El 29 de noviembre será a partir de ahora su otro cumpleaños. Ha vuelto a nacer porque desde entonces cuenta con un riñón. No es un riñón cualquiera porque ya había vivido con otros tres órganos gracias a trasplantes anteriores de personas que fallecieron. Sino que es un riñón muy especial, de una persona viva. Pero no de cualquiera porque es de su hermano. Óscar Unzaga se sometió hace dos meses a una operación de trasplante de riñón con una donación de vivo. Y el resultado es inmejorable. No solo porque ha dejado cinco intensos años de diálisis sino porque está en perfecto estado de salud. Lo corroboran las pruebas semanales que le realizan en la Fundación Puigvert de Barcelona. La última, el pasado jueves.
Óscar y Daniel son hermanos pero tras la operación la relación es más estrecha. Viven habitualmente a 800 kilómetros de distancia, uno en Burgos (40 años) y otro en Almería (44 años), y solían verse en vacaciones. Pero el trasplante les ha cambiado la vida, sobre todo a Óscar, pero también su forma de ser. «Está muy pendiente de mí y me pregunta cada poco cómo estoy. Es todo muy diferente y muy bonito», apunta el protagonista de nuestra historia.
Es muy dado hablar a Navidades en reuniones familiares y las últimas eran muy especiales. «Quería agradecer a mi hermano lo que había hecho por mí con la donación pero no me salió ni una palabra. Es un acto que va más allá de la solidaridad y la generosidad. Me lo ha demostrado todo pero es difícil de explicar», apunta un tanto emocionado.
No es de extrañar, entonces, que después de casi cinco horas en el quirófano y tras despertar de la anestesia -aún somnoliento-, lo primero que Óscar preguntó a su familia fue por el estado de su hermano Daniel. Luego, se interesó por los detalles de su operación.
Otra persona que también se alegró mucho del éxito del trasplante ha sido la madre de ambos. No en vano, fue ella la primera que se ofreció para la donación de su riñón a Óscar aunque los médicos lo descartaron. Y luego, surgió la propuesta de su hermano. En este caso, la compatibilidad era total, no solo porque eran hermanos sino por que la edad era similar.
Unzaga celebra que pueda recobrar una vida independiente y no tener que depender tres veces a la semana de una máquina a la que está conectado alrededor de cinco horas. Pero, por otro lado, está feliz porque su hermano se encuentra bien y la operación no le impedirá seguir con su trabajo de buzo profesional. «Es una de las premisas para entrar en el programa de trasplante de órganos de donante vivo. Que la donación no le afecte después a su salud», explica el también presidente de la Asociaciones para la Lucha Contra las Enfermedades Renales (Alcer) en Burgos. De ahí que sea necesario someterse a severas pruebas médicas, que van más allá que comprobar que el órgano sea compatible.
La operación fue un éxito pese a la complejidad del caso de Unzaga, que había tenido, anteriormente, otros tres trasplantes de riñón. Es la explicación de que la intervención tuviera lugar en la Fundación Puigvert, gracias a un concierto con el Sistema Público de Salud. «A diferencia de otras ocasiones, nos bajaron a la vez al quirófano y una vez que estaba abierto y vieron que podía recibir el riñón decidieron extraer el órgano renal a mi hermano por cirugía laparoscópica. Pero no antes», explica Unzaga.
Daniel salió de la clínica tres días después de la operación. Óscar, en cambio, ingresó el 20 de noviembre y recibió el alta el 15 de diciembre. Menos de un mes de ingreso pero nada comparable con los 5 años de diálisis continuada, que se hacen eternos y más cuando compruebas que el número de donantes jóvenes, víctimas de accidentes de tráfico, descendía cada año. En los años 90, suponían el 43% del total de donaciones a nivel nacional y en 2011, solo un 5%.
Precisamente, la menor siniestralidad en la carretera y el envejecimiento de la población -con riñones cada vez menos válidos- han obligado a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) a cambiar de estrategia. El ‘salvavidas’ ha llegado con las donaciones de vivos y la fórmula funciona. En 2011, hubo un 30% más de este tipo de donaciones que el año anterior y se pasó de 240 a 320. Ahora, representan el 12,5% del total. Aquí están incluidas tanto los trasplantes entre familiares como los cruzados entre personas cercanas a los enfermos.
Caso de un madrileño
La pregunta es inevitable. ¿Cómo surgió la posibilidad de someterse a un trasplante de un donante vivo? Fue en una reunión de la Federación de Alcer a nivel nacional cuando pudo conocer el caso de Julio, un madrileño que recibió un riñón de su hermana. «Antes, tenía reparos pero tras hablar con él y ver que los dos estaban bien, comencé a planteármelo. Es clave conocer a gente que ha pasado por lo mismo», afirma.
Y por eso se anima a contar su historia y porque comprueba que la asociación ha tenido un mayor número de consultas sobre esta posibilidad. «Nosotros sabemos que estamos mal y es algo con lo que tenemos que vivir pero lo prioritario es que no les pase nada a nuestros familiares», reflexiona.
Los resultados son palpables. La vida media del riñón es superior si el donante es de una persona viva que si procede de un cadáver. Hablamos de un órgano que no ha sufrido ningún daño ni ha sido mantenido de forma artificial hasta que es introducido en el cuerpo del receptor. Además, el riesgo de rechazo es inferior porque, previamente, ha habido pruebas para comprobar la compatibilidad.
Ahora llega la tranquilidad para Óscar que en 1991 comenzó con insuficiencia renal lo que le obligó a someterse a tratamiento de diálisis. Luego llegó el primer trasplante de riñón, que aguantó cinco años y medio; el segundo, después de una intoxicación con medicamentos, ‘duró’ solo 7 meses hasta que llegó el rechazo. El tercero le dio una nueva vida cerca de 6 años. «Con éste, tengo firmado por 30 años», exclama entre risas.