos con Valladolid a través de la Alta Velocidad, pero no es lo único que es necesario rematar para que lleguen los trenes a la capital. Todavía no se ha iniciado la adaptación de la estación Rosa de Lima para recibir el AVE. Como es sabido, el tramo entre Burgos y Vitoria ni siquiera tiene los proyectos de ejecución aprobados, así que es evidente que todos los convoyes que lleguen desde el País Vasco (en Burgos no nacen rutas) lo harán por el ancho de vía tradicional y no por el del AVE, y viceversa.
Por eso es necesario construir un ‘cambiador’ en el andén Norte (se reservó desde su construcción para la Alta Velocidad) que permita dar continuidad a todas las rutas. En primavera de este año se dieron por inminentes los trabajos de adaptación, pero la evidencia de que no corría tanta prisa los ha retrasado y Adif programa ahora el comienzo de las obras «a mediados de enero» de 2016. Su duración prevista es de cuatro meses, así que, sobre el papel, cuadraría tenerlo todo ultimado para abril del próximo año. Otra cosa será lo de subirse a un AVE de verdad, a lo que en el argot ferroviario se conoce como ‘el patito’.
Una vez concluidas las obras será necesario un plazo de prueba que, en un trazado sencillo y sin accidentes geográficos reseñables, se podría reducir a dos o tres meses, el tiempo mínimo de formación de los maquinistas que vayan a operar en el segmento Palencia-Burgos. Conste que en casos como el de León y Palencia fueron necesarios siete meses de prueba antes de abrir la venta al público, pero en este caso se podrían acortar los plazos. En cualquier caso, resultaría ya muy complicado que el AVE llegue «en el primer semestre del próximo año». Y aunque lo hiciera no sería un AVE real.
«La puesta en servicio se realizará con señalización lateral y ASFA y una velocidad de 200 kilómetros por hora. Seis meses más tarde, en 2017, se circularía al amparo del sistema ERTMS y velocidad máxima de 300 kilómetros por hora», admiten en Adif. Esas siglas se refieren a los sistemas de seguridad que son preceptivos para sobrepasar ciertas velocidades en el transporte ferroviario, así que hasta que no se cumpla a rajatabla la normativa, nada de ir ‘volando’ a Valladolid y, de ahí, a Madrid. Por tanto, el avance es claro (ver imágenes junto a estas líneas) y el AVE está cada día más cerca, pero la previsión ministerial parece un tanto arriesgada, sobre todo porque se acerca el invierno.

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