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las chisteras de Villasandinoson eternas

R.P.B. / Burgos - lunes, 30 de enero de 2012
Hermanos. Los miembros de la cofradía de la chistera se llaman hermanos y se tratan de usted. - Foto: Enrique del Rivero
La Cofradía de San Sebastián, una de las más antiguas y desde luego singulares de la región, ha recobrado vida gracias a la modificación de algunas de sus estrictas normas estatutarias


En los años 30, el periodista y escritor burgalés Eduardo de Ontañón, reportero de postín en la revista gráfica nacional Estampa, dedicó uno de sus reportajes a una singular cofradía castellana, la de San Sebastián, en la localidad de Villasandino. Ya entonces, Ontañón reflejaba que se trataba de una de las más antiguas de España, y que era de lo más singular por cuanto sus miembros se tocaban todos con una chistera, se cubrían con una capa, lucían corbata, se trataban de usted y eran comandados por un capitán. La pasada semana, ochenta años después, la cofradía de las chisteras volvió a recorrer las calles de Villasandino. En su día, el fotógrafo Próspero Gallardo acudió a la villa cámara al hombro para retratar a este grupo e ilustrar el artículo de Ontañón. Este año, otro fotógrafo, Enrique del Rivero, ha hecho lo propio. Y este plumilla se ha detenido en unas y otras imágenes y ha decidido exhibirlas para manifestar lo que parece elocuente al compararlas: que el tiempo parece no haber pasado. Que hay tradiciones que están tan enraizadas en el seno de una comunidad que se resisten a desaparecer. Eso es también es cultura.
 Los hombres de la chistera se han regido durante siglos por los mandamientos atávicos de su fundación, que data del siglo XVIII. Eran normas estrictas y férreas que nadie había osado romper en estos siglos. Pero tanto, que llegó a correrse el riesgo de que la Cofradía de San Sebastián desapareciera para siempre. Y eso no podía ser. Por ello, algunas de las reglas se hicieron más flexibles, lo que ha permitido que en los últimos años los hombres de la chistera hayan resurgido con más fuerza que nunca. Las chisteras de Villasandino son eternas. Aunque se sabe que la cofradía es anterior, los estatutos por los que se ha regido durante tanto tiempo fueron redactados en 1829. La cofradía se compone de un tope de 24 miembros o hermanos, ninguno más; tenían que ser menores de 40 años para ingresar y no podían formar parte de ella ni solteros ni viudos.
Esto ha cambiado, como explica Braulio Grijalvo, cofrade y principal artífice del renacimiento de la cofradía. «Hemos tenido que modificar alguna de las normas, respetando el espíritu general de la cofradía, para evitar que desapareciera. Eran reglas que se habían quedado demasiado obsoletas para esta época. Ahora admitimos a solteros, viudos y hombres de cualquier edad», señala.
Hace sólo diez años, la hermandad de las chisteras contaba con tan sólo 7 miembros, todos de edad muy avanzada. En la actualidad, son 23, es decir, casi el cupo total que permite el reglamento. En este sentido, Grijalvo no descarta que el tope de 24 pueda superarse si llegan más peticiones para ingresar en la cofradía. «Lo que queremos es que la gente se anime, porque esta tradición tan original no se puede perder de ninguna manera». Además del número actual de cofrades, una de las muestras de la revitalización de la hermandad es que frente al miembro más mayor, que tiene 86 años, el más joven apenas supera la treintena. Eso sí, respetan esos días una de las normas básicas: se llaman hermanos y se tratan todos de usted.
El pasado día de SanSebastián, las calles de Villasandino volvieron a llenarse de chisteras al ritmo del tamborilero y guiados por el capitán, siempre a lomos de un caballo. Después de que cuatro de los hermanos llevaran la talla de San Sebastián a la iglesia del Carmen, en Barriosuso, toda la cofradía se dirigió allí y sacaron al santo en procesión y después oyeron misa y comieron, como manda la tradición, cocido castellano.

San sebastián. La figura de San Sebastián, santo y soldado, es representada por el capitán, que es el que ondea la bandera montado a caballo. La cofradía tiene mayoral, mayordomo y abad, que suele ser siempre el párroco. Durante siglos, funcionó como una verdadera hermandad, existiendo reglas de solidaridad y ayuda cuando alguno de sus miembros caía enfermo y fallecía. El desfile se lleva a cabo en dos filas y durante los actos religiosos portan una vela encendida de la que pende la saeta, una pequeña flecha, como homenaje a San Sebastián, que murió asaeteado.

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