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Casi 30 niños con autismo estudian en centros ordinarios

Gadea G.Ubierna / Burgos - lunes, 7 de febrero de 2011
Hace quince años seguían las clases con normalidad tres menores con diagnóstico de alto funcionamiento o síndrome de Aspergen

Alrededor de 30 personas autistas de la provincia se forman con normalidad en centros educativos ordinarios: colegios de educación Primaria y Secundaria, Bachillerato, Formación Profesional o, incluso, en la Universidad. Veintisiete de ellos participan en el programa de autismo de alto funcionamiento de la asociación Autismo Burgos, que se puso en marcha hace quince años con tres personas y que ahora siguen casi treinta. «Que acudan al centro hay 29, pero dos de ellos son mayores para la escolarización. Y luego hay más casos en la provincia», explica la psicóloga de la asociación, María Merino.

«Las cosas han cambiado mucho en quince años y estoy segura de que dentro de quince, la mayor parte llevarán una vida independiente», asegura. Los autistas con diagnóstico de alto funcionamiento o síndrome de Aspergen tienen un coeficiente intelectual mayor de 75 (la media de la población ronda los 100, con variaciones hacia arriba o hacia abajo) y siguen las clases con normalidad, aunque reciben apoyo, tanto del centro escolar como de Autismo Burgos. La asociación se encarga de reforzar en dos sentidos: por una parte, trabajando con los estudiantes cuestiones relacionadas con las habilidades sociales y, por otra, colaborando con los colegios. Merino asegura que «tenemos una petición desbordante de los colegios en materia de orientación, pero también de sensibilización con los compañeros, para explicarles algunas conductas de la persona autista que pueden no entender».

La mayor parte de los autistas con diagnóstico de alto funcionamiento o síndrome de Asperger no tienen problemas de capacidad (de hecho, hay superdotados), sino de habilidades sociales, comprensión, comunicación o manera de pensar. Una de las profesionales del equipo de orientación del colegio Maristas Liceo Castilla, Blanca Santamaría, destaca que en los últimos años ha habido un gran avance en la integración de estos escolares «sobre todo, porque hay un mayor conocimiento del trastorno. Antes, el menor con autismo de alto funcionamiento era, simplemente, el raro de la clase, mientras que, ahora, hay diagnósticos más precoces y, por lo tanto, una atención mejor en todos los niveles».

En esto tienen mucho que ver los profesionales como María Merino, que organizan con frecuencia reuniones con los responsables, profesores y alumnos de los centros escolares para explicarles, por ejemplo, por qué se ríe de repente un autista o por qué se levanta y comienza a hablar sobre un tema que le apasiona y del que sabe todo aunque no venga a cuento. Merino explica que «a nivel académico, podrían ser mucho mejores. Tienen una memoria increíble y, si un tema se les da bien, aprenden todo y son los mejores, pero su forma de pensar es diferente a las competencias básicas que se exigen ahora».

El sistema educativo actual trata de fomentar las cuestiones prácticas frente a las teóricas, así como la elaboración de un discurso propio frente a la memorización del mismo. Esta es, en cambio, una de las principales dificultades para los autistas, ya que «ellos interpretan de forma literal, les cuesta sintetizar ideas, leer entre líneas o extrapolar el aprendizaje para aplicarlo en otros casos o situaciones», cuenta Merino.

Esto hace que les resulten especialmente complicadas los comentarios de texto, las materias relacionadas con la comunicación o de contenido más abstracto. Merino destaca que, en cambio, «dentro del ámbito artístico, hay quien hace verdaderas maravillas y son muy buenos con las nuevas tecnologías y con aspectos concretos, que les interesan y de los que saben todo». En este sentido, destaca que en Inglaterra hay «estudios sobre la mayor incidencia del autismo en hijos de matemáticos o ingenieros. «En un diagnóstico de alto funcionamiento, puede haber una persona con coeficiente intelectual de 135, pero que no sepa cómo utilizarlo», afirma.

Retos de futuro

Cada vez que un estudiante autista cambia de ciclo o de clase, el profesor nuevo pide información a la asociación para que le orienten y le expliquen qué hacer. «No es rentable. Los recursos se optimizarían mucho mejor si fuese un profesional especializado quien hiciese un seguimiento del alumnado con necesidades especiales», dice Merino, subrayando que esto existe en Inglaterra, y que en Bilbao y Baleares están comenzando a poner en marcha programas en los que un mismo experto en autismo visita todos los centros escolares en los que hay alumnos autistas.

«Otros grandes retos son el tema del empleo y seguir trabajando la autonomía para conseguir que desarrollen una vida lo más normalizada posible. Hay que trabajar todo lo relacionado con la vida adulta porque, en realidad, todavía no nos ha llegado», señala esta psicóloga, quien destaca que Burgos es la provincia de Castilla y León que más se acerca a la cifra de un diagnóstico por cada 100 nacimientos.

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