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martes, 02 de septiembre de 2014
Vivir
Entrevista / Leontxo García • Maestro de ajedrez

«Cuando pierdes al ajedrez no le puedes echar la culpa a nadie»

Angélica González / Burgos - sábado, 30 de abril de 2011

Si el ajedrez se ha dado a conocer en los últimos años a través de los medios parte de la culpa la tiene este periodista enorme de tamaño y sencillo en el trato. Ayer estuvo en el Museo de la Evolución Humana dando una charla, un acto organizado por el Club Deportivo Juventud.

«El ejercicio regular del ajedrez mejora el envejecimiento cerebral e incluso podría ser útil para prevenir el alzhéimer y otras demencias seniles». Es un argumento más (y de peso) de los muchos que el maestro de ajedrez Leontxo García (Irún, 1956) desgrana con paciencia pedagógica cuando se le va con la cantilena de que si este deporte es solo para raros y gafotas. Al rato de escucharle, dan ganas de salir corriendo a aprender a colocar las piezas.

¿El ajedrez es un deporte de empollones?

Es uno de los dos tabúes falsos, que es muy complicado y que solo es para personas muy listas. Hombre, para ser uno de los mejores del mundo, probablemente sí que hay que estar dotado desde el punto de vista de la genética pero para disfrutar, cualquier persona de cualquier edad y nivel intelectual puede hacerlo y además no es nada difícil: en aprender a mover las piezas se puede tardar como mucho una hora y en saber las nociones elementales de estrategia y de táctica, unos pocos días.

¿Cuál es el otro tabú falso?

Que es muy aburrido. Absolutamente falso. Puede no gustar pero quien le gusta tiene precisamente el problema contrario, que puede ser adictivo, es apasionante y hay que tener mesura para no pasarse.

¿Por qué hay tan pocas mujeres o por qué destacan menos?

Hasta anteayer, como quien dice, en casi todos los países del mundo, salvo en los escandinavos y poco más, los niños y las niñas eran educados de forma distinta: el concepto de que la vida es una jungla y que hay que luchar para ser el mejor estaba más imbuido en ellos que en ellas. El ajedrez es sumamente competitivo porque en el 99,99% de los casos si pierdes la partida no le puedes echar la culpa a nadie porque es tuya y esto tiene mucho que ver con lo que me han dicho muchos profesores de diferentes países: hasta la pubertad ambos muestran una fuerza de juego y un interés por el ajedrez prácticamente igual; a partir de ahí, las niñas huyen despavoridas y no les interesa. ¿Es genético? ¿Producto de la educación? Es un misterio que está ahí.

¿Por qué todos los grandes campeones siempre han sido de países del Este?

En la Unión Soviética las autoridades pidieron en 1925 un informe a tres científicos y en él destacaron hasta 17 virtudes mentales que se desarrollan con el ajedrez y el Kremlin decidió introducirlo masivamente: de los 287 millones de habitantes que tenía, había 5 millones federados y 50 jugaban en torneos no oficiales.

Eso les hizo grandes campeones de ajedrez. ¿Les hizo mejores personas? ¿Puede enseñar valores este deporte?

La URSS tenía una enorme contradicción: era un país espantoso desde el punto de vista de las libertades y los derechos humanos pero la educación de los niños era modélica, al menos el sistema que yo conocí a mediados del ochenta, que era bastante mejor que el que teníamos entonces en España. Y el ajedrez formaba parte de esa educación.

¿Y qué pasa con nosotros?

España es un país importantísimo en la evolución del ajedrez: los musulmanes lo trajeron en el siglo VIII y de aquí pasó a buena parte de Europa y de América; fue un importante elemento de convivencia entre judíos, musulmanes y cristianos y el primer campeón del mundo fue el clérigo Ruy López de Segura. Ahora, España es el país más activo del mundo, el que organiza más torneos internacionales (más de cien cada año) y donde se imparte como actividad extraescolar, como mínimo, en mil colegios y en otros cuarenta es actividad obligatoria. Esto es una especie de secreto que no se conoce porque el gran pecado del ajedrez es su falta de mercadotecnia y eso que es una escuela de pensamiento: está demostrado que su práctica frecuente hace que se desarrolle mejor la inteligencia.

¿A partir de qué edad se puede empezar?

A los 5 o a los 6 años pueden empezar e incluso hay experiencias con niños de preescolar aunque no jugando al ajedrez sino utilizando el tablero para enseñar, por ejemplo, los conceptos básicos de la geometría.

Decía antes que el ajedrez le hace a uno más competitivo. ¿Cuándo alguien se maneja con destreza en el tablero lo hace también en el resto de la vida?

Sí, pero es mucho más importante que ayuda a tomar decisiones ordenada y rápidamente. Un ajedrecista y un empresario hacen lo mismo: tienen que tomar decisiones, generalmente, de forma rápida y bajo presión. Por eso, al empresario le vendría muy bien saber cómo ha automatizado su razonamiento el ajedrecista.

He leído las historias de Arturito Pomar y de Bobby Fischer y me han parecido muy tristes...

Lo son. Aproximadamente un 10% de los ajedrecistas son gente rara; ésta es, quizás, la única actividad humana en la que dos personas pueden mantener un diálogo muy intenso durante muchas horas sin tocarse y sin hablarse. Por tanto, atrae mucho a personas muy tímidas e introvertidas pero esto no quiere decir que todos los ajedrecistas sean así, lo que ocurre es que los periodistas generalmente hablamos de los ejemplos más llamativos.

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