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17 de noviembre de 2018
Retazos de un archivo

Un ribereño con Juan XXIII

Máximo López Vilaboa / Aranda - domingo, 27 de abril de 2014
Juan XXIII, con el obispo Julián Manguán y Fray Severiano (ambos de Caleruega y con el hábito dominico) en febrero de 1959. - Foto: Archivo Máximo López
Un obispo natural de Caleruega, el dominico RaimundoMaría Julián Manguán-Martín Delgado, tuvo una importante relación con el conocido como el ‘papa bueno", que será canonizado por el papa Francisco

El papa Francisco canonizará hoy, 27 de abril, a Juan XXIII, alguien al que muchas personas ya consideraban en vida un santo, siendo conocido con el cariñoso apelativo de “papa bueno”. Fue beatificado en el año 2000 por Juan Pablo II, el otro papa que precisamente hoy también será canonizado. Durante el pontificado de Juan XXIII se pusieron en marcha numerosas reformas en el seno de la Iglesia que culminaron con la celebración del Concilio Vaticano II.
Dentro de la línea de universalización del pontificado y de la Iglesia, prestó gran atención a las tierras de misión y tuvo en gran estima a los obispos de todos estos países, como es el caso que traemos hoy al recuerdo. Se trata de un obispo originario de la Ribera del Duero, concretamente de Caleruega, que tuvo mucha relación con los papas Juan XXIII y Pablo VI, estando al frente de una importante diócesis de Guatemala. El obispo Raimundo María Julián Manguán-Martín Delgado nació en Caleruega el 7 de enero de 1882 en el seno de una familia de humildes labradores. Sus padres se llamaban Carlos y Rafaela, tuvieron 12 hijos, de los que cuatro se orientaron hacia la vida religiosa.
 El joven Julián ingresó en los dominicos, la orden fundada por su paisano Santo Domingo de Guzmán, y cursó sus estudios teológicos en Padrón (La Coruña), Corias (Asturias) y Salamanca. Es ordenado sacerdote el 31 de marzo de 1906 y destinado a México, donde le sorprenderá el conflicto bélico iniciado en 1910 en el marco de la Revolución Mexicana. Serán años muy duros en la vida del joven sacerdote calerogano pero le forjarán para las importantes labores que le deparará el futuro.
Dada su condición de español sus superiores deciden finalmente que no puede permanecer en México y le trasladan en 1917 a Costa Rica, donde continuará su labor misionera. Residirá en la localidad de Filadelfia de Guanacaste, al norte del país, ya casi en la frontera con Nicaragua. Su incesante labor le llevará a predicar por toda la región del Guanacaste, lo que le valió que en 1926 la congregación le nombrara Vicario especial de los dominicos en toda Centroamérica. Esto le obligará a viajar constantemente, visitar las distintas comunidades de dominicos de la zona y conocer las variadas circunstancias sociales y religiosas de todos estos países.  
Como buen dominico fue un gran apóstol del rosario y cuando es destinado a Guatemala promueve la petición popular para que la imagen de la Virgen del Rosario, que se venera en la capital del país, fuera coronada canónicamente. El papa Pío XI valora la solicitud, que acompañÓ por 35.000 firmas, y concede el Decreto de Coronación, que se realizará en una solemne ceremonia el 28 de enero de 1934.
 Julián Manguán es nombrado obispo auxiliar de Verapaz-Cobán (Guatemala) el 16 de mayo de 1944, tomando inicialmente el título de obispo de Trocmades. Recibirá la ordenación episcopal el 3 de septiembre de ese mismo año de manos del Nuncio Apostólico de Guatemala y el Salvador, el arzobispo Giuseppe Beltrami. Al año siguiente muere José Luis Montenegro, obispo de Verapaz-Cobán, al que auxiliaba monseñor Manguán-Martín. El 14 de noviembre de 1945 toma posesión plena como obispo titular de la diócesis. Entre 1951 y 1956 también ejercerá como Administrador Apostólico de un amplio territorio limítrofe a su diócesis: el Petén.
Entre ambos territorios, viven casi medio millón de personas, con una inmensa mayoría de población indígena que en un porcentaje muy alto se comunicaba en lenguas de origen maya. La diócesis tiene amplios territorios selváticos y las comunicaciones son muy precarias. Casi la totalidad de la población es católica pero combinan sus creencias con prácticas de religiosidad popular de origen precolombino. A las dificultades propias de una diócesis tan amplia se añade que inicialmente sólo cuenta con 8 sacerdotes.
El obispo ribereño recorrerá la diócesis varias veces. Para esta labor tendrá un importante colaborador en su sobrino, el también dominico Raimundo Severiano Manguán, fraile lego y experto conductor y mecánico, y que había nacido en Caleruega en 1896. Precisamente el que aparece en la fotografía con Juan XXIII, acompañando a su tío, es este fraile lego que ejercía de chófer del obispo. La fotografía está tomada en el Vaticano en febrero de 1959. Es bastante probable que durante la audiencia en la que se realizó los dos dominicos comentaran a Juan XXIII que también procedían de la localidad natal de Santo Domingo de Guzmán.
El obispo calerogano estuvo en numerosas ocasiones en el Vaticano, entre otras durante la visita “ad limina” que los obispos de todo el mundo deben realizar al Romano pontífice de manera periódica. También fue Padre conciliar en el Concilio Vaticano II. Participó en la I y IV sesiones conciliares, que se desarrollaron respectivamente entre el 11 de octubre y el 8 de diciembre de 1962, y entre el 14 de septiembre y el 8 de diciembre de 1965. Durante las sesiones del concilio eligió como asesor teológico a otro  sobrino, el también dominico nacido en Caleruega, Alejandro del Cura Manguán (1921-1997), experto teólogo y Doctor en Filosofía.
Todas estas visitas a Europa eran aprovechadas para pasar por Caleruega, donde bajo el impulso del padre Venancio Carro, se estaban acometiendo importantes obras de ampliación en torno a la cuna de Santo Domingo de Guzmán. De una de sus últimas visitas data la fotografía de los años 60 que reproducimos junto a estas líneas. En esta imagen vemos al obispo frente a la parroquia de su pueblo natal, junto con autoridades civiles y militares.

ORDEN DE QUETZAL

Por motivos de salud renunció el 28 de mayo de 1966 a su diócesis de Verapaz cuando ya contaba con 84 años, siendo nombrado por el papa Pablo VI titular de la diócesis simbólica de Turris in Proconsulari.  Por sus incesantes trabajos fue condecorado con la Orden del Quetzal, la máxima distinción honorífica que concede el gobierno de Guatemala. El 1 de octubre de 1969 el gobierno español le otorga la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Murió a los 93 años en el Asilo de las Madres Dominicas de Rivas (Nicaragua) el 8 de diciembre de 1975. Los restos de este obispo, plenamente identificado con el pontificado de Juan XXIII, descansan en la parroquia de San Sebastián de Caleruega.

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