Mirandés: 1 Athletic: 2
Mirandés: Nauzet, Garmendia, César, Corral, Raúl, Martins, Garro (Lambarri 53’), Mujika, Pablo, Muneta (José Ángel 70’), Alain (Borrell 62’).
Athletic de Bilbao: Iraizoz, Iraola, Javi Martínez, Aurtenetxe, Amorebieta, Iturraspe, De Marcos, Ander Herrera, Susaeta (David López 76’), Muniain (Íñigo Pérez 85’), Llorente.
Lo mejor: El partido. Las aficiones pudieron disfrutar de un partido bien copero con dos equipos luchadores y que se entregaron.
Lo peor: El horario. Tras un encuentro como este mañana los niños y no tan niños tendrán que madrugar.
Árbitro: Javier Estrada (colegio catalán) amonestó a Raúl, Corral, Mujika, Iturraspe, Javi Martínez, David López e Íñigo Pérez.
Goles: 0-1; (M-17); Llorente. 0-2; (M-27); Llorente. 1-2 (M-91); Lambarri.
Público: Más de 7.000 espectadores vibraron en el municipal de Anduva en el choque de ida de las semifinales de la Copa del Rey.
Hay partidos buenos y malos, y también hay partidazos que se juegan dejando la piel y hasta con las energías de reserva. Anoche, el Mirandés jugó con el corazón ante un rival que supo rugir primero, que tampoco se dejó nada y que le respetó hasta el final. Los gladiadores de Pouso sí tuvieron que hincar la rodilla en la arena de Anduva ante el Athletic, pero supieron levantar la mirada y reponerse de los dos golpes asestados por Llorente y fueron protagonistas absolutos de una segunda mitad que acabó, y con justicia, con el grito de Lambarri. Su diana le ha dado alas a un equipo que será recordado en la historia.
Una falta botada por Muneta llegó a la cabeza de Corral y el cuero se marchó por arriba del larguero de Iraizoz. Eso ocurrió a los dos minutos de partido, era un aviso, una señal de cómo había salido el Mirandés a jugar las semis. Contestaron los de Bielsa, apenas tres minutos más tarde: Nauzet envió al córner un disparo a puerta de Muniain, pero la ejecución no trajo peligro para la zaga.
Las gradas eran una fiesta de general a preferente, de la sur a la nueva norte. Trapos al viento y cánticos inagotables, la afición jugaba su partido y Susaeta buscaba a Llorente. Todo en ocho minutos, segundo a segundo.
Martins luchaba con su fiel escudero Garro; ahí, en el corazón del campo el doble pivote se dejaba la piel para que Iturraspe no encuentre la batuta para dirigir a los bilbaínos. La partitura la firmaban Los Leones, y los rojillos intentaban robarles el cuero. En el primer cuarto de hora el partido se jugaba como querían los de Bielsa, con la posesión, y también como deseaba Pouso, lejos de la portería de Nauzet. Eso demostraba una cosa, faltaba esa última puntada, faltaba esa profundidad que gusta tanto a unos y a otros.
En diez minutos
Pero dos minutos más tarde, la jugada uno del Athletic se pintó en Anduva. De Marcos escondió el cuero en el extremo, centró de la izquierda al centro del área y Llorente cabeceó solo, completamente solo, y batió a Nauzet. Pero había mucho más del riojano, porque en una contra que pilló mal al Mirandés, Llorente cogió el balón eludió a tres defensas rojillos y empujó suavemente el esférico para superar a Nauzet por abajo y poner las cosas 0-2 antes de la media hora del partido. El marcador establecía la superioridad real que existía en el terreno de juego, dos goles en lo que Nauzet nada pudo hacer, decían que Los Leones estaban rugiendo en Miranda.
Los primeros 45 minutos del choque fueron para un Athletic Club que vino a Miranda a encarrilar la eliminatoria y que vistió para la ocasión su once de gala. El Mirandés trabajó, intentó combinar, multiplicarse, pero dos jugadas con firma Llorente le dieron, en el 17 y en el 27, la ventaja a los hombres de Marcelo Bielsa.
Los de Bielsa mostraron hambre, confianza y un poderío demoledor ¿Y el Mirandés? Peleó como un león, palmo a palmo, metro a metro, intentando achicar distancias, pero chocaba una y otra vez con un rival que estaba mejor.
Un 0-2, en el primer tiempo, siendo de Segunda B el que pierde, podría haber dejado KO a los rojillos, pero esa frase de ‘darse por vencido’ no está en el manual de Anduva. Así que había que trabajar, intentarlo, seguir sufriendo porque todo estaba en contra. Anduva, las semis y el Mirandés necesitaban un héroe con urgencia, alguien que mostrara el camino, aunque hubiese que invitar a caminar sobre las aguas. No había otra opción para parar el festín que se estaba dando Iraola cada vez que el esférico se le pegaba a las botas.
Por eso, el descanso le vino muy bien a los locales. El equipo salió del vestuario con aires renovados y nunca mejor dicho, a por todas. Pouso reforzó el ataque, quitó a Garro y puso a Lambarri y la grada lo recibió con los brazos abiertos, y también sus compañeros. La presión del más alto del equipo se hizo notar rápidamente hasta en el ánimo de la gente.
Morir, matando
Había que morir matando y el equipo lo intentó. Todos estaba metidos, todos la pedían. Borrell entró por Alain y revolucionó el dibujo. Le puso el balón a Mujika y el de Pasajes sacó un disparo que hizo temblar el poste y a Iraizoz que la veía adentro en el 63. Con la acción, el Mirandés se fue arriba. Y si faltaba dramatismo a las semis, ahí estuvo la mano más que providencial del meta rival en el 75 que tras un córner hizo un paradón a un envío de Corral.
Y cuando parecía que el Mirandés se quedaría con las manos vacías, apareció Lambarri y cumplió con el canto de la grada: marcó. El bilbaíno le arrebató el invicto a su club de toda la vida y le pintó al Mirandés dos bonitas alas. Eso me recuerda a una vieja canción que decía, «si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia...». A lo mejor, eso ocurre, a lo mejor el final no está escrito aún. A lo mejor para descubrirlo tengamos que esperar siete largos días. Hasta San Mamés.