De la Conservera a Campoflío

H. Jiménez/G.G. Ubierna/Burgos
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El grupo chino Shuanghui ha culminado esta semana la compra de la multinacional americana que a su vez controla a la que un día fue una pequeña empresa burgalesa. Hace años que la decisiones sobre su futuro se toman muy lejos de sus orígenes

«Cuando llegamos tenía yo 26 años, y don Gregorio, que a mí no me conocía, les dijo a ellos dos: ¿Quién es este chaval que traéis con vosotros? Me dio un golpe bajo pero el hombre fue honesto, luego nos llevamos muy bien. Empezamos con 15 empleados y fue durísimo. La primera matanza la hicimos el 15 de enero. Tardaríamos en matar 30 cerdos 18 horas. Allí estaba encendiendo la caldera».José María Yartu, cofundador de Campofrío, relataba así  la refundación en 1952 de Conservera Campofrío, que unos años antes había empezado como un modesto matadero y que muchas décadas después llegaría a ser la mayor cárnica española. Junto a Clemente Garay y José Luis Ballvé emprendió la ambiciosa aventura de poner en marcha una gran empresa en una ciudad todavía sin industrializar, que apenas se desperezaba de la larga posguerra.

Pronto la familia Ballvé se hace con las riendas de la empresa, llega el Polo de Desarrollo y en la década de los 60 se aborda la diversificación de productos elaborados. Tendrían que pasar dos décadas más para que, ya en los 80, comenzara la gran transformación de la firma. Primero fue la expansión industrial, luego la salida a Bolsa y  finalmente la internacionalización que empezó por Rusia y la concesión del sello de «calidad total» ISO.

Aquello supuso un salto cualitativo. De ser un matadero de humildes comienzos en una capital de provincia Campofrío se había convertido en una firma conocida en todas las casas de España y que empezaba a abrirse paso en otros mercados. Francia, Portugal, Polonia, Rumanía... En todos esos países ya había empresas adquiridas por lo que empezaba a ser un gran grupo. Pero al mismo tiempo que la empresa crecía empezaba a perder su burgalesismo.

El centro de decisiones comenzaba a desplazarse y los comentarios que cada vez con más fuerza iban apareciendo en la prensa local se confirmaron en el año 2000, poco tiempo después de que se hablara de inversiones de 11.000 millones de pesetas que para entonces suponían una barbaridad. «Año de la concentración», lo llama la página web de la compañía donde se repasa someramente su historia. Coincidiendo con la compra de Oscar Mayer y la fusión con Navidul, cuando Campofrío verdaderamente adquiere el título de «primera cárnica española», ese momento la sede se traslada a Madrid y se marcha parte del personal de oficinas que estaba en la calle La Bureba, en el polígono de Gamonal.

En paralelo, y paradójicamente, se edificaban bloques de pisos en el solar que la fábrica ocupó durante muchos años en la Avenida de la Constitución. En pleno Capiscol nacían 450 viviendas y un centenar de ducas entre notables críticas por el trasfondo de aquella operación urbanística que densificaba aún más un barrio ya colmatado.

Ya con la oficina en Madrid (Campofrío tiene su sede actual en San Sebastián de los Reyes), Pedro Ballvé recordaba en una entrevista en este periódico los méritos de la criatura empresarial de su padre, la primera que revolucionó las cocinas españolas introduciendo el jamón cocido o los productos de pavo.

En el año 2007 la cárnica se hizo con el control de Carnes Selectas, hasta entonces mayoritariamente en manos de Caja de Burgos, e invirtió en la factoría notables cantidades en una nueva demostración de compromiso con la ciudad natal del proyecto. Pero mientras se invertía aquí, la fusión con la multinacional norteamericana Smithfield para crear Campofrío Food Group en 2008 fue el salto internacional definitivo.

Sus fábricas de Burgos aún siguen concentrando a la mayor parte de los trabajadores del grupo en España (en La Bureba hay 922 trabajadores según la web oficial, 54 en Jamones Burgaleses y 553 en Carnes Selectas), y sin embargo las decisiones se toman cada vez más lejos del Espolón, y más todavía desde esta semana que ahora concluye.

La estadounidense Smithfield Foods Inc y la compañía china Shuanghui International Holdings Limited notificaron el pasado jueves por la noche el cierre de su acuerdo de fusión. Este supone que el grupo chino se convertía en accionista indirecto de Campofrío con un porcentaje del 36,99% del accionariado, participación que tenía la multinacional en la compañía burgalesa antes de fusionarse. Sin embargo, el ‘burgalesismo perdido’ de la compañía podría reforzarse si se confirma la disposición del presidente, Pedro Ballvé, (hijo del fundador) de comprar parte del accionariado que el grupo chino pretende vender.

Shuanghui Holdings Limited es una sociedad de capital privado con sede en Hong Kong que tiene negocios variados, entre ellos de alimentación y logística. De hecho, son accionistas mayoritarios de la mayor empresa de elaborados cárnicos de China y la posibilidad de introducirse en el mercado europeo y estadounidense a través de marcas nacidas en esos territorios es una de las mejores formas de hacerlo. Sin embargo, la multinacional de origen chino, al hacerse casi con el 40% de la compañía tendría la obligación de lanzar una Oferta Pública de Adquisición (OPA) de acciones sobre Campofrío y ha decidido evitarlo. Para ello, debe vender parte de su accionariado, en concreto un 7%, y es aquí donde baraja entrar Ballvé para incrementar su presencia en el grupo.

Así se anunció el pasado viernes, cuando varias agencias de comunicación afirmaron que Ballvé se perfilaba como el candidato para hacerse con esa participación no deseada por los chinos. A esa conclusión se llega después de que se descartara el interés del resto de accionistas (el fondo Oaktree y Caixabank) por incrementar su peso en la cárnica de raíces españolas.

Sin embargo, y a la vista de otras operaciones semejantes, todo indica que el proceso de fusión con la empresa china todavía dará mucho que hablar en la capital que vio nacer Campofrío.