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17 de julio de 2018

El subsuelo de Clunia busca su réplica en 3D

I.M.L. - miércoles, 11 de julio de 2018
El espacio donde se creará el centro de recepción de visitantes ya está completamente excavado. - Foto: DB
El escaneado interior de cueva Román facilita poder crear su modelo en 3D. La campaña de verano en el yacimiento se centra en los trabajos en el subsuelo, además de avanzar en la investigación de la cerámica propia de la colonia y elementos metálicos

La campaña de trabajo este verano en el yacimiento de la Colonia Clunia Sulpicia se están centrando en dos escenarios muy distintos. Lejos de las labores de movimiento de tierra y excavación en busca de nuevos vestigios, el equipo de investigación está trabajando en ampliar la información sobre cueva Román, la reserva de agua para abastecer la ciudad romana, y por otro sobre objetos ya encontrados, como el teatro, los restos de cerámica propia de la zona o algo tan particular como los clavos, que aportan más información de la que se podría pensar sobre las construcciones del siglo I d.C. en esta zona ribereña.
Las labores más espectaculares se han realizado bajo tierra, hasta donde ha descendido un grupo del Instituto Universitario de Investigación en Ingeniería de la Universidad de Zaragoza, que han tomando datos precisos para reflejar cada rincón de la cueva Román. El fin último que se podría dar a estos trabajos es la creación de un modelo tridimensional de esta reserva acuífera romana. «La idea es realizar un modelo 3D para que todo el mundo pueda hacerse una idea de cómo es la cueva, a modo de un audiovisual, porque es una cueva difícil a la que no se puede bajar, y, de paso, poder seguir estudiándola», apunta Gerardo Martínez, arqueólogo del equipo de investigación de Clunia.
Aunque este verano no se estén concentrando los esfuerzos en la superficie del yacimiento, desde febrero ha habido un equipo de arqueólogos completando la excavación en el entorno donde se prevé construir el centro de recepción de visitantes, para asegurarse de que no hay restos antes de completar el proyecto de construcción y empezar las obras.
En estos trabajos se han llegado a mover tierra en un área de más de 3.000 metros cuadrados de superficie, con lo que se ha constatado que tan solo queda en esa zona los restos de cimentación de un monumento funerario y parte de una calzada. «No hay más restos de relevancia, solo queda el nivel de rodadura de la vía, aunque está muy estropeado por la erosión, y el cimiento del monumento funerario, que sí que se podría reconstruir en parte para que la gente se haga una idea de lo que era el volumen de ese edificio de planta cuadrangular», explica Martínez.
La existencia de estos vestigios no tendría porqué obstaculizar la construcción del centro de recepción de visitantes que ha proyectado la Diputación de Burgos, ya que la elección exacta de su emplazamiento está aún por definir. «Con un pequeño desplazamiento o giro se podrían salvar esos restos y, de hecho, podrían dar un valor añadido al centro de visitantes, integrándolos de alguna forma», comenta el arqueólogo, a la espera de lo que decidan los técnicos responsables.
El equipo de trabajo de este verano se completa con tres investigadoras, que están centrando sus tesis doctorales en detalles de los restos que se han encontrado en este enclave desde que comenzasen las excavaciones en 1958. Ellas desarrollan su investigación en las dependencias del almacén, donde tienen el material para poder llevar a cabo su tesis.
Más allá de todo lo encontrado en el teatro de Clunia, que «tenemos para seguir investigando 20 años» como puntualiza Martínez, otra línea de investigación se centra en las epigrafías, es decir, en las inscripciones en piedra que se han conservado en frisos y sillares, muchas de ellas relacionadas con temas funerarios.
Otra de las expertas está analizando las cerámicas de Clunia, que el equipo de investigación llama de los Pedregales, que es como se bautizó el alfar del que provienen y que estaba al pie de la colina de la ciudad, caracterizadas por estar hechas de pasta blanca y decoradas con liebres y aves como motivos principales. Además, la tercera estudiosa se ha decantado por los clavos encontrados, algunos de hasta medio metro de longitud, que aportan muchos detalles sobre los tipos de construcciones que había en la colonia.

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