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Retazos de un archivo

La Cofradía de Las Candelas

Máximo López Vilaboa - domingo, 1 de febrero de 2015
La Virgen de las Candelas en la Plaza Mayor hacia 1960. - Foto: Archivo Máximo López
Conocida también como cofradía de la Virgen de la Misericordia se encarga de organizar la tradicional Bajada del Ángel del Domingo de Resurrección. Mañana celebra su fiesta anual

Mañana, 2 de febrero, se celebra el día de la Virgen de las Candelas, una de las fiestas más antiguas y con mayor raigambre popular en Aranda de Duero. La cofradía que organiza esta fiesta es la de la Virgen de la Misericordia, que también se encarga de la tradicional Bajada del Ángel del Domingo de Resurrección. La cofradía ya existía en el siglo XV y su finalidad principal consistía en asistir espiritualmente a los ajusticiados en su último trance y admitirles como hermanos para que fueran dignos de sepultura en suelo sagrado. En tiempos de peste también asumieron la labor de dar tierra a muchos difuntos.  En las ordenanzas de 1532 se obliga a los cofrades a que si algún pobre desamparado moría fuera del hospital se tocase la campana por él y se le diera mortaja y sepultura a costa de la cofradía, idéntica obligación existía a favor de los condenados a muerte. Bajo la advocación de la Virgen de la Misericordia se hace referencia a una de las obras de misericordia corporales que es la de enterrar a los muertos.
La cofradía contó desde 1523 con capilla propia fundada por Sebastián de Aza en la parroquia de Santa María situada en la parte opuesta a la fachada principal, en la cuarta nave, que se conoce precisamente como la de las capillas. Para financiar los gastos de la cofradía se acude a una figura jurídica que, aunque sigue regulada en el Código Civil, ha caído en desuso. Se trata del censo reservativo que consiste en trasferir el dominio pleno de una finca reservándose el derecho de percibir una pensión anual en frutos o en dinero de la persona que la recibe. El censo reservativo podía ser perpetuo o redimible. En realidad no era otra cosa que una forma de venta bajo condición y pendiente del pago de la suma en que se había valorado la propiedad vendida. Fue de esta manera como muchas propiedades urbanas y rurales pasaron a manos eclesiásticas, ya que la Iglesia y sus instituciones recurrieron con frecuencia a los censos redimibles como formas de inversión de capital. Los censos seguían las recomendaciones del Derecho Canónico y, dados los bajos intereses, no se consideraba que fueran usura, práctica de la que se acusaba a los judíos.
En un documento de 1748 consta que se constituía un censo para la capellanía de la Virgen de las Misericordia sobre un «huerto de hortaliza en el lugar en donde llaman Carrequemada». Dicho censo se había constituido el 24 de agosto de 1714. En otro documento de 1750 se dice que la cofradía apoderó a Antonio Reinoso y a Francisco Pérez Montes para que se les hiciera entrega de 500 reales de vellón, de los que se entregaron al contado 200 y sobre los otros 300 «se impuso y fundó censo reservativo en la atención de la escritura en la que cargaron y reservaron sobre documento cierto a favor de la dicha capellanía de Nuestra Señora de la Misericordia, fundada por don Sebastián de Aza, y de don Antonio Reinoso, capellán que a la sazón se hallaba de dicha capellanía».
Quienes en ese momento hacían uso del huerto eran el matrimonio formado por José Benito y María Ortega, que lo irán transmitiendo a sus descendientes. Se dice que este huerto linda con la "Calleja de Pedrote", calle que conserva dicha denominación en la actualidad. Posteriormente el capellán de la cofradía será don Pedro Regalado Paul pero hubo un problema porque, cuando ya llevaba casi una década ejerciendo dicha función, los que hacían uso del huerto todavía no le habían abonado ni una sola anualidad. Quedarán obligados por escritura pública de reconocimiento de censo de 15 de septiembre de 1756.
 Según documentos posteriores se puede ver que el censo se renovó el 24 de agosto de 1814, siendo entonces capellán don Pablo de Fuentenebro. El 14 de junio de 1820 se vuelve a renovar el censo y sigue siendo capellán el mismo sacerdote. En 1830 vuelve a haber problemas para cobrar y el capellán demanda a Fermín Andrés Ortega, que como está sirviendo al Ejército, debe comparecer en su ausencia su madre viuda, Águeda Ortega. El capellán, Pablo de Fuentenebro, solicita que para el cumplimiento de la deuda contraída también se tengan en cuenta otros bienes que tienen esta familia como una huerta en el barrio de Allendeduero y otra con dos pozos en una calle que denominan de San Miguel.
La huerta del Allendeduero tenía una casa pero, según pone en la escritura, «está reducida a solar y foso por lo que hicieron los franceses». Y es que el 10 de junio de 1813, cuando las tropas napoleónicas abandonan la villa de Aranda, se destruye totalmente el arrabal del Allendeduero por un gran incendio.
Esta familia también tiene, según la escritura, un majuelo de 10 aranzadas en el paraje de Chelva, en la zona más al Sur de lo que ahora es el barrio de la Estación. En Castilla la aranzada equivalía a 4,472 metros cuadrados. Finalmente las Justicias y jueces de Su Majestad darán la razón al capellán, que tendrá derecho a percibir las rentas pendientes. En la escritura de 1840 se hace constar que deben de pagar a la capellanía cada año a razón del tres por ciento del valor de la huerta y que ahora el capellán es don Francisco Martín.
Como consecuencia de la Desamortización de 1855 las cofradías y obras pías fueron desposeídas de sus bienes, tal como había sucedido años antes con los de las órdenes religiosas. Es en este momento cuando la huerta, que se encontraba entre las actuales calles Carrequemada y Pedrote, pasa a manos privadas. A partir de ese momento muchas cofradías desaparecerán y otras subsistirán gracias a las aportaciones de sus miembros.

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