Lo mejor de la nevada de ayer es que cayó en domingo. Lo peor, que se lo puso difícil a los conductores, suspendió competiciones deportivas y obligó a activar el Plan de emergencias de Burgos (Pembu) para sacar a la calle hasta 62 máquinas de titularidad pública y privada y tratar de hacer transitables, al menos, las principales arterias de la ciudad y los accesos de los puntos críticos como los hospitales y los polígonos.
La cara está clara: si lo de ayer pasa hoy lunes, los problemas se habrían multiplicado. Además, la toma de las calles y parques de la ciudad por parte de los burgaleses fue continua para disfrutar del día, y eso a pesar de que por momentos cayeron copos como pelotas de golf y cuajaron más de 25 centímetros de nieve. La cruz no lo fue tanto en la ciudad como en las carreteras de la provincia, donde los problemas descendieron de los puertos de la red secundaria hasta llegar a afectar a las principales vías de comunicación.
En Burgos se activó el Pembu a las 09.50. El alcalde, Javier Lacalle, ordenó su puesta en funcionamiento tras una noche en la que todos los efectivos que forman parte del operativo de nevadas durmieron sobre aviso de que, en el momento en que empezara a caer, duraría horas. A las ocho de la mañana las calles comenzaron a teñirse de blanco, pero fue una hora más tarde cuando el temporal arreció y se dio la orden de sacar las máquinas.
40 policías locales, 12 voluntarios y el parque de maquinaria propio y ajeno, además de los servicios de limpieza del Ayuntamiento, fueron apechugando con la pertinaz cortina de nieve. En las primeras horas, quizás porque la ciudad aún dormitaba, no se registró incidencia alguna, pero a partir de la una de la tarde hubo complicaciones en algunas arterias importantes. Los coches, especialmente los de tracción trasera, comenzaron a amontonarse en la avenida de Cantabria y fue necesario concentrar allí más efectivos de los previstos para garantizar la fluidez.
En la zona alta de la ciudad se optó por cortar todas aquellas calles que tienen pendientes importantes. Corazas, la Subida de San Miguel, Enrique III o Azorín estuvieron cerradas al tráfico durante horas, al igual que los accesos al Castillo y el vial que une la calle San Francisco con Eras de San Francisco (Camino del Gallego). El túnel de Islas Baleares estuvo cerrado durante la mañana pero se podía circular en superficie con relativa normalidad.
También se registraron incidencias en los accesos al Hospital Divino Valles y en los tráficos internos de todos los hospitales. Al ser propiedad de la Junta, el Ayuntamiento solicitó permiso y metió máquinas para mejorar la situación, especialmente en el Divino Valles, al que los autobuses urbanos (que funcionaron durante toda la jornada) no podían acceder con normalidad.
La colaboración entre administraciones funcionó bien y, de hecho, la Demarcación de Carreteras se encargó de limpiar tramos que ya están cedidos a la ciudad. También la ciudad ayudó al Estado con las complicaciones que hubo en el Nudo Landa, donde algunos vehículos quedaron cruzados en la calzada (en sentido Valladolid) pero sin consecuencias. El alcalde, Javier Lacalle, no descartó pedir más ayuda al Estado si la situación empeoraba, pero la tormenta remitió poco después.
A las seis de la tarde se desactivó el Pembu y los servicios de limpieza se hicieron cargo de las tareas de acondicionamiento de las calles. El concejal de Seguridad Ciudadana, Salvador de Foronda, valoró «muy positivamente» el funcionamiento del operativo y advirtió que todo seguirá dispuesto por si a lo largo del día de hoy se vuelven a complicar las cosas. Más serio era lo de atender las carreteras de la provincia.
Cortes y cadenas
La incidencia más reseñable de la red principal se registró en la N-I. La Guardia Civil cortó el acceso desde Ameyugo en dirección Burgos para evitar el desfiladero de Pancorbo, donde en algunos momentos de la mañana no se podía circular. Se desvió la circulación de vuelta hacia Miranda.
Cientos de conductores optaron entonces por entrar a la autopista, donde eran advertidos de que la situación podría empeorar. Sin embargo, y a pesar de las dificultades obvias, la vía de peaje se mantuvo operativa durante toda la jornada con restricciones al tráfico pesado entre las 08.00 y las 11.30, horas en las que se hizo más necesario que las máquinas repasaran la calzada abriendo el paso a los turismos.
En las salidas hacia Cantabria por la 623 y la 627 hubo nivel rojo durante casi todo el día en el entorno de Sotopalacios; en el Nudo Landa de la capital así como en el resto de la circunvalación se produjeron retenciones y circulación muy lenta y la A-62 también quedó afectada a su paso por Buniel. En la Nacional 120 los mayores problemas, que los hubo, se vivieron en el entorno de Redecilla del Camino.
Además, la práctica totalidad de la red de carreteras secundarias quedó afectada. En la zona de Pinares fueron necesarias las cadenas para circular entre Salas y Quintanar y para llegar a la provincia de Soria; en el entorno de Villadiego también, al igual que en Covarrubias, Villafranca Montes de Oca o Treviño. No se escapó ningún rincón de Burgos. Incluso los vecinos de pueblos y barrios muy cercanos a la capital, como Carcedo o Cardeñajimeno, tuvieron que utilizar cadenas para poder circular. Casi huelga decir que los puertos de estacas de Trueba, Lunada y La Sía continúan cerrados en varios tramos.
Aeropuerto
No menos complicado fue el día en el aeropuerto de Villafría. Las tres máquinas con las que cuenta la terminal funcionaron de forma constante durante todo el día para garantizar la operatividad de los vuelos, que no dependía tanto de la pista (que se mantuvo limpia) como de la visibilidad que pudieran encontrarse las aeronaves para realizar las maniobras de aproximación.
El vuelo procedente de Barcelona aterrizó a las 16.15 tal y como estaba previsto (y pudo salir) regalando a sus pasajeros una impresionante panorámica de la ciudad que aún comentaban cuando llegaron al interior de las instalaciones. Además, a las ocho de la tarde, y gracias al trabajo de todo el día, aterrizó un avión sanitario para traer un órgano para ser trasplantado, algo mucho más serio que un puente con la Ciudad Condal.
A pesar de hacer frente a la peor nevada del invierno, no es extraño que la pista estuviera disponible. Hasta el propio director de las instalaciones, Ángel Otero, anduvo todo el día pilotando una de las quintanieves. Hoy la previsión es que sea un día mucho más tranquilo para todos.