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Retazos de un archivo

Santo Domingo de Guzmán en Gumiel de Izán

Máximo López Vilaboa / Aranda - domingo, 13 de marzo de 2016
Casa de la Plaza Mayor de Gumiel donde vivió Santo Domingo de Guzmán con su tío. - Foto: Archivo de Máximo López
La orden de los Dominicos celebra su octavo centenario. Su fundador, natal de Caleruega, estuvo muy ligado a toda la comarca. Muchas son las leyendas que lo sitúan en la Ribera a lo largo de la Historia

En 2016 se cumple el VIII Centenario de la fundación de la Orden de Predicadores, más conocida como de los dominicos. Esta orden es una de las extendidas por el mundo que ha tenido una mayor influencia a lo largo de la Historia de la Iglesia. Su fundador es un ribereño nacido en la localidad de Caleruega y vinculado a otras localidades de la comarca burgalesa. La familia de Santo Domingo de Guzmán (1170-1221) está vinculada a otros pueblos de la Ribera del Duero, por línea paterna descendía de Guzmán, por la materna de Haza. Durante la niñez de Santo Domingo de Guzmán también estuvo vinculado al municipio de Gumiel de Izán.
Cuentan que antes de su nacimiento su madre, Juana de Aza, había ido en peregrinación desde Caleruega al monasterio de Silos para rezar ante el sepulcro de Santo Domingo y pedirle un hijo. Santo Domingo de Silos se le apareció y le dijo que iba a tener un hijo, por eso Juana de Aza eligió el nombre de Domingo para el niño. Tanto el embarazo, como el nacimiento y el bautismo en Caleruega estuvieron protagonizados por hechos milagrosos. La vida de Santo Domingo no está únicamente relacionada en la Ribera con Caleruega, también lo está con Haza, de donde procedía su madre, y con Guzmán, de donde descendía el linaje de su padre. Además las crónicas antiguas nos hablan que los padres de Santo Domingo encomendaron su educación a su tío materno, que era arcipreste de Gumiel de Izán.
Según Hernando del Castillo, uno de los primeros biógrafos del santo, escribió: «La bienaventurada madre de Santo Domingo, como si tuviera que temer estando en su compañía, quiso mejorarle el ayo. Y de edad de siete años le entregó a un hermano suyo, gran varón en virtud, arcipreste de Gumiel de Izán. Entonces, y en tan buena compañía como la de su tío, tan cristiana y religiosa, comenzó el ejercicio de las letras Santo Domingo, y se aficionó tanto a ellas como al canto y oficio eclesiástico, que ninguna otra era su ocupación sino estudiar, leer, orar y servir al altar y al coro y tomar por única recreación el concertar y limpiar los altares y asistir delante del Santo Sacramento». El Padre Carro deduce, por testimonios históricos, que el nombre de este tío arcipreste era Gonzalo García de Aza.
Tal es la identificación de Gumiel de Izán con esta antigua tradición que en 1868, cuando el Obispo consulta a los pueblos de su diócesis sobre la conveniencia de trasladar la fiesta de Santo Domingo. La propuesta de cambio viene motivada por las agobiantes labores del campo durante el mes de agosto, cuando excepcionalmente se permitía el trabajo en domingo, después de asistir a Misa.

La fiesta, en agosto

 

El Ayuntamiento de Gumiel de Izán respondió negativamente y decía que debía celebrarse «en agosto, como siempre se ha celebrado en esta villa, por la mucha devoción que se ha tenido y tiene a Santo Domingo de Guzmán, y por haber residido en su niñez en esta villa, ya por el singular beneficio que en el día de su festividad experimentaron los vecinos y habitantes de ella al retirarse los franceses, que después de haber dado vista a este pueblo, a donde venían dirigidos, de repente cambiaron dirección, y los pueblos por donde atravesaron fueron incendiados». Entre estos pueblos está Oquillas.
El sacerdote Francisco Palacios, natural de Baños de Valdearados y que había estado como coadjutor en Gumiel durante siete años, recopiló a mediados de siglo una serie de leyendas orales sobre la presencia del niño Domingo de Guzmán en Gumiel de Izán. Una de ellas la titula ‘Los ángeles tocan a Misa en el cielo’. Dice lo siguiente: «Eran las siete de la mañana de un día de frío invierno. El cuerpecito de Domingo, contra costumbre, se rebullía dulcemente entre el calorcito de las sábanas. De pronto se oye la voz de su tío que le dice: Domingo, levántate, que ya es hora de tocar a misa. No, respondió el niño, aún no es hora, tío. De nuevo reinó el silencio y dejóse oír la voz infantil que decía: Ya tocan los ángeles en el cielo. ¿Cómo lo sabes tú? Y por toda contestación le dijo: Póngase a mis pies y lo verá. En efecto, se puso a sus pies, y oyó cómo los ángeles tocaban a misa en el cielo».

Leyendas sobre el santo

 

En otra de las leyendas sobre la niñez de Santo Domingo de Guzmán se habla de lo siguiente: «Fue durante el santo sacrificio de la misa, en la que había de monaguillo el niño Domingo. Dos mujeres empezaron a hablar, y el demonio lo iba escribiendo todo en un extenso pergamino; pero tanto hablaron que ya no cabía, por lo que se puso a estirar el pergamino con los dientes, y estando en esta actitud jocosa, se cayó hacia atrás, motivando en el niño Domingo sonora carcajada. Terminada la misa, su tío, sacerdote, le llamó la atención, y refiriéndole lo sucedido, no pudo menos de reírse también él, no sabiendo si admirar más su inocencia o su santidad».
Junto con estas visiones sobrenaturales también se nos transmite otra anécdota que se puede considerar una simple travesura de niño, que sucedía en un despoblado cercano a Tubilla del Lago: «Con frecuencia, durante los años que vivió en Gumiel, iba el niño Domingo a visitar a su familia. Al llegar a Quintanilla de los Caballeros pasaba el río Gromejón por la vadera que servía de lavadero público, y cuando había alguien, sacaba del bolso unas pidrecitas y las arrojaba al agua, salpicando ésta sobre las lavanderas, quienes celebraban con una sonrisa la gracia».
Junto a estas líneas se incluye una fotografía tomada en los años 60 de la fachada de la casa donde, según la tradición vivió de pequeño Santo Domingo de Guzmán. Está situada en la Plaza Mayor de Gumiel de Izán.

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