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Una veintena de piezas de la villa romana de Buniel se expondrán en el Museo de Burgos

I.P. / Burgos - martes, 22 de octubre de 2013
Una pieza se ‘descompone’ en decenas. Se numeran para la reconstrucción. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso
Pertenecen a una vajilla de cocina de bronce datada en el siglo IV que se conservó debido al hundimiento de la estancia donde se guardaba, como consecuencia de un incendio en la vivienda

 
Una veintena de piezas halladas  en la villa romana que afloró en Buniel durante el verano de 2012, al realizar las obras del trazado del AVE a su pasado por la localidad, pasará a formar parte de la exposición permanente del Museo de Burgos a partir de diciembre, tras el trabajo de reconstrucción que está realizando Adelaida Rodríguez, restauradora del Museo.
La vitrina que acogerá este nuevo ‘tesoro’ desenterrado de las entrañas de una tierra dedicada tradicionalmente al cereal en el camino conocido como el Molino de Arriba, se instalar junto a los hallazgos de Baños de Valdearados para mantener la cronología histórica. Y es que estas piezas, pertenecientes a una vajilla doméstica, entre las que destacan varios calderines, cazuelas, ensaladeras y un colador, están datadas en el siglo IV después de Cristo, hacia el año 340 ó 350 más concretamente, según explica Adelaida Rodríguez, que lleva un año trabajando en recuperar estos utensilios de cocina, y que aún tiene trabajo por delante con el resto de material localizado en Buniel.
Como sucede cada vez que hay un descubrimiento arqueológico de esta magnitud, y tras la valoraciones iniciales, se procede a recuperar el material y una vez trasladado al Museo comienza su largo  proceso de restauración, del que queda constancia en un pertinente informe de cada pieza. Lo que se conserve en el Museo de Burgos es lo que se verá de la villa romana de Buniel, ya que ésta vuelve a reposar bajo toneladas de tierra como lo ha estado durante 17 siglos. «Es la mejor forma de preservar ese legado», apunta Marta Negro, directora del Museo. 
La información que proporciona el lote de vajilla, reconstruida  hasta donde ha sido posible, es en sí misma de una gran importancia para conocer qué tipo de asentamiento era éste de Buniel, una villa con dependencias principales, las de los dueños, y otras más modesta para el servicio y los aparceros; en todo caso, no estamos ante una familia romana de alta alcurnia, sino una familia terrateniente adinerada, pero sin acumular riqueza ni poder. «En definitiva, estamos hablando de una especie de minifundio», puntualiza la restauradora.
En este caso, las piezas dicen muchos más, son un libro abierto,  y sobre todo, destacan Adelaida Rodríguez y Marta Negro, se han podido recuperar porque la vivienda sufrió un incendio; la estancia donde se guardaba la vajilla se hundió quedando tapada por otras; por esta circunstancia se salvaron cuencos, cazuelas y el resto de utensilios. Rodríguez puntualiza que de haberse abandonado paulatinamente la villa, las piezas con toda probabilidad, no hubieran aparecido sino que se habrían fundido para fabricar nuevos útiles, práctica que era habitual. Las piezas presentan un color verdusco, el propio del bronce al oxigenarse, mientras que el hierro da un color amarronado o negro, el que se puede ver en una jarra (probablemente para guardar aceite) también procedente de Buniel, como un par de platos de cerámica. Esto significa que  el ‘cortijo’ podía tener dos estancias diferenciadas para guardar el ajuar doméstico. 
El lote de vajilla no es el único material procedente de Buniel. La restauradora sigue recomponiendo piezas y ya cuenta con un buen catálogo de ellas, entre las que destacan trébedes, llaves, colgadores, tiradores o cencerros.
El trabajo de limpieza es meticuloso y lento porque las piezas fueron sometidas al fuego y recibieron incrustaciones de otras similares u otro material que cuesta despegar y que en algún caso se ha dejado para que quede constancia de cómo llegan y como quedan tras el proceso restaurador. Proceso en el que una pieza puede ‘descomponerse’ en decenas, algunas minúsculas, que se numeran. Tras la limpieza y el tratamiento con los líquidos pertinentes, hay que construir el puzzle que es, al mismo tiempo, reconstruir la vida de nuestros antepasados.

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