Detectan graves daños en zonas de la plaza de toros cegadas desde hace años

Á.M / Burgos
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La prueba de carga acaba con buenas mediciones, pero los análisis iniciales del hormigón no invitan al optimismo sobre el diagnóstico

Proceso de vaciado de los tanques de agua con los que se ha practicado el test. - Foto: Jesús J. Matías

Una de cal y otra de arena. Eso es lo que los técnicos de la UBU que analizan el estado de conservación de la plaza de toros, con especial incidencia en la degradación de los materiales, le van trasladando al equipo de Gobierno de Javier Lacalle, si bien el informe definitivo no se conocerá hasta, como pronto, finales de la próxima semana.

La parte buena es que la prueba de carga que se ha venido realizando en los últimos días demuestra que la estructura se mueve (eso es bueno) y que, concretamente, ha cedido casi 0,6 milímetros al soportar las 14 toneladas de agua que se han concentrado sobre una parte del tendido 3. Ahora toca saber si la estructura recupera su posición original y, si es así, el resultado será bueno. Si no es así, sería desastroso.

La parte mala es que, a lo que era manifiesto, se han sumado zonas de la plaza que eran invisibles a simple vista porque habían sido tapiadas años atrás. En algunos casos décadas atrás. Se trata de la parte baja de los tendidos (lo que se han denominado ‘gateras’). En esos departamentos cegados la acumulación de humedad y hielo ha sido todavía más importante que en resto de los tendidos, y la consecuencia es que la degradación también es mucho mayor. Tanto que los aceros que convertían en hormigón armado al hormigón han desaparecido. Literalmente.

De ellos queda la huella de la oxidación y poco más, y eso es una muy mala noticia. Además, los primeros análisis están demostrando que, si bien la resistencia de los hormigones es buena, su porosidad es muy elevada. Esta es una patología grave porque hace que la estructura sea más permeable y el agua acabe mucho más rápido con el acero.

Sobre aviso

Lo que ya nadie duda a estas alturas de los estudios es que si se quiere volver a abrir al público, la plaza deberá ser objeto de una reforma que no consistirá precisamente en una mano de pintura. El complejo deberá ser reforzado, especialmente en algunas zonas en las que nadie ha querido practicar la prueba de carga. Y eso no será ni barato ni rápido, siendo el tiempo y el dinero las dos variables más determinantes para saber si se puede salvar o no el ciclo de los Sampedros de 2013.

Al margen de lo que dictamine la UBU, cuyo equipo mantiene su compromiso de ser extremadamente riguroso en la elaboración del informe porque es consciente de la responsabilidad que acarrea el trabajo, los técnicos municipales deberán trabajar también en otros ámbitos como el de la instalación eléctrica o las propias puertas del coso. Siempre en el supuesto de que se opte por consolidar.

A pesar de los muchos estudios realizados, el Plantío todavía guarda sorpresas. La última, la de las ‘gateras, ha sido importante. Como ejemplo, basta decir que el bar de la plaza desagua directamente en una de estas estancias.