Diario de Burgos
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El Goyade Valdenoceda

R. Pérez Barredo / Burgos - martes, 29 de enero de 2013
Desesperación, agotamiento, soledad... Son dibujos escalofriantes...
Recluido durante meses en el penal burgalés, del que salió hace 70 años, el dibujante José Robledano consiguió sacar, entre ropa vieja, retratos de la vida tras los muros • Un tratado sobre el hacinamiento, el frío, la soledad y el miedo

Cuando José Robledano Torres fue trasladado desde la cárcel madrileña de Porlier, el penal de Valdenoceda ya tenía fama de ser uno de los más siniestros del país. Uno de los centros represivos más lóbregos y fríos, una verdadera sepultura. Al pie del puerto de La Mazorra, las nieves del invierno eran casi perpetuas allí, y arrasaban con la salud y la vida de los internos. José Robledano no era un recluso cualquiera. Artista formado en Escuela de Bellas Artes de San Fernando, antes de la Guerra Civil había gozado del éxito y del prestigio por su obra, muy vinculada la prensa.
No en vano, fue uno de los primeros pintores españoles que estamparon sus dibujos en los papeles de la época. Lo hizo también en publicaciones infantiles, donde fue un pionero, ya que fue el primero en emplear en sus viñetas lo que se conoce como ‘bocadillo’. El gran editor burgalés Saturnino Calleja contó muchas veces con él para sus populares novelas.
Pero fueron periódicos como El Liberal, El Imparcial oEl Sol y revistas de postín como La Esfera, Mundo Gráfico o Blanco y Negro los que reflejaron cotidianamente su trabajo. Militante socialista, también ilustró en alguna ocasión el principal órgano propagandístico de este partido, El Socialista, así como Claridad, el periódico de Largo Caballero y Luis Araquistain. Fue precisamente por su participación en ambos rotativos -tuvo un éxito sin precedentes con la creación del Señor Cayetano, castizo desharrapado personaje que hacía furor entre los lectores- por lo que fue detenido, encarcelado y condenado a muerte a la conclusión de la Guerra Civil.
Dio primero con sus huesos en Porlier. Su mujer, Magdalena Piqueras, no se arredró, y contra viento y marea, luchó por que su marido recobrara la libertad. No lo logró en primera instancia; sí consiguió que se le conmutara la pena capital por una condena a 30 años a la sombra. Su siguiente destino fue Valdenoceda.Desde el terrible penal burgalés, y con la complicidad de su compañera, consiguió Robledano sacar de aquellos tétricos muros los dibujos que en papel fortuna, y enfermo de gravedad, realizó sobre la vida en la cárcel. Todo un tratado de denuncia sobre el hacinamiento, el frío, el hambre, la soledad y el miedo. Muchos de aquellos dibujos recuerdan a las pinturas negras de Goya. José Robledano retrató la cruenta realidad de aquella ingente masa de hombres desvalidos y desnutridos. Aquellos dibujos fueron escondidos bajo tierra y sólo vieron la luz muchos años después,. Hoy se conservan en la Biblioteca Nacional como el mejor testimonio del infierno de las cárceles franquistas.
La lucha de la compañera del dibujante madrileño no cesó, y en 1943, hace ahora 70 años, fue trasladado de nuevo a Madrid, en esta ocasión a la cárcel de Alcalá de Henares, de donde salió en libertad un año más tarde. A pesar de aquel estigma y de que el recuerdo de sus años en presidio le acompañó siempre, Robledano pudo llevar una vida normal hasta su muerte en 1974.
Así, en los años 50 y 60 volvió a publicar en prensa escrita, concretamente en el diario ABC y en su revista Blanco y Negro. E incluso volvió a exponer (fue un sublime paisajista). Se han escrito mucho  sobre las cárceles del franquismo. Puede que nada tan esclarecedor como estos dibujos.

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