Patín
13/02/2012 3:50:18
Óscar es un ejemplo cercano, hay más también repartidos por muchas calles de la ciudad, donde gente aún joven sin oportunidades de trabajo -¿quién las tiene?- pasan frío apostados en las aceras, sintiendo además la gran humillación de pedir limosna. Una situación que, muy posiblemente, nunca hubieran pensado que les iba a ocurrir en sus vidas. Son hombres y mujeres sin empleo ni otros recursos para poder sostener a sus familias, muchos de ellos con hijos de corta edad y puede que algunos sufran, encima, la amenaza de ser expulsados de sus hogares. Las hipotecas imposibles de pagar, el poco dinero ni les llega a otros para el alquiler de la vivienda. Tampoco, desgraciadamente, ni para poder comer lo suficiente. Hay quienes han malvendido sus humildes propiedades, enseres domésticos de todo tipo, para ir tirando. Desahucios, hambre, calamidades…miseria.
Curioso es que ahora se ve menos a los pedigüeños profesionales que, con cierto descaro, pedían limosna en sus lugares habituales. Inmigrantes que dejaban a sus mujeres en las entradas de los templos, entidades bancarias y otros lugares estratégicos; las abuelas preferentemente y alguna madre joven con niños muy pequeños. Qué diferencia se aprecia al observar a unos y a otros. Sobre todo en las miradas: atrevidas y resueltas, casi desafiantes en los profesionales gorrones y, en cambio, aturde ver la desoladora tristeza que brilla en los ojos de quienes una desgracia aterradora ha sacudido sus vidas de repente. Todos son nuestro prójimo, por supuesto, pero esta gente es allegada, vecina y auténticamente víctima de una situación que bien puede calificarse ya de caótica. Y va a más, ténganlo en cuenta.
Patán, mi casi tocayo de alias, que opina justo antes que yo, en sexto lugar, creo que se pierde en sus opiniones que más bien son quejas tardías y poco acertadas. Los culpables, en cierta medida para cada cual, lo somos casi todos. Está claro que la avaricia de muchos, pues no son pocos, ha contribuido en mayor medida a desencadenar esta angustiosa situación económica, que deriva peligrosamente en lo social y atenta a los principios más básicos de una sociedad democrática moderna por la destrucción muy importante del bienestar social. La codicia de unos causa la ruina de otros. Es una triste historia repetida, pero esta vez con resultados catastróficos para los más débiles. Como siempre. Sin duda que podemos señalar como muy culpables a buena parte de los políticos, que no han sabido ni podido, acaso incluso consentido, que otros codiciosos más ricos que nadie hayan desequibrado la balanza de los bienes de todos. Puede ser que, incluso, hayan ganado más dinero y bienes, pero los pobres lo han perdido todo. Debo decir, por otra parte, que la “Realeza”, como dice Patán, a pesar de ejemplos indignos de algunos de sus miembros, poca ha contribuido a esta masacre económica, aunque sí por el ejemplo dado, más en tiempos como éstos, ilustra como el que más la indecencia e inmoralidad de los ricos codiciosos.
También digo, pues me gustaría que así fuera, que Patán nos aclarara un poco su galimatías respecto a quién o quiénes son los primeros culpables, y qué votantes son los equivocados, según él. Poco se arregla con discusiones, ya lo sé. Pero aclarar los términos también, a veces, es importante.
Mientras tanto, vamos a olvidarnos de los sinvergüenzas por un rato, permítanme que haga un llamamiento en favor de todas esas buenas personas damnificadas que sufren su desgracia como nadie a la intemperie, dolidas, desesperanzadas y casi totalmente desamparadas. Seamos solidarios, por favor. Démosles algo material que pueda ayudarles a sobrellevar su dura situación. Aquello que nos sobre o no nos haga mucha falta. Ropa, comida, enseres, etc. Algo que sea dignamente servible. Y, por supuesto, también nuestro aprecio y sincero afecto que, como ayuda moral, no les vendrá mal tampoco.
Saludos.