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Vivir

León Felipe y otras voces del exilio

R.P.B. / I.L.H. / Burgos - jueves, 19 de mayo de 2011
Burgos 2016 y el Instituto de la Lengua reúnen en el Arco de Santa María y el Palacio de la Isla el trabajo de escritorese intelectuales expatriados por la guerra

Españoles del éxodo y del llanto:/ levantad la cabeza/ y no me miréis con ceño/ porque yo no soy el que canta la destrucción sino la esperanza. Desde el México de su exilio León Felipe reivindicó el papel de los poetas al margen de ideologías, cantó al poema sin bandos y repartió su llanto con lágrimas de esperanza.

El legado de León Felipe (fotos, manuscritos, homenajes, publicaciones, correspondencia...), que por primera vez sale de Zamora, sirve de encabezamiento para dar voz a otros escritores e intelectuales a los que la Guerra Civil y la dictadura franquista obligó a ejercer su compromiso con la cultura fuera de su patria. La exposición España en el corazón; cultura en el exilio, que se inaugura mañana de la mano de la Fundación Burgos 2016 y el Instituto de la Lengua, repasa el trabajo de los expatriados en dos sedes: el Arco de Santa María y el Palacio de la Isla.

Primeras ediciones, antologías poéticas, reedición de clásicos... la labor de los intelectuales en el exilio tiene tanto valor por sí misma que merece ser recuperada y reintegrada con normalidad. Y la figura del poeta y farmacéutico zamorano, agregado cultural de la embajada de la República española en el exilio y fundador, junto a Juan Larrea y Jesús Silva Herzog, de Cuadernos Hispanoamericanos, sirve de ejemplo del destino de tantos poetas y de su permanente canto a la libertad y la injusticia.

El autor de Llamadme republicano, Antología rota, El payaso de las bofetadas y el pescador de caña y Español del éxodo y del llanto, ha sido para los estudiantes de una generación uno de los líderes de referencia junto a Che Guevara. Pero también es el poeta respetado y valorado en México y apenas conocido y reconocido en España.

Por eso su legado, en manos de su albacea Alejandro Finisterre, no encontró en su tierra un único destino y a día de hoy está repartido entre la Fundación León Felipe de Zamora, la universidad de Jerusalén y un pueblo vizcaíno donde ejerció de boticario.

Al legado del poeta de Tábara tuvo acceso el decano honorario de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, Benito del Castillo: «Había manuscritos, estaban sus gafas, su bastón, un crucifijo y algunos de los libros que había intentado quemar cuando murió su mujer, Berta Gamboa. También había libros dedicados de Neruda, Aleixandre... Cuando supe del fondo se lo comenté al rector de la Complutense, Gustavo Villapalos, y mantuvimos una reunión con Finisterre. Pero la cantidad que pedía, creo que eran 100 millones de pesetas, era imposible de sufragar».

En ese época, 1988, Benito del Castillo había descubierto el expediente de León Felipe como estudiante de Farmacia y había bautizado a la biblioteca de la facultad con el nombre del poeta.

Las notas académicas del autor de ¡Oh, este viejo y roto violín! fueron publicadas junto a otros documentos relacionados con el escritor en un libro que editó Benito del Castillo y la Facultad de Farmacia en 1988, cuando se cumplía el veinte aniversario de su muerte. Como curiosidad, el farmacéutico posee una copia de la partida bautismal en la que aparece como padrino Dionisio Velasco, coronel de Poza de la Sal.

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