Diario de Burgos
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Fútbol / Segunda División B

Nervios

@jorgealopez18 - martes, 30 de agosto de 2016
El sábado ante el Caudal se escucharon los primeros pitos en las gradas burgalesistas. - Foto: Christian Castrillo
Comenzar la «temporada de la ilusión» con dos derrotas no es definitivo, pero sí preocupante


No ha sido el mejor verano en El Plantío, eso es cierto. Al Burgos Club de Fútbol, como se dice vulgarmente, le habrían crecido los enanos si este verano hubiera montado un circo. Y así estamos, tras las dos primeras jornadas de Liga y pese a que el inicio era, en principio, asequible, con cero puntos en el casillero y una parte de la afición ya desencantada e incluso pitando al equipo por vez primera tras caer ante el Caudal.



No han salido bien las cosas, como decía. El club, que había apostado por un proyecto continuista, vio como todo se le fue al traste a mediados de junio con la sorprendente decisión de Ángel Viadero de marcharse solo tres meses después de renovar su contrato. Con el añadido de que su sustituto, Paco Fernández, se encontró con una plantilla en la que ya había nueve jugadores con contrato, le gustasen o no.



Ese obligado cambio de rumbo, presumiblemente, también ha hecho que el número de abonados no aumente al ritmo esperado, por lo que la decisión de rebajar su precio para incrementar la masa social podría acabar siendo contraproducente. En esta parte, por cierto, no debe dejarse de lado una pequeña crítica a la ciudad, que si bien está en su derecho de pedir, no ha mostrado excesiva voluntad de ofrecer.



Dos meses después del adiós de Viadero se produjo una nueva 'marcha' imprevista, la del que podría haber sido jugador desequilibrante del proyecto, Pablo Infante. Es cierto que la grada no había acogido con alegría la llegada del excapitán del Mirandés, pero sin duda era un futbolista que podría haber dado puntos por su indudable calidad y pillería. El nuevo jugador franquicia, por trayectoria y calidad debe ser Álvaro Antón... si es que acaba firmando el contrato que tiene desde hace una semana.



Son todas estas circunstancias que no dejan de ser secundarias y que prácticamente quedaron en el olvido, pero que, sin duda, dejan un cierto poso que incrementa la sensación de desilusión en la afición. Una afición que el sábado no alcanzó a comprender qué le pasaba a su equipo. Un equipo que, en pretemporada, había dejado señas de ser un bloque que iba a crecer desde la solidez de su defensa y que ha hecho aguas ante dos rivales, en teoría, con aspiraciones muy diferentes. La sobriedad atrás de los duelos ante el Barakaldo, Numancia o Logroñés han dado paso a fallos individuales e incomprensibles que permitieron a Carlos Portero dar el derbi a la Arandina con un doblete o al conjunto asturiano del Caudal dar la vuelta por dos veces a situación tan adversas como un 2-0 de inicio o un 3-2 en el minuto 80 a domicilio.



¿Están justificados los pitos, los nervios por el futuro del equipo? Obviamente no a estas alturas. Nada es definitivo, y también la Ponferradina, por ejemplo, ha comenzado con 0 de 6, pero sí que es preocupante. Hay una buena compensación de futbolistas experimentados con jóvenes; de jugadores de calidad y trabajo. Hay mimbres para que la temporada sea positiva y, si en Mieres se da la cara, siempre estará ahí el sueño de hacer una buena Copa del Rey y enganchar por esa vía a la afición.



Pero para ello el equipo debe ser capaz de enderezar el rumbo y limitar los desajustes mostrados. Si no lo logra pronto, sin duda sufrirá y estará muy alejado de la zona alta, condenándose a ir a remolque. De la misma forma que un buen inicio no te asegura estar arriba, uno con dificultades no te condena a estar abajo, pero sí marca la percepción que la gente tiene del equipo, y en estos momentos, la afición se acerca más al 'uy, uy, uy' que de la esperanza.



Mañana, en el Hermanos Antuña de Mieres (18.00 horas) el Burgos tiene una primera oportunidad de convertir el errático inicio en una anécdota. De lo contrario, los nervios irán en aumento y pronto se convertirán en dudas y estas, en desconfianza. Los nervios nunca son buenos compañeros de viaje.



 


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