Nada más mudarse al alfoz, o poco tiempo después, los nuevos habitantes empezaron a tener niños. Por eso la lista de municipios con mayor crecimiento poblacional en la última década coincide en muchos casos aunque variando el orden, con los que presentan un alto porcentaje de población menor de 16 años.
En el primer puesto de ambas listas aparece Arcos de la Llana. Es el que más ha crecido durante la primera década del siglo XXI y el que puede presumir de ser el más ‘joven’ de la provincia. Y eso se nota no solo en que hay más ruido y más alegría por sus calles sino también en la construcción de infraestructuras y (aunque no tanto) en los indicadores económicos.
Según el Anuario de la Caixa que analiza el periodo 2006-2011, durante ese tiempo el número de teléfonos fijos en Arcos se incrementó en un 52,7% y el de vehículos a motor un 125,3%. Sin embargo, el hecho de convertirse en un núcleo de atracción residencial no es una garantía inmediata de prosperidad económica. Porque en ese mismo anuario de La Caixa se refleja que las actividades industriales crecieron un 8,3% pero el comercio quedó congelado.
También lo ha hecho el sector de la restauración, según explica el alcalde de la localidad Jesús María Sendino. «Había dos bares y sigue habiendo los mismos, porque los que van son los mayores o los habitantes de las primeras urbanizaciones de hace más de 10 años pero no los nuevos habitantes, por mucho que el pueblo se haya transformado totalmente».
Es lo malo de convertirse en un pueblo-dormitorio, que la tendencia es desplazarse del trabajo a casa y apenas salir del adosado. Eso sí, las necesidades de un pueblo que según su regidor estaría rozando los 2.000 habitantes aunque oficialmente tenga 1.400 (algunos siguen empadronados en Burgos por cuestiones médicas o de colegio) ha empujado a la apertura de una guardería, de un polideportivo cubierto que está con los últimos retoques y de un centro médico pendiente de inauguración que abrirá sus puertas dentro de unas pocas semanas.
LAS ENVEJECIDAS
En el extremo contrario, las pequeñas localidades presentan también un mayor grado de envejecimiento. Hay más de una decena de pueblos donde los mayores de 65 años suponen más de la mitad de la población, algo que resultaría insostenible desde el punto de vista económico y de la Seguridad Social si se extendiera al conjunto de la población. En Olmillos de Muñó, por ejemplo, casi el 61% de sus 41 habitantes ya está jubilado.
Entre las grandes poblaciones el porcentaje de mayores de 65 años es casi calcado. Burgos y Aranda de Duero tienen un 18% de jubilados mientras en Miranda de Ebro la cifra se eleva ligeramente hasta el 19%.