Diario de Burgos
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3 obras procedentes de Burgos cohabitan en Palacio con la familia real de Antonio López

R.P.B. / Burgos - martes, 9 de diciembre de 2014
Se trata del retrato de Isabel la Católica de Juan de Flandes que estuvo durante siglos en la Cartuja y dos cuadros de Las Huelgas: Virgen de la Misericordia y Retrato de Ana de Austria

El esperado estreno del cuadro de Antonio López sobre la familia de don Juan Carlos I, obra en la que el pintor madrileño ha invertido los últimos 20 años de su vida, luce desde la semana pasada en el Palacio Real, en el marco de la exposición ‘El retrato en las colecciones reales’.Se trata de una muestra única que cuenta también con tres cuadros procedentes de Burgos: uno de la Cartuja y los otros dos de La Huelgas. El primero, que además es el que recibe al visitante en la exposición de palacio, es el famoso retrato que el pintor Juan de Flandes hizo en Burgos de Isabel la Católica.Se trata de un cuadro que, durante siglos, permaneció en el cenobio burgalés, ya que la reina quiso que éste permaneciera cerca de los sepulcros de sus padres y hermanos, aquellos que esculpió Gil de Siloe.Sin embargo, la tabla -antes de recalar en la colección de Patrimonio Nacional- tuvo un vida bien agitada.
No en vano, a mediados del siglo XIX, con motivo de una visita a Burgos, María Cristina de Borbón, madre de la entonces reina Isabel II, acudió en visita privada a la Cartuja, donde se encaprichó del óleo. Con el apoyo del entonces gobernador civil de la plaza, consiguió la borbona llevárselo a Madrid. Pero los avatares políticos del momento no dieron respiro al cuadro: viajó hasta París acompañando a sus nuevos propietarios, exiliados tras la Revolución de ‘La Gloriosa’ (1868).Al fallecimiento de María Cristina el cuadro pasó a su hija, Isabel II, a quien sorprendió la muerte en su exilio de París (1904), quedando Alfonso XIII como propietario. El monarca decidió subastar todos los enseres, pero el burgalés Francisco Aparicio y Ruiz, vicepresidente del Congreso de los Diputados, solicitó al monarca que no vendiera la obra y le arrancó el compromiso de devolverla a la Cartuja. Nunca regresó a Burgos, pero terminó formando parte de la colección del Palacio Real.
Según los comisarios de la exposición, el retrato muestra a Isabel la Católica envejecida, pese a que su edad no era avanzada, ya que murió con 53 años. «Debe corresponder a los últimos años de su vida, tras sufrir tres pérdidas muy dolorosas: la del heredero, el príncipe don Juan en 1497; y las de sus otros dos herederos, su primogénita Isabel, reina de Portugal, fallecida en 1498, y el hijo de ésta, el príncipe don Miguel, que vivió solo hasta 1500. Con el futuro del reino en manos de doña Juana, que ya había dado signos de su desequilibrio mental, no es de extrañar que se manifestaran en el rostro de la reina Católica las huellas de todas las penas sufridas».
Se trata de un retrato de carácter representativo, en el que el pintor flamenco muestra a la reina ante un fondo neutro, de busto, en posición ligeramente escorzada, con el rostro dirigido hacia la derecha, con expresión ensimismada. «La ausencia de contenidos simbólicos es propia de la imagen real a fines del siglo XV en los reinos hispanos. De ese modo, concentra la atención en el rostro envejecido de la reina, fuertemente iluminado, destacado del fondo oscuro y del brial de color pardo verdoso con gran escote. Y también lo hace la rica camisa blanca que asoma del brial, bordada con listas negras con el borde decorado en el que alternan leones rampantes y cuatro barritas entrecruzadas. Isabel la Católica muestra el cabello recogido rodeando las mejillas y cubierto por un lienzo blanco tupido que le cubre parte de la frente y sobre él lleva una cofia transparente. Todo ello se cubre con otro lienzo transparente que desciende sobre los hombros y une sus puntas sobre el pecho con un rico joyel que forma una cruz de brazos iguales y bajo ella una venera con una piedra preciosa con engarce triangular en su interior».

Una virgen y una abadesa. Las obras procedentes de Las Huelgas son La Virgen de la Misericordia con los Reyes Católicos y su familia, obra de Diego de la Cruz fechada en 1486, y Retrato de Ana de Austria, abadesa de Las Huelgas, obra de Diego de Leiva (1629).Del primero dicen los comisarios que no se conserva ninguna referencia documental sobre la tabla, ignorándose las circunstancias relativas a su ejecución. El tema iconográfico muestra a la Virgen como ‘Regina Misericordiae’, protegiendo bajo su manto a las figuras representadas a ambos lados. A la izquierda, arrodillados y asimismo con las manos juntas, los Reyes Católicos y tres de sus hijos -el príncipe heredero Juan y las infantas Isabel y Juana-, están acompañados por el cardenal Pedro González de Mendoza, canciller mayor de Castilla y una de las figuras más importantes del reino, hasta el punto de que se le conocía como el ‘tercer rey de España’. A la derecha, seis monjas vestidas con el hábito cisterciense, en actitud de oración, en pie, están precedidas por la abadesa con su báculo, que viene siendo identificada con la hermana del dicho cardenal, Leonor de Mendoza, abadesa entre 1486 y 1499.
«María aparece de pie, en posición frontal y con el rostro girado hacia la izquierda, donde se encuentra la familia real y el cardenal Mendoza, representados en una escala menor, aunque mayor que la de las monjas. Lleva nimbo y corona rematada con florones que la identifica como reina de los cielos y descendiente de la casa de David. La expresión de su rostro y el traje de brocado rojo y oro que viste evocan el dolor de la pasión sufrida por la Virgen desde la encarnación. Tiene sus brazos extendidos para abrir su manto protector. Rompiendo la simetría que suele ser habitual en este tipo de imágenes, el demonio de la derecha -sobre las siete monjas cistercienses- va vestido con calzas y sostiene sobre su espalda tres enormes libros atados con una cuerda». Las características que muestra el estilo de la tabla permiten atribuirla a Diego de la Cruz, el pintor hispano flamenco burgalés más destacado del último cuarto del siglo XV.

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