Diario de Burgos
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Entrevista

«Hay que estar atentos al demonio que tenemos dentro»

J.M. / Burgos - miércoles, 11 de noviembre de 2015
La campeona se trajo a Burgos la medalla olímpica del 92. - Foto: Jesús Javier Matías
Maribel Martínez Murguía • Campeona olímpica de hockey en Barcelona 92 y empresaria

Nació en Madrid el 16 de octubre de 1967. Formó parte del equipo de hockey hierba femenino que logró la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Siempre vinculada al deporte, es la socia fundadora de la empresa Entrenadores de Talento S.L., que se dedica a impartir charlas de coaching para empresarias y directivas. También ha preparado a los cuerpos técnicos de las categorías inferiores del Fútbol Club Barcelona.

Las canas que ahora pueblan su cabeza no impiden recordar el rostro de una de esas chicas doradas del hockey que en 1992 hicieron saltar del sofá a millones de españoles que vibraron con la primera medalla de oro olímpica de un equipo nacional. Más de 20 años después, ese logro sigue siendo el hilo conductor de las charlas que la ahora empresaria Maribel Martínez de Murguía imparte para motivar a directivos y ejecutivos. Ayer lo hizo en Burgos, en la residencia de Cortes, en una cita organizada por la Federación Española de Mujeres Directivas (Fedepe).
¿Por qué el taller está dirigido solo para mujeres?
En realidad podría ser para hombres, pero también hablo de cómo las mujeres podemos creer que somos más valiosas para la sociedad. Es un sector más vulnerable que el de los hombres porque todavía hay diferencias. El sistema educativo y la cultura tiene un peso en nosotras y hay mucha gente que todavía se siente pequeña. Lo que pretendo es impulsarlas para que se atrevan a hacer cosas. Este es un taller para que la profesional, la directiva, la empresaria... gane poder, fuerza, impulso. Nos inspiramos en el equipo olímpico ganador de Barcelona 92. En cómo esas mujeres normales y corrientes fuimos capaces de lograr algo extraordinario.
Cuando ustedes se prepararon para los juegos no existía eso del coaching...
Todo comenzó seis años antes de los juegos. Nuestro entrenador nos dibujó tres opciones en una pizarra en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid con unas columnas de costes y beneficios. Una era simplemente ir a participar, otra luchar por el quinto o sexto puesto y otra ir a por una medalla. Tuvimos que ser nosotras las que eligiéramos, las que tomáramos una decisión. A partir de ahí se empezó a construir el reto de Barcelona 92.
El reconocimiento en el deporte femenino no se parece en nada al masculino. ¿Ocurre lo mismo en la empresa?
Claramente. Es verdad que esas chicas somos recordadas todavía y admiradas porque fuimos el primer equipo campeón olímpico en la historia de nuestro país, pero ese reconocimiento falta. Quizá porque se nos junta que somos mujeres y jugábamos a un deporte minoritario. La carrera laboral de una mujer que finalmente llega al éxito es una maratón, requiere mucha perseverancia. Un poco lo que hicimos nosotras para conseguir ese logro tan sobresaliente.
¿Se sienten poco valoradas?
Llevo casi 25 años contando esta historia como un punch de inspiración. Lo hago porque creo que es valioso. Lo que haga el Estado con esta medalla de oro o con el hockey femenino ya no está en mi mano. Ojalá las cosas cambien, pero mi granito de arena va a ayudar a que algunas de las 700 mujeres a las que hemos visto ya en estos talleres hagan un click y puedan avanzar en sus negocios, en sus profesiones, como madres... Ojalá sea inspirador también para que otras mujeres hagan lo mismo en sus entornos.
¿Hasta qué punto es importante el entorno en el lugar de trabajo?
Es fundamental. Las personas que consiguen cosas extraordinarias en la vida es porque tienen entornos estimulantes, respetuosos y que cuidan a la gente. Cuando son distintos, más agresivos, desiguales, no favorecen ni al crecimiento ni a que el talento de las personas salga.
¿Y por qué se genera el mal ambiente?
Por miedo. A perder el estatus, el poder, el prestigio, el control....
Sacrificio, esfuerzo, compañerismo, trabajo en equipo... Es muy recurrente aquello de hay que trasladar los valores del deporte a la empresa.
No es oro todo lo que reluce. En el mundo de deporte se cometen muchas barbaridades, pero hay cosas que sí que ayudan. La experiencia que he tenido, no tanto en Atlanta 96 como en Barcelona 92, ha sido en la línea del compañerismo, de compartir, de compromiso, ilusión, liderazgo, equipo...
Si el juego limpio no existe en el deporte, en la empresa...
Tampoco, así de claro. El ser humano al fin y al cabo tiene sus fortalezas y sus debilidades. Y hay quien confunde cosas para llegar lejos. Hay que estar atento a ello y también a los demonios que tenemos dentro.
¿Se ve a una empresaria o una directiva o una ejecutiva como a un bicho raro?
Afortunadamente cada vez menos. Todavía tienen que cambiar cosas y seguramente tendrá que pasar alguna generación más para que se vea con total normalidad. Pero también hay que cambiar otras cosas. No solo los políticos, las mujeres también somos responsables de querer cambiar. A veces somos nosotras las que nos atrapamos y no damos el salto.
¿Cómo recuerda ahora 1992?
Lo recordamos con mucha nostalgia y cariño porque se crearon entre nosotras unos vínculos muy fuertes. Fue una experiencia muy poderosa que  pienso que a todas nos dejó una huella brutal. Hicimos historia. Fue muy disfrutada porque fueron seis años difíciles, de mucho esfuerzo y adversidad. También muy divertidos. Seguramente los más felices de mi vida.
Había en ese equipo una delantera con una jugadora abertzale y otra que era hija de una víctima de ETA...
Supieron gestionar esa diferencia y las dos entendieron que estaban unidas por el mismo sueño. A partir de ahí no hubo ningún problema, todo lo contrario. Hicieron un ejercicio de madurez. Eso es una lección de que a pesar de las diferencias se puede convivir con las cosas que nos unen.
Usted es una madrileña afincada en Barcelona. ¿Cómo está viviendo lo que está pasando en Cataluña?
Creo que los políticos van por un lado y la sociedad por otro. En los 17 años que llevo viviendo en Barcelona nunca he tenido ningún conflicto. No siento esa crispación. Nos va a obligar a hacer un ejercicio de madurez porque es verdad que hay un sector catalán que está levantando la mano hace mucho tiempo y por otro, porque también lo es que hay unas reglas del juego.
¿Se pondrán de acuerdo?
La única manera de poder progresar es desde el entendimiento. No hay otra solución. Lo que sí tengo es confianza en que el sentido común se imponga.

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