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18 de octubre de 2018

Bale: líos y lesiones

Diego Izco (SPC) - sábado, 13 de octubre de 2018
Bale: líos y lesiones - Foto: PAUL HANNA
Acusado de "borrarse" ante el Atlético y el Alavés, el "Expreso de Cardiff" siempre ha estado en el ojo del huracán desde que hace seis años Florentino Pérez le eligió para mitigar el "efecto Neymar"

Sabe el aficionado profano -el merengue lo tiene aprendido e interiorizado como la tabla del dos- que el fichaje de Gareth Bale (Cardiff, 16 de julio de 1989) tiene luces deslumbrantes y sombras profundas como la fosa de las Marianas. En una de estas últimas caben todas sus lesiones, 25 ó 26 según quién cuente los partes médicos, desde que llegó al Real Madrid en el verano de 2013, cuando de alguna forma la directiva quiso acolchar, a cambio de 103 millones de euros, el estruendo del ‘efecto Neymar’ que había logrado el Barça.   
Pero entre el sóleo y la espalda, el bíceps femoral, el tobillo y, de nuevo, el sóleo han conseguido silenciar el otro gran problema que arrastra el chico, finalmente destapado a lo grande esta semana tras el fiasco de Vitoria (1-0 en el Alavés-Real Madrid), donde él pidió ser sustituido en el minuto 80... «por fatiga», según el portavoz del club. Un cambio extraño e inexplicable todavía con empate en el marcador y una convocatoria con Gales a la vuelta de la esquina. Era el segundo partido liguero consecutivo del que (según el argot) se ‘borró’ Bale: en el descanso del derbi madrileño pidió el cambio por unas molestias... y el parte médico le afeó la conducta: las pruebas confirmaron que esta vez no había ningún tipo de lesión. 
Lopetegui está sintiendo en su piel lo que sus predecesores en el cargo vivieron con el muchacho, todavía inadaptado a sus 29 años, seis campañas después... justo ahora que la afición lo había señalado, después de tres buenos encuentros, como digno heredero de los galones de Cristiano Ronaldo.   
Nace la ‘BBC’. Carlo Ancelotti fue el primero en disfrutarlo como enorme futbolista sobre el césped y quebradero de cabeza (al mismo tiempo) dentro del vestuario. De entrada, el italiano había perpetrado un plan más que válido con Ángel Di María como pieza clave ofensiva, algo que tuvo que cambiar cuando Florentino Pérez incorporó a ese  lateral zurdo de larguísimo recorrido y lo señaló con la bendición del palco... con lo que eso significa. 
Ancelotti tuvo que rediseñar su plan, bautizando la ‘BBC’ (y dejándoles sin misión defensiva, lo que comprometía el equilibrio del equipo) y dejando que Di María cayese de una banda al centro. Un plan de éxito que volvió a quebrarse al año siguiente, cuando la dirección deportiva incorporó por puro capricho mundialista a James Rodríguez a cambio de 80 millones. El ‘Fideo’ salió rumbo a Manchester y el equipo estaba embalado... hasta que un mal ‘bolo’ enseñó a perder a un conjunto que solo sabía ganar. «Desde entonces -señaló Ancelotti en su biografía-, la relación no volvió a ser la misma», refiriéndose al día en que Florentino le llamó al orden por haber sustituido a Bale ante el Valencia. ‘Carletto’ fue despedido ese año. 
Mimos sin respuesta. Los siguientes técnicos buscaron algo así como ‘mimar al chico mimado’. Benítez fue a verle a una concentración con Gales en verano de 2015, e incluso equiparó a Bale con Cristiano en una conferencia de prensa ante la manida pregunta de «¿Quién es mejor?». Zidane, por ejemplo, apostó ciegamente por uno de sus tres ‘innegociables’ en un clásico ante el Barça... a pesar de que el galés solo llevaba tres entrenamientos con el. 
Fueron muchos mimos unilaterales, ya que el propio técnico francés fue hartándose de él hasta convertirle en una pieza secundaria (bajas formas y lesiones hicieron el resto) en beneficio de Isco, obteniendo un Real Madrid mucho más equilibrado. En las noches de la decimotercera Copa de Europa, el ‘Expreso de Cardiff’ fue un suplente de lujo ante el gesto torcido del palco; solo fue titular un día, en la vuelta de las semifinales ante la Juventus (el día del gran susto y la casi remontada italiana). Hoy, sin embargo, es la llave ofensiva de la era ‘post-Cristiano’. Y al madridismo, acostumbrado al éxito, eso le chirría. 

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