La procesionaria invade ya San Juan y alcanzará este año niveles alarmantes

Raúl Canales / Miranda
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Riesgo para la salud. Este tipo de oruga desprende pelillos urticantes que generan picazón y reacciones alérgicas, sobre todo en los niños. Para los perros el contacto puede resultar mortal

No han esperado ni siquiera a la primavera.  El clima ha sido tan favorable que el proceso se ha adelantado y las orugas procesionarias han comenzado a poblar ya montes y parques. En el paraje de  San Juan se pueden ver hileras caminando por las pistas y las copas de los pinos están repletas de grandes bolsones de seda, lo que ha encendido las alarmas ya que a partir de marzo y abril, los meses de mayor actividad de este insecto, se alcanzarán «niveles preocupantes» como reconocen los agentes medioambientales de la Junta de Castilla y León.

Y es que la oruga procesionaria se ha convertido en una plaga peligrosa, tanto para el entorno en el que habita como para la salud de las personas.  No es necesario tocarlas, sino que simplemente con caminar un día de viento por una zona en la que exista una presencia numerosa, se pueden sufrir reacciones alérgicas. La inhalación de los pelillos que desprenden, en los que oculta el veneno, produce  desde lesiones cutáneas hasta reacciones anafilácticas más graves, sobre todo en los niños.

La peculiar forma de moverse, en fila india y encadenadas unas a otras como imitando una procesión (de ahí su nombre) resulta muy llamativa para los más pequeños, que tienden a tocarlas, y que además juegan en la tierra   ‘contaminada’ por el paso del insecto. La consecuencia del contacto es picazón en la piel y sarpullidos que suelen extenderse a los ojos al tocar estos con la mano, y en el caso de personas sensibles las molestias pueden derivar en problemas respiratorios más serios.

Por este motivo, hay que extremar las precauciones y más a partir de estas fechas, en las que el monte suele ser un lugar de recreo habitual. «Lo mejor es alejarse de ellas, ni tocarlas ni molestarlas para que no liberen los pelos urticantes, y tampoco pisarlas para matarlas porque te llevas la sustancia tóxica en la suela de los zapatos y puedes extenderla si al llegar a casa no desinfectas bien la ropa y el calzado», explica Urbano Chamorro, jefe comarcal de los agentes medioambientales.

El riesgo es mucho mayor para los perros ya que en su caso la exposición al veneno de las orugas puede ser mortal porque al olfatear o lamer la procesión se tragan el veneno, lo que les origina necrosis en garganta y lengua.

Métodos de control

 

Las orugas procesionarias se han convertido en una plaga difícil de controlar.  Durante el invierno las larvas permanecen en los nidos ubicados en las copas de los pinos y cuando finaliza la estación fría descienden de los árboles para buscar un lugar en el que enterrarse y completar la metamórfosis. El incremento global de las temperaturas ha motivado que proliferen hasta límites peligrosos.

Ni siquiera un descenso brusco de las temperaturas en los próximos días les afectaría porque para eso «tendría que hacer durante más de una semana seguida temperaturas por debajo de cero grados», asegura Chamorro.

Su voracidad provoca la desfoliación de los pinos, su alimento preferido, por la perdida de acículas de la copa, lo que repercute en la formación del árbol y su producción de madera. «Algunos pinares quedan tan secos que parece que han sufrido un incendio, y aunque luego se regeneran, no lo hacen con la misma fuerza», asegura el jefe comarcal de los agentes medioambientales.

Para combatir la plaga hay diferentes métodos, pero si el clima no ayuda resulta complicado. El uso de productos químicos contribuye a paliar los efectos pero no la erradica. Tampoco la poda y quema de nidos. En el entorno de San Juan se han colocado trampas con feromonas para atraer a los machos y con ellas «hemos logrado eliminar entre 1.000 y 2.000, lo que evita que muchas hembras sean fecundadas», explica Chamorro.

La medida, aunque eficaz, no es suficiente ya que este año la cantidad es mayor de la esperada.  El próximo paso será la colocación de un centenar de nidos de aves insectívoras como herrerillos o trepadores, que contribuyen a mermar las colonias.

Aún así la plaga alcanzará niveles superiores a los de otras primaveras por lo que se pide a la población que evite algunas zonas del monte en las que exista una población numerosa de pinos y que tenga especial cuidado con los niños y las mascotas para evitar el contacto.