«Creemos que la muerte de Lucy no puede quedar impune», dice Carlos Gutiérrez, abogado de la familia de la joven keniata muerta el pasado mes de julio tras ser atropellada de madrugada en la A-62 después de que el acompañante con el que había salido del club de Villanueva de las Carretas en el que la chica se ‘hospedaba’ la abandonara en algún lugar indeterminado entre esta localidad y la de Estépar. Después de que el letrado consiguiera reabrir el caso, que se había archivado, y tras recibir toda la información que había reclamado sobre la investigación de este caso, ha interpuesto una denuncia en el juzgado número 3 de la capital contra el hombre que la dejó a su suerte cerca de la autovía, contra el dueño del club y contra el conductor que la atropelló causándole la muerte.
La denuncia, a la que ha tenido acceso este periódico, señala en primer lugar al conductor que arrolló a la mujer. Se trata A.W.B, súbdito holandés. «Según la propia fuerza instructora dicho conductor debió percatarse de la presencia de un peatón en la calzada al menos 40 metros con anterioridad al accidente, tiempo suficiente de reacción para evitar el mortal accidente». Se reclama la cooperación judicial internacional para localizar al conductor reseñado con la responsabilidad directa de la compañía de seguros.
En segundo lugar, se denuncia a J.B.M., con domicilio en Pampliega y a efectos de notificación en Mahamud «por el imprudente comportamiento al abandonar en una vía de alto riesgo a la señorita Lucy sin realizar ninguna acción para evitar lo que a todas luces iba a terminar con un accidente, y en esta caso mortal».
Por último, el bufete de abogados que representa a la familia de esta mujer, «y por la posible comisión de un delito contra los derechos de los trabajadores», ha interpuesto denuncia también contra el regente del club en el que se ‘hospedaba’ Lucy, A.D.M., «pues es evidente a lo que se dedica el establecimiento por el regentado, que participa de los beneficios de las chicas que en dicho club alternan pudiendo haber amén del delito ya reseñado otro de proxenetismo».
Un final trágico
Lucy tenía 35 años cuando murió arrollada. Llevaba varios en España, aunque fue en los últimos cuando su familia le perdió el rastro. Había trabajado en varios clubes de Burgos y Palencia. Durante semanas su cuerpo, que quedó terriblemente despedazado porque recibió el impacto de más de un vehículo, no fue reclamado por nadie hasta que por fin, gracias a embajada de Kenia en Madrid, se consiguió localizar a la familia. Su hermana Rachel, con domicilio en Estados Unidos, viajó hasta Burgos para hacerse cargo de sus restos, que fueron incinerados y devueltos a su país natal. La hermana de la malograda joven puso el caso en manos del abogado burgalés Carlos Gutiérrez al entender que no se había investigado lo suficiente.