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17 de noviembre de 2018
Entrevista

«Ver al paciente como una persona y no como una rodilla es actuar con ética»

Angélica González / Burgos - martes, 17 de enero de 2012
María José Pereda, presidenta del Comité de Ética Asistencial de Burgos. - Foto: DB/Miguel Ángel Valdivielso
María José Pereda, presidenta del Comité de Ética Asistencial de Burgos

Doctora en Medicina, máster en Bioética y técnica de salud en la Gerencia de Atención Primaria de Burgos, María José Pereda (Bilbao, 1955) ha unido a su responsabilidad al frente de la Comisión de Coordinación Sociosanitaria de Burgos, en la que lleva desde 2008, la de dirigir una nueva etapa del Comité de Ética Asistencial.

Desde el pasado mes de mayo el Comité de Ética Asistencial de Burgos tiene una nueva composición. De momento está siendo utilizado más por los profesionales sanitarios aunque los usuarios deben saber que este órgano está a su disposición a través de las direcciones médicas del hospital y de Atención Primaria.
¿De qué le sirve al usuario un comité de ética asistencial?
En el siglo XX se reconocieron los derechos humanos y los valores dentro de la sociedad: autonomía, democracia, participación, respeto a la ideología y a la dignidad de las personas... y todas las relaciones se impregnan de ellos. También la del sanitario-paciente y por eso nacen los comités, para conciliar los valores de ambos.
Antes siempre imperaba el criterio del profesional...
Era relación muy paternalista  porque durante 20 siglos quien tenía el conocimiento era el profesional y era quien decía qué era lo mejor para el paciente. Como consecuencia de interiorizar el valor de la autonomía la relación cambia y se ha hecho más democrática, que es mucho más respetuosa y madura pero también más conflictiva. Los pacientes tienen que entender que la autonomía no es que sus exigencias imperen por encima de todo, y los sanitarios, que deben tener en cuenta los valores y deseos de las personas.
¿Las instituciones deben tener ética?
En todas las esferas de la sociedad hay una ética: en los medios de comunicación, en las empresas (responsabilidad social) y en las instituciones sanitarias porque tienen que organizarse y gestionar sus recursos para conseguir con la máxima eficiencia los fines de la Medicina: prevenir la enfermedad, curar lo que sea curable, cuidar cuando ya no se puede curar y ayudar a morir en paz. Y si hablamos de estos fines no podemos hablar de beneficios económicos sino de beneficios de las personas.
¿En época de recortes sanitarios se bordea esta ética?
Ahora mismo está muy en riesgo el sistema de salud que tenemos, que es el más justo que hemos conocido. Se corre el riesgo de que no nos planteemos dónde se puede recortar; deberíamos preguntarnos si hacer o no determinadas intervenciones o técnicas y si realmente estamos dedicando los recursos a las prioridades de la población. Los gestores tienen que explicar por qué se está recortando en determinadas partidas y hacia dónde deben reorientarse las actuaciones para seguir atendiendo a la población más vulnerable de forma justa. Esto exige un debate social sobre cómo asignar los recursos en el sistema sanitario.
¿Por dónde empezaría a recortar si tuviera alguna responsabilidad? ¿Qué pruebas o actos sanitarios son superfluos?
Determinadas actuaciones que hacemos sobre personas muy mayores con una demencia, con pocas expectativas de vida, quizás en una situación de terminalidad... algunas actuaciones técnicas que se realizan sobre ellas excesivamente impositivas ¿debemos hacerlas? ¿No deberíamos cambiar el discurso y hablar en vez de cantidad, de calidad de vida? La crisis puede ser una oportunidad para plantearnos si todo lo que hacemos ‘porque siempre se ha hecho así’ tiene que seguir haciéndose.
Si he entendido bien se refiere, por ejemplo, a una persona de más de 90 años que sufre un infarto y en la que se emplean recursos para sacarla adelante aunque tenga una calidad de vida ínfima durante un corto periodo de tiempo... En este caso, ¿quién tiene que tomar la decisión?
Conjuntamente. La adecuación del esfuerzo terapéutico debe consensuarse con la familia -y si es posible, con el paciente- en un debate sereno. Pero, sobre todo, debe haber un debate social para que se entienda que los recursos sanitarios son limitados, que deben usarse de la forma en la que más se consiga beneficiar a la sociedad y que hay sucesos inevitables y la muerte es uno de ellos.
Algo que se tiene muy poco interiorizado...
Se tiene que saber que uno de los fines de la Medicina es ayudar a morir en paz y esto es aceptar que  la terminalidad de la vida llega y que no debemos empecinarnos en alargarla de forma no aceptable cuando la naturaleza hubiera seguido su curso y  la persona hubiera muerto de una forma tan digna como ha vivido.
¿Es ético presentar a los pacientes una factura en la sombra?
Sí. El sistema sanitario se financia con los impuestos y los ciudadanos tienen que conocer en qué se gastan. Esto viene muy bien para saberlo y para que las personas sepan cuándo hacen un uso no adecuado del sistema. Todos tenemos responsabilidad y hay mucho uso que se hace de forma no responsable por parte de los ciudadano. El sistema no está para dar complacencia...
¿Se atreve a decir que hay malos usos del sistema?
La población tiene que ser muy consciente de que el estado de salud tiene una serie de determinantes que influyen casi más que el sistema sanitario: la biología, el medio ambiente y los hábitos. Se dice que el sistema solo puede modificar en un 10% la salud, el resto lo hacen todos estos factores. La población tiene que responsabilizarse de su salud. Si no nos cuidamos debemos de asumir las consecuencias.
¿Se puede negar un trasplante de pulmón a un fumador?
No nos vamos a poner en los cursos extremos, la bioética siempre va por los cursos intermedios. En esa situación hay que mirar el caso particular, con las generalidades en bioética se corre el riesgo de cometer injusticias. Pero, insisto, la ciudadanía debe saber que sus hábitos tienen unas consecuencias que los servicios de salud, a veces, no pueden modificar.
Alguna vez ha dicho que la ética tiene que ver con la costumbre y durante las vacas gordas se ha acostumbrado a la gente a hacerse todo tipo de revisiones y pruebas. ¿Cómo se cambia ahora?
 Pues lo tendremos que hacer. Esto ha sido culpa de todos: a los políticos les era muy fácil tomar decisiones populistas incluso en contra de las opiniones de los expertos, (como en el caso de la vacuna contra el virus del papiloma humano); también ha habido mucho fomento de la asistencia al sistema por parte de los sanitarios. Los medios, que tienen que vender noticias de salud, y los grupos de investigación, que están presionados por la industria farmacéutica para que saquen resultados de la forma más rápida...
¿Es verdad que las farmacéuticas se inventan enfermedades?
Sí, se ha medicalizado la vida cotidiana completamente. Y se han aprovechado de que somos una sociedad que no acepta la frustración. Cualquier situación hostil de la vida -como un suspenso o un desamor- la acallamos con medicinas porque hay personas que van al médico por ello.
¿Pero ahí la función del sanitario no sería explicar al paciente afligido que mejor se lo cuenta a un amigo o se va de fiesta?
Claro, si los médicos de Primaria tuvieran tiempo lo harían. Porque esta es la función principal de los médicos: la escucha. Decía don Gregorio Marañón que la mejor dotación de una consulta es una silla.  Los sanitarios deben tener unas condiciones de trabajo éticamente aceptables y la disponibilidad de tiempo es una de ellas.
Los pacientes se tienen que responsabilizar de su salud, la institución tiene que dotar de medios... ¿Y los sanitarios?
Todo el personal del sistema tiene que ser capaz de ver el rostro del paciente que tiene delante y tener en cuenta sus deseos, sus miedos y sus valores. Cuando le vemos como persona y no como rodilla o estómago es cuando realmente estamos actuando de una forma éticamente correcta.
¿Esto no se hace tanto como se debería?
Los profesionales nos hemos deslumbrado con la técnica y hemos pensado que con ella podíamos resolver todo y pienso que ahora hay que volver otra vez a la silla de Marañón.
¿Un momento sanitario como el que vive Burgos con el traslado al nuevo hospital tiene alguna connotación ética?
Sí, es una oportunidad para replantearnos una nueva forma de trabajar: cómo podemos organizarnos, por ejemplo, para garantizar la confidencialidad; que las personas fallezcan en una habitación individual, que los trabajadores se sientan parte del centro... Es una oportunidad para deliberar cómo hacer presente el hospital dentro de la sociedad.

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