Diario de Burgos
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Fuerza y honor 23

Urgencias

@LouMatilla - jueves, 18 de febrero de 2016
"Hoy, desde casa, lo único que puedo hacer es recordar este día como una experiencia más, una dolorosa, pero que ya pasó"


A veces cuando parece que las cosas empiezan a calmarse y que ya han pasado los peores días, algo llega de repente y te dice ‘¡eh, no te relajes que esto no se ha acabado!’ y ya empiezas a pensar que va a ser verdad eso de que no se puede bajar la guardia, sólo intentar disfrutar en la medida de lo posible, de los días en los que te sientas bien. Algo que creo que deberíamos hacer todos; y no sólo yo.



Parece que has dejado atrás los efectos secundarios de la última quimioterapia; es más, te sientes muy animada porque ya falta poco para dar el siguiente paso; para ti puede que sea el más importante, porque es el que va a cambiarlo todo. Tu único pensamiento en estos momentos es recuperar, recuperar y recuperar y coger todas las fuerzas posibles para seguir caminando y superar esta aventura.



El día amaneció tranquilo o eso parecía. De repente, un dolor a la altura del riñón derecho te deja casi doblada y notas como se desplaza hacia la parte delantera y baja hasta la vejiga; y te preguntas a ti misma mitad enfadada, mitad preocupada ‘¿pero qué pasa ahora?’. Además, tienes molestias para ir al baño, no puedes; y el dolor cada vez es más fuerte. Caminas un poco pasillo arriba, pasillo abajo, pero nada. No se te pasa; y el dolor empieza a ser intenso. No queda más remedio: hay que ir a Urgencias.



Llamas a un taxi (en este estado sabes que no puedes conducir), vas cojeando hasta él y te subes. Cinco minutos después ya estás en la puerta y el taxista muy amable te desea que tengas un buen día; a lo que no puedes evitar responderle que ‘me parece que va a ser que no’ aunque le agradeces sus palabras.



Entro y doy los datos, enseguida me llaman para el triaje, me pongo de pie y ¡casi no puedo ni andar!. La persona que me atiende me dice que por los síntomas que tengo es posible que sea un cólico al riñón y que tendré que esperar un poco a ser atendida pero que si empiezo a no aguantar el dolor, que vuelva a decírselo. Regreso a la sala de espera y por el camino se me empiezan a caer las lágrimas; no me puedo creer que también me pase esto. Se me acerca una chica y me pregunta qué me pasa; ni siquiera puedo contestar, pero ella me desea suerte.



Me siento en la sala de espera, está abarrotada. El dolor empieza a ser más fuerte, empiezo a ponerme un poco nerviosa porque no puedo doblar la pierna, la tengo estirada y tengo todo el rato ganas de ir al baño pero nada, es imposible. Sólo hay dolor.



Al fin escucho mi nombre por la megafonía; me levanto y voy hasta el box muy dolorida ya. Nada más llegar, allí me esperan una doctora y varias enfermeras; me hacen preguntas, me dan una bata y un bote para hacer un análisis de orina. La doctora me examina y me dice que parece un cólico al riñón y que a veces suceden después de la quimioterapia, algo que yo desconocía totalmente. Me informan que me van a poner una vía para hacerme también un análisis de sangre y para suministrarme calmantes. Me toman la tensión y la temperatura y a la vista de que ya estoy segura de que voy a pasar allí unas cuantas horas, bromeo con la situación…no puedo evitarlo. A la enfermera que me pone la vía le cuento también que le estoy cogiendo respeto a las agujas con tantos pinchazos. Aguanto un poco y ¡otro más para la colección!



Estoy en la camilla, tumbada; me ponen nolotil y a la media hora me empieza a doler de manera inaguantable; no puedo sentarme, no puedo tumbarme, no sé cómo ponerme, me duele cada vez más y más, no puedo respirar y empiezo a ponerme muy nerviosa; no puedo controlarme, no aguanto el dolor y no puedo hacer otra cosa más que quejarme de dolor. Entonces entran dos enfermeras y una de ellas se va corriendo a buscar un calmante más fuerte; me explican lo que me van a poner y que es posible que me de náuseas y me baje la tensión con lo que añaden un primperán. Sigo muy nerviosa y con mucho dolor, me retuerzo, me siento, me levanto… en ese momento recuerdo los dolores del parto, es una sensación parecida. ¡No puedo aguantar más!



A los cinco minutos de haberme puesto el segundo analgésico siento como si todo mi sistema nervioso se calmara y se tranquilizara, tanto que hasta llego a quedarme dormida por un momento, ahí…en la camilla de Urgencias. Me entristece la situación pero no queda más remedio que aguantar.



Al poco rato vienen a buscarme para hacerme una placa. Me llevan en la camilla, yo estoy completamente desorientada y algo mareada. Me siento como si estuviese drogada, si abro los ojos me mareo, tengo náuseas. Entre tres personas me mueven de mi camilla a la de rayos, me hacen la placa y me vuelven a colocar para devolverme a Urgencias.



Me vuelvo a poner de medio lado para evitar más dolor. Al poco rato entra la doctora y me confirma que es un cólico al riñón y que van a hacerme una ecografía para ver por qué me duele tanto. En la misma posición y tapada con una manta paso alrededor de tres horas; pierdo completamente la noción del tiempo hasta que vienen a buscarme. Nos movemos de nuevo y al llegar a la sala del ecógrafo, una enfermera muy simpática me pregunta si trabajo en la radio; es entonces cuando abro los ojos y no puedo evitar sonreír. ‘Sí’ le respondo, mientras pienso que me parece increíble que con el tiempo que llevo de baja, haya alguien que se acuerde de mi nombre por mi querida radio. Hablamos un ratito sobre ello, hasta que entra en la sala el médico. Y después otro más. Allí ven que tengo una piedra en el uréter, ahí la protagonista y causante de mi dolor. Me vuelven a llevar al box, ya me encuentro un poco más despejada y menos dolorida y es cuando entra otra doctora y me cuenta la situación y lo que podemos hacer. Le pido que me pongan otra analgesia y me voy, un poco dolorida y muy cansada pero me voy.



Hoy, desde casa, lo único que puedo hacer es recordar este día como una experiencia más, una dolorosa, pero que ya pasó. Mi meta ahora, al igual que la de ese día, es recuperarme lo mejor posible y estar fuerte para abrir en nada la puerta del quirófano. Y siempre pensando en seguir adelante.



 



 



* Quiero agradecer enormemente la labor y el trabajo de todo el personal que me atendió en Urgencias: ventanilla, triaje, médicos, enfermeras, auxiliares, celadoras, a las personas que me mimaron en rayos y a las de la sección de ecografías. Por el trato, por el buen trabajo y sobre todo por la humanidad. A todos: gracias.



 


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