Diario de Burgos
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Vivir
José Manuel Ballester • Premio Nacional de Fotografía 2010

«Burgos ha sido un leitmotiv en mi carrera»

I.L.H. / Burgos - sábado, 20 de noviembre de 2010

Licenciado en Bellas Artes por la Complutense de Madrid, la carrera artística de José Manuel Ballester (Madrid, 1960) se inició en la pintura, mostrando especial interés por la técnica de las escuelas italiana y flamenca de los siglos XV y XVIII. A partir de 1990, se centró en la fotografía arquitectónica. De entre sus exposiciones destacan Lugares de paso (Valencia, 2003), Setting out (Nueva York, 2003) o Habitación 523 (Museo Reina Sofía, 2005). En Burgos ha expuesto en el Palacio de Saldañuela, la Casa del Cordón, el CAB y la última, Resplandores, en 2007 en la Catedral.

Lleva acudiendo a Burgos con sus trabajos desde hace más de dos décadas. Y casualmente ha sido también aquí donde ha presentado su primera exposición después de que el Ministerio de Cultura le concediera la semana pasada el Premio Nacional de Fotografía. José Manuel Ballester (Madrid, 1960) exhibe estos días varias panorámicas de los yacimientos de Atapuerca en el pueblo del mismo nombre. Su carrera, que comenzó en la pintura, le llevó después a la fotografía arquitectónica y a la interpretación de los espacios vacíos. De ello, del premio y de su vinculación con Burgos dio cuenta en la charla que mantuvimos con él en el Museo de la Evolución Humana el pasado jueves.

El premio se lo han concedido «por su trayectoria personal, su singular interpretación del espacio arquitectónico y la luz y por su aportación destacada a la renovación de las técnicas fotográficas». ¿Cuál de los tres aspectos le hace más ilusión que le reconozcan?

Quizá lo de la renovación de las técnicas fotográficas. En estos años he estado investigando mucho sobre los nuevos materiales aplicados a la fotografía a la hora, sobre todo, de la producción. El lenguaje fotográfico tiene muchas opciones de materializarse: en grandes soportes, en telas... que habitualmente se usaban para pintar, y eso lo he incorporado a mi trabajo. No soy el único, por supuesto, hay una generación que ha hecho de la fotografía digital algo suyo, pero es verdad que llevo años investigando.

¿Cree que la fotografía digital tiene límites?

Tiene un continente visual inmenso, del que queda todo por explorar y con las inquietudes que eso conlleva. La fotografía digital nos ha brindado a los artistas un continente visual totalmente impresionante, con muchas posibilidades. Y entre ellas, la que yo estoy desarrollando, y la que a mí más me interesa, es su conexión con lo plástico: el retorno a la pintura a través de la fotografía. Cómo dos disciplinas que estaban tan separadas han podido reencontrarse. Por eso hablo mucho del "neopictorialismo" porque la fotografía digital te permite modificar la realidad, manipular o alterar como haría cualquier pintor. Ese proceso de retoque nos recuerda mucho a las virtudes del mundo de la plástica.

Usted que empezó pintando, a día de hoy ¿se considera pintor, fotógrafo o un artista completo?

Supongo que soy un creador que utiliza los medios que tiene a su alcance, y los que yo tengo son tanto la pintura como la fotografía. No renuncio a la manualidad. Intento encontrar una armonía entre lo manual y lo digital porque no creo que tengan por qué estar reñidos.

¿Por qué esa insistencia en los espacios vacíos?, ¿qué le inspiran?

El vacío, de alguna forma, es una propuesta para que el espectador lo llene. Y creo que al espectador se le pueden plantear dos visiones: la desoladora o la de reencuentro con la soledad y con uno mismo. Reconozco que me gusta reflexionar sobre esos temas que uno mismo puede desear y rechazar a la vez. El vacío, que pone en escena a la luz y la convierte en protagonista, deja al tiempo en reposo en lugares vulgares y corrientes. Si no hay acción parece que el tiempo se detiene, y es un vacío que incita a reflexionar sobre las preguntas que todos nos hacemos. Yo me las hago de esta manera.

¿Y cómo interpreta el vacío en los yacimientos de Atapuerca, donde la presencia humana es tan evidente aunque no esté?

Sí, ahí es más evidente que en ningún sitio: la presencia humana se nota a través de las huellas. Igual que en muchos espacios que he utilizado para mis fotografías la presencia y la condición humana están presentes en el escenario artificial que diseña el hombre para su uso, en Atapuerca esas huellas y esos restos son realmente eso. Por supuesto es un lugar mágico, y eso se nota en las imágenes.

¿Ha sido, entonces, más fácil captar aquí la presencia humana?

Sí, sí. El trabajo de Atapuerca me lo encontré bastante hecho. A pesar de lo difícil que suele ser hacer un paisaje natural, donde la huella del hombre no es tan evidente -y en este caso está sepultada-, el enclave es tan especial que te lo pone en bandeja. Es como un templo rodeado de vegetación que tiene mucho carácter. Es como un paisaje "artificial" entre comillas.

Desde ese punto de vista, ¿es más complicado llamar la atención del espectador con un paisaje natural que con alguno de los edificios con los que suele trabajar?

Un paisaje urbano, construido por el hombre, nos da muchas pistas cronológicas; pero la Naturaleza está por delante de nosotros, que hemos llegado después. Ese pasado impone, claro, y la intervención humana queda en un segundo plano. En fotografía el problema es la mirada, la interpretación que haga el artista. Las panorámicas que presento de Atapuerca lo que tienen de novedoso, quizá, es el formato, que te hace estar sobrecogido ante ese paisaje espectacular. Resulta difícil, sí, pero con la fotografía de gran formato hemos conseguido pasar de la orquesta de cámara a la sinfónica. Y eso me ha permitido tratar hoy, aquí y ahora este paisaje con una visión moderna.

¿Hasta qué punto nos condiciona la forma de mirar?

Estamos absolutamente condicionados. Lo difícil es ser conscientes de ello. Es una labor de la que sería interesante reflexionar sobre ello. Porque esa evolución humana está llena de paradojas, incluida la realidad virtual: por qué en una era llena de comunicaciones el ser humano está más aislado que nunca y necesita crear otros mundos paralelos.

Usted también crea realidades virtuales con sus obras...

Sí, sí, claro. La realidad virtual es atractiva y seductora, pero quizá tengo la precaución de ser consciente de que puede ser útil y a la vez arrolladora. Porque tenemos la sensación de que podemos construir nuestro paraíso, pero también se puede convertir en nuestro mayor infierno.

¿En qué proyecto anda trabajando ahora?

Otro de los temas que me interesa es el sacrificio, así que acabo de empezar una serie titulada Al otro lado del mundo en el que trataré de reflejar la vida en los conventos de clausura. Supongo que tendré que pasearme por esta provincia...

Ya que lo menciona, su relación con Burgos se remonta a hace unos cuantos años...

...Sí -interrumpe-, a hace más de veinte años. La verdad es que parte del Premio Nacional de Fotografía se lo debo a esta ciudad porque desde un principio me ha apoyado y muchos de mis proyectos me los ha proporcionado esta ciudad: Saldañuela, el CAB, la Catedral, ahora Atapuerca... Digamos que Burgos ha sido un leitmotiv en mi carrera. Desde mis primeros años como artista, Burgos apostó por mí.

Ya que le gustan los espacios arquitectónicos, ¿qué le sugiere el MEH como edificio ?

Tengo fotos del proceso de construcción y espero poder exponerlas en Burgos en algún momento, aunque van a estar en mis siguientes proyectos -en mayo en Madrid y luego en el IVAM-, como ya lo han estado en los anteriores de Pekín y Shanghai. Me interesa la caja, es un gran edificio muy luminoso que funciona.

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