Un 23 de diciembre,Sonia estrenó el piso de ReginoSainz de la Maza con su marido y una hija de corta edad. Esa noche se la pasó llorando. ‘¡Dónde nos hemos venido a vivir!’, se preguntaba entre lágrimas de impotencia. La música y las vibraciones de los bares de los bajos del edificio -uno da a la calle Vitoria y otro a la plaza- se cuelan en su hogar desde entonces, sin que hayan podido echar a tan modestos inquilinos, pese a varios intentos y a la llegada de otro bebé.
En ese tiempo, ya le han conocido tres nombres diferentes a cada local. Ambos acaban de retomar su actividad, uno poco antes de Navidades y otro después. Un poco de pintura, letrero nuevo y cambio de titular, una práctica habitual en el ámbito de la hostelería, en ocasiones por movilidad de los empresarios, en otras, para esquivar expedientes y multas.
Esta joven familia y varios vecinos más han decidido hacer pública la historia de sus idas y venidas, por las mañanas de concejalía y concejalía; por las noches en vela, de ventana en ventana.
En primavera de 2010, la Sección de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Burgos inició, a instancias suya, una inspección del pub Sombreros (antes llamado Scarcha y ahora Galaxy), tras la que se comprobó que superaban por poco el límite de 27 decibelios (27,6). En septiembre requirieron al hostelero de entonces para que, en un plazo de 10 días, colocase un limitador-controlador de ruidos y adoptase otras medidas para aislar el local.
Según reconocen en el propio Ayuntamiento, nada vuelven a saber del asunto hasta que el 22 de diciembre los vecinos se quejan de nuevo a la Policía Local y esta, al día siguiente, interviene para realizar varias mediciones, ninguna de las cuales sobrepasa los límites legales, por lo que no se levanta acta de infracción.
El titular comunica a los agentes que sí tiene limitador, «si bien no ha presentado en elAyuntamiento la documentación que se le requirió en septiembre de 2011, por lo que existe un incumplimiento», reconocen desde Medio Ambiente, más de un año después de ese requerimiento.
Al otro local, inicialmente llamado Son Latino y luego Oasis, se le abrió un expediente por ruidos a mediados de 2011. A los vecinos les acaban de dar traslado de que van a iniciar el procedimiento para sancionarle por superar los niveles de ruidos los días 3 y 10 de diciembre, con 96 decibelios, frente a los 90 permitidos. Y eso con limitador instalado.
La noticia les llega 8 meses después de su primera denuncia y cuando el bar ha vuelto a cambiar de titular.El actual, que le ha bautizado como Musiteka, acudió a la última reunión de la comunidad y les explicó que lo tiene todo en regla, aislado y con limitador, según explican los vecinos.
De darse esos mismos plazos, la resolución sobre el otro bar no llegarán hasta octubre, se lamentan. «¿Qué tenemos que hacer para que en el Ayuntamiento nos hagan caso? Porque lo que nos digan hacemos.Solo queremos que cumplan la normativa y que se la hagan cumplir», rubrican. No solo ruidos, también horarios. Si no, «la única esperanza que nos queda es que no tengan éxito».