Ni las llamadas de atención del presidente del tribunal de la Audiencia Nacional ni la cercanía física de los terroristas amedrentaron ayer a Toñi Santiago, la madre de la niña de seis años asesinada en el atentado etarra de Santa Pola (Alicante) para increpar duramente a quiénes, según confesó entre lágrimas, le habían «amputado el alma». La mujer, desafiante y mirando directamente a los ojos de los terroristas, se dirigió a ellos con calificativos de «asesinos cobardes» e «hijos de puta».
La testigo comenzó su relato indicando que en el momento de la explosión su pequeña, Silvia, jugaba en el patio con su primo Borja. «En unos instantes todo se volvió oscuro», explicó. Cuando por fin encontró a la niña vio que estaba «cubierta de escombros e intentó «desesperada» sacarla de allí. «Conforme iba viendo su cuerpo sabía que mi hija moría», señaló.
Desde ese momento, Santiago aseguró que su vida ha sido «una continua lucha por defender la memoria y la dignidad». A ella, el atentado no le amputó «una pierna ni dos dedos. A mí me han amputado el alma y el corazón», aseveró. Por ello, quiso dejar «en manos» de los magistrados que los terroristas «no se vuelvan a cruzar con ninguna criatura». «¡Que ningún padre tenga que enterrar nunca a un hijo, por favor!», pidió con un hilo de voz.