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«No somos profesionales, pero estamos formados»

Á.M. / Castrojeriz - domingo, 20 de marzo de 2016
Carlos, a la derecha, es voluntario desde los 18 años y el más joven del equipo (24). - Foto: Miguel Ãngel Valdivielso
Entramos en el parque de voluntarios de Castrojeriz, donde hace dos años hubo una fuerte polémica similar a la que hubo en Roa a comienzos de mes. Así piensan los "señalados"

Lo sucedido con los voluntarios de Roa no es algo inédito. Hace dos años ocurrió algo parecido en el parque de Castrojeriz, al que atienden cinco voluntarios de la localidad. Ellos, como todos, reciben una gratificación por su esfuerzo que en 2015 se tradujo en 5.422 euros. Es un dinero que se calcula a partir de las salidas que realizaron (fueron 21) y que ellos reparten después conforme a los servicios prestados por cada uno y si estos se han dado en festivos, fines de semana o noches. «Lo que pasó fue que nos estaban aplicando deducciones fiscales a lo poco que recibimos, así que yo me planté y renuncié. Después llamaron a Félix y él también renunció. Así que como los dos que tenemos el carné para conducir (y que son quienes atienden al teléfono de guardia) dijimos que no continuábamos, la alcaldesa se hizo cargo ante la Diputación de responder ante las emergencias. Fue entonces cuando se quemaron varias casas en Melgar y, aunque la estuvieron llamando, no cogió el teléfono. Por eso tuvieron que ir los voluntarios de Villadiego y de Santa María del Campo, que son nuestros dos parques más cercanos. No es que nos negáramos a ir, como se ha dicho, es que quien se responsabilizó de atender las urgencias no contestó», asegura José Luis, que cuenta con 35 años de experiencia en este servicio. Por el respeto le que muestran sus compañeros, es evidente que ejerce la ‘jefatura’ del grupo. 
Están perfectamente informados de la polémica que rodea al servicio provincial de extinción de incendios y manejan los argumentos de todas las partes implicadas. Su opinión es que «el sistema actual sí funciona porque esto es una provincia muy grande y aún así estamos unas distancias que nos permiten un tiempo máximo de respuesta de 28 minutos».
Asumen que ellos no son profesionales, ni tampoco lo pretende, pero defienden su labor y, sobre todo, los motivos que los mueven. «No somos autoridades, pero para eso viene con nosotros la Guardia Civil a las emergencias. Y sabemos que no estamos tan preparados como los profesionales (dos trabajan en el Ayuntamiento de Castrojeriz y otros tres por cuenta propia o ajena), sobre todo en lo físico, pero estamos bien equipados y no nos falta formación», continúan.
Preguntados por en qué consiste esa formación, Carlos, el más joven del equipo, explica que realizan «los cursos de la Diputación de extinción de incendios, tanto básicos como avanzados, los de apicultura, los de riesgo eléctrico o los de excarcelación», aunque en el último caso, puntualizan, no tienen equipos para atender accidentes graves. Otros parques (Lerma o Salas, por ejemplo) sí los tienen y los usan, pero en Castrojeriz deben dar aviso a los Bomberos de Burgos para que acudan al lugar del siniestro.
José cree que convendría solucionar las discrepancias entre la Diputación y los profesionales «porque esto no es algo para no entenderse». Sí, es un asunto serio y ellos lo saben porque lo han visto. «Cuando estás con gente que acaba de ver cómo se quema su casa tienes que saber hacer hasta de psicólogo. Y en la carretera se ven cosas muy duras también».
Sin embargo, no piensan que la solución pase por incorporar un bombero profesional a cada parque, algo que resumen con cierta mala leche al decir que «se iba a aburrir porque aquí no hay gimnasio». Después se explican mejor. «No puedes tener un solo profesional porque no va a trabajar 24 horas al día los 365 días, tienes que tener varios, y eso imposible en los 19 parques».
Durante sus años de ‘servicio’ han sufrido accidentes, han operado de forma totalmente altruista (durante muchos años no recibieron un céntimo por su labor) y se las han visto para trabajar sin el material necesario. Ahora, cuentan, «las cosas están mucho mejor». 
Aunque no consiguieron eludir las deducciones fiscales de su gratificación, todos optaron por continuar su labor. José explica por qué. «Se trata de hacer un bien a la comunidad y aquí lo das todo. No hay nada más grande que el corazón de un voluntario, sea bombero o cualquier otra cosa, y esa es la puta verdad».

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