20 metros de nieve en el reino del invierno

H. Jiménez / Burgos
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En el valle de Lunada, la carretera de acceso a la base militar del Picón del Fraile lleva cortada 40 días y paredes de nieve flanquean las cabañas pasiegas.

Espectacular panorámica de la carretera de acceso a la base militar del Picón del Fraile, incomunicada desde hace semanas y que se adivina entre la niebla en la parte superior de la imagen. - Foto: Ejército del Aire

Hay espesores nunca vistos desde hace décadas y mínimas de 12 bajo cero. Hasta la estación de esquí ha tenido que cerrar varios días por la imposibilidad de

acceder a ella

El Escuadrón de Vigilancia Aérea número 12 tiene como lema «Donde nadie está, estamos nosotros». Desde luego, este invierno están haciendo honor a la leyenda que figura en su escudo, pues los efectivos de esta unidad del Ejército del Aire situada en lo más alto del Picón del Fraile (Espinosa de los Monteros) están soportando un durísimo invierno en el terreno burgalés donde más nieve se ha acumulado.

Mientras en el centro y sur de la provincia no se registran grandes espesores aunque haya habido varios días de precipitación, en el extremo norte, lindando con Cantabria, el panorama es espectacular. Sobre todo en torno al puerto de Lunada, cerrado desde hace días. Solo los pasiegos más mayores recuerdan nevadas semejantes que alcanzan proporciones tremendas en la base militar.

Una quitanieves de la estación de esquí, casi sepultada.Una quitanieves de la estación de esquí, casi sepultada. - Foto: Detulsa Situada a 1.600 metros sobre el nivel del mar y pensada para la detección y el procesamiento de datos de radar, fue creada para el EVA nº 12 en 1997. Desde hace 40 días sus habitantes están incomunicados por carretera. El 5 de febrero fue el último en el que se pudo acceder por vía terrestre. El anterior récord, que databa del año 2005, estaba en 28 jornadas de incomunicación. Ahí arriba nunca se había visto nada igual a lo de este invierno.

Los últimos cuatro relevos, tanto de personal como de abastecimiento, han tenido que hacerlos mediante helicópteros Puma del ejército y resulta impensable subir hasta el Picón con cualquier tipo de vehículo. Basta contemplar las fotografías aéreas del trazado de la carretera para convencerse.

El comandante Rodríguez, responsable de la unidad, explica vía telefónica que se estiman espesores de hasta 20 metros de nieve. Un edificio de 7 plantas desplomado sobre el asfalto como consecuencia de los desprendimientos de nieve, ladera abajo, sobre la estrecha vía de comunicación.

Los miembros del EVA que se encuentran en el punto más alto soportan las condiciones climáticas más extremas de la provincia. Su ubicación, al borde de un profundo cortado que desciende vertiginosamente hacia los valles cántabros con los que linda, le somete de forma casi permanente al azote de los vientos. Pero además la altitud se traduce en bajas temperaturas, que este año han llegado a los -12 ºC. Ese cóctel meteorológico provoca espectaculares ventiscas y grandes precipitaciones en forma de nieve.

Pese a las dificultades, los militares no abandonan nunca la base. El comandante Rodríguez explica que incluso en esas circunstancias «las tareas mantenimiento preventivo se realizan sin problemas ya que la instalación ha sido diseñada para operar en estas condiciones climatológicas extremas». «La misión de vigilancia del espacio aéreo está garantizada», concluye.

El Escuadrón, tal y como lo explican en la página web del Ejército de Aire, se reparte en dos asentamientos. El del Picón del Fraile y su edificio «bunquerizado» alberga el radar, todos los sistemas que dan servicio a éste, los sistemas de comunicaciones e instalaciones de apoyo para la vida y funcionamiento de la unidad. De su importancia para la defensa da idea el hecho de que su área esté difuminada en los mapas digitales para evitar dar más información de la necesaria sobre la instalación. Otro asentamiento secundario, localizado en el término municipal de Espinosa de los Monteros, cuenta con un hangar-garaje y un pequeño edificio que sirve de apoyo.

Odisea en la estación

Unos metros más abajo de la base, la estación de esquí de Lunada ha podido abrir muchos días y con espesores que no se habían visto durante años. En internet hay vídeos y fotos que atestiguan la espectacularidad de los paisajes. Luis Miguel Martínez, de la empresa Detulsa que gestiona la estación, explica que han llegado a medir «más de cinco metros en lugares en los que las ráfagas de viento habían acumulado la nieve, en agujeros, torcas y arroyos».

Tras las nevadas de esta última semana tuvieron que cerrar de nuevo la estación por la imposibilidad de llegar hasta los remontes de las cinco pistas. Lograron abrir el viernes por la noche, y siempre dejando dos máquinas en la zona baja de Las Machorras para poder utilizarlas en caso de necesidad. De lo contrario quedarían sepultada.

Son una estación de esquí, pero temporales tan intensos como los de este invierno acaban siendo perjudiciales para el negocio por mucho que resulten un regalo para la vista.

En cualquier caso, la nieve es bienvenida en aquellos parajes. Lo que en la capital se habría convertido en un problema logístico y de comunicación allí no dudan en calificarlo como «el oro blanco», dice Roberto Ortiz, alcalde de Las Machorras. «No solo para abastecer los manantiales, que con estas precipitaciones tendrán agua asegurada, sino porque los fines de semana nos invaden los de Bilbao, en el buen sentido de la palabra». Decenas de ‘domingueros’ se acercan hasta este rincón de la provincia que los vizcaínos tienen muy a mano para hacer sus pinitos con las tablas de esquí, deslizarse con el trineo o simplemente pasear. Los restaurantes de la zona lo notan en el número de comidas que están dando y con ellos lo agradece toda la economía de la zona. Año de nieves...