Son las nueve de la mañana. Los 16 guías que se encargan de los yacimientos y del parque arqueológico ya están en Atapuerca, listos para, un día más, sacar lo mejor de sí mismos. Con un saco lleno de ilusión y ataviados con sus botas "Robusta" y su camiseta de Kukuxumusu comienzan su jornada de trabajo, en la que no solo se limitan a dar explicaciones acerca de los hallazgos encontrados.
Sacar al parque los instrumentos que utilizan en sus explicaciones, preparar las instalaciones, hacer el material, poner a punto todo lo que van a utilizar para que en su momento nada falle... son algunas de las actividades que estos jóvenes realizan, además de talleres, ferias y charlas, no solo en Atapuerca, sino también en centros cívicos de la capital y en otros pueblos de la provincia. Un duro trabajo que muchas veces no está lo suficientemente valorado.
Forman un grupo caracterizado por la pasión a su profesión, que con una media de edad de 26 años se reparte el trabajo alternándose entre los yacimientos y el parque arqueológico. «El trabajo no se hace nada monótono, cada día haces cosas diferentes», explica Estefanía Muro, una de las guías. Además, todos ellos adoran trabajar al aire libre. «Uno de mis sueños al acabar la carrera era que mi oficina estuviera en el campo», explica la joven.
Estos chicos, además de contar con una diplomatura o licenciatura tienen que tener conocimientos sobre evolución humana, algo que les ayuda mucho en su trabajo. «El saber bastante del tema del que hablas hace que cuando te encuentras a distintos grupos sepamos actuar de una forma u otra, no es lo mismo hablar a un grupo de niños que a un grupo de jubilados», afirma Estefanía.
Otra de las características de este colectivo es que todos han excavado en los yacimientos y están en contacto con los expertos. «Nosotros somos la cara de lo que los científicos encuentran, somos los traductores del trabajo de los investigadores a un lenguaje común», comenta Sergio, otro guía. Son ellos los que hacen fuego y los que fabrican las herramientas prehistóricas. «Al hacer todo nosotros mismos se transmite mucho más al espectador, si te cortas con el sílex, eso es lo que ellos ven», matiza Estefanía.
David Canales, unos de los guías más veteranos, no sabría decir que es lo que más le gusta de las labores que realiza, pero lo que tiene claro es que «trabajar en Atapuerca es como jugar en la Champion League». «Hoy en día en la tele, y más en verano, vemos a jóvenes en fiestas poniéndose hasta arriba. Parece que la juventud española es así, pero hay que defender los valores de gente que trabaja, que estudia, y que están dejando en Atapuerca el caldo de cultivo de los científicos españoles», asegura David.
Los guías de Atapuerca y los del Museo de la Evolución están en constante comunicación, intentan que lo que se dice en el pueblo no sea lo mismo que en el MEH, lo que hace que un combinado de las dos visitas no resulte repetitivo para el visitante. «Yo siempre he defendido que la gente primero visite los yacimientos y el parque y luego vayan al Museo, que nosotros les expliquemos, vean las cuevas, les enseñemos cómo se hacía el fuego... así verán el museo de forma diferente. Cuando conocen lo que le pasó a Miguelón, ya no van a ver un hueso, sino a un amigo, y ya no van a ver una piedra, si no la herramienta con la que Miguelón cazaba; y es eso lo que debe valorarse de nuestro trabajo», explica el joven.
Todos coinciden en que su mayor recompensa es el aplauso y las felicitaciones del público y «por fortuna todos los que estamos aquí lo hemos recibido», concluye Estefanía.