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Retazos de un archivo

San Sebastián y la peste

Máximo López Vilaboa / Aranda - domingo, 20 de enero de 2013
Imagen de San Sebastián en el retablo de Sinovas (actualmente en el Museo Larreta de Buenos Aires). - Foto: Máximo López Vilaboa / Aranda
La figura del santo asaeteado goza de gran arraigo y devoción en Aranda por su vinculación con la enfermedad

Hoy, 20 de enero, se celebra la fiesta de San Sebastián, devoción de gran arraigo y antigüedad en la Ribera del Duero. La extraordinaria difusión del culto a San Sebastián está relacionada con el temor a la peste y otras epidemias. No obstante no es el único santo invocado contra la peste ya que en Castilla también había gran devoción por este motivo hacia San Roque y San Cristóbal. El desconocimiento de muchos aspectos científicos de estas enfermedades hacía que las epidemias fuesen vistas como fenómenos caprichosos, fulminantes y mortíferos. La naturaleza de la peste era como el disparo de una flecha, por eso la sociedad buscó la intercesión de un santo que hubiese sido martirizado con flechas. Éste es uno de los motivos por los que San Sebastián es el santo más invocado para que protegiera a los pueblos de este tipo de epidemias, especialmente de la peste, también el que hubiera librado de una peste a la ciudad de Roma en el año 680.  Las representaciones artísticas de San Sebastián no conocen fronteras, lo que es prueba de la enorme popularidad y difusión que ha conocido este popular santo en toda Europa. Las grandes epidemias que asolaron el continente durante el siglo XIV provocaron una difusión de la devoción a San Sebastián hasta entonces inédita. En Castilla no había pueblo que no tuviera una ermita, cofradía o, al menos, un altar en la parroquia dedicados a San Sebastián. Había múltiples supersticiones que tenían al santo como principal protagonista. La devoción a San Sebastián también es una de las más extendidas en la Ribera del Duero. Buena prueba de ello es la presencia actual de representaciones artísticas en las parroquias ribereñas de La Aguilera, Anguix, Berlangas de Roa, Boada de Roa, Brazacorta, Caleruega, Campillo de Aranda, Coruña del Conde, la Cueva de Roa, Fuentelcésped, Fuentemolinos, Gumiel de Mercado, Haza, Hontangas, Hontoria de Valdearados, Moradillo de Roa, Roa de Duero, San Martín de Rubiales, Santa Cruz de la Salceda, Sotillo de la Ribera, Terradillos de Esgueva, Torregalindo, Tórtoles de Esgueva, Valdeande, Villaescusa de Roa y Zazuar. Es probable que en otras parroquias también existieran imágenes de San Sebastián. En Vadocondes existió una ermita, actualmente desaparecida, que pudo estar en la actual calle San Sebastián. A principios del siglo XIX fue utilizada como cementerio por la gran mortandad que hubo por una epidemia. También fue utilizado durante toda esta centuria como hospital durante los azotes del cólera.
En Aranda de Duero podemos destacar la presencia de San Sebastián en un lugar muy destacado de la fachada de Santa María. Esto hay que ponerlo en el contexto histórico de la construcción de la fachada isabelina, en la transición entre los siglos XV y XVI, un período que fue precedido por grandes epidemias de peste. De este mismo período, concretamente de 1503, también podemos hacer mención de la representación de San Sebastián en el retablo de Santa Ana de Sinovas (actualmente conservado en el Museo Larreta de Buenos Aires). En el segundo casetón de la predela de este singular retablo nos encontramos con la representación de su martirio. San Sebastián vivió en el siglo III y era militar. El emperador Diocleciano, ignorando su condición de cristiano, le nombró capitán de la primera compañía de su guardia pretoriana. Uno de sus compañeros delató a Sebastián a un oficial pero no se atrevió a arrestarle dado su alto rango. Sin embargo lo puso en conocimiento del emperador Diocleciano. Éste mandó llamar a Sebastián y le recriminó su ingratitud por introducir en su misma corte una religión tan perniciosa para el Imperio. Sebastián le contestó que no se podía hacer mejor servicio al emperador que convertir a sus súbditos a la religión de Jesucristo. Irritado ante esa respuesta mandó que fuese amarrado a un tronco y asaeteado por los arqueros númidas. Los arqueros pensaron que lo habían dejado muerto y una santa mujer, llamada Irene, fue a enterrar el cadáver. Encontró que Sebastián estaba aún vivo y lo llevó a su casa para curarle las heridas, manteniéndole oculto. Al enterarse Diocleciano que estaba vivo mandó que lo llevasen al circo y lo apalearan hasta la muerte. Sebastián murió el 20 de enero del año 288. Las representaciones artísticas más comunes del santo son las que le presentan como un joven imberbe, desnudo y atado a un tronco, tal como podemos ver en el retablo de Sinovas. Se suele incluir en su cuerpo alguna flecha, en el del retablo de Santa Ana lo vemos con nada menos que 19 flechas y con un arquero a su derecha y una multitud a su izquierda. En el halo de santidad podemos leer "SEVASTIANVS". Esta pintura, atribuida al que se conoce como Maestro de Sinovas, reúne algunas de las principales características del Arte Hispanoflamenco. Se da un tratamiento muy minucioso del paisaje que hay al fondo. También es muy destacable el gran detallismo con el que se representa el rico tejido de la vestidura del personaje que aparece de espaldas. Éste es un buen testimonio del floreciente comercio de la lana de aquella época, donde la Mesta jugaba un papel fundamental.
En la parroquia de San Juan de Aranda de Duero (actual Museo Sacro) también existe una pintura de extraordinaria calidad que representa a San Sebastián, concretamente en el retablo de las Calderonas. También data del primer tercio del siglo XVI. En este caso la representación es de cuerpo entero y en ella sólo aparece el santo, sin que aparezcan sus verdugos.
San Sebastián también cuenta en Aranda con cofradía propia, probablemente surgida en pleno siglo XIV, durante alguna epidemia de peste. Su ermita estaba extramuros de la villa, en lo que ahora es la ermita de San Antón. Durante muchos años compartieron la ermita hasta su destrucción por las tropas napoleónicas en 1813. Posteriormente sólo se hizo cargo de la reconstrucción la cofradía de San Antón, por lo que la cofradía de San Sebastián trasladó sus cultos anuales a la parroquia de Santa María. La imagen que procesiona en la actualidad es una sencilla talla de la segunda mitad del siglo XIX encargada por la cofradía a un artesano de Hontoria del Pinar. Es probable que el encargo de esta escultura se realizara tras la epidemia de cólera que tuvo lugar en Aranda en 1855. En aquella ocasión se rezaron rogativas a San Sebastián con una solemnidad que no se conocía desde hacía muchos siglos.

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