Diario de Burgos
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Un sonoro misterio

R.P.B / Burgos - lunes, 18 de octubre de 2010
Hace ochenta años, el Coliseo Castilla acogió la proyección de la primera película sonora del cine español: El misterio de la Puerta del Sol.

El Coliseo Castilla de Burgos fue el salón de cine escogido hace ahora ochenta años para la proyección en riguroso estreno de la primera película sonora del celuloide español: El misterio de la Puerta del Sol. Tras aquella aventura se hallaba un burgalés: Feliciano Manuel Vitores, avezado empresario beliforano con alma de pionero. La función fue un éxito, como recogieron las crónicas periodísticas al día siguiente, que hicieron admirado hincapié en la perfecta sincronización conseguida entre la imagen y la voz, correspondiéndose exactamente la palabra con el movimiento de los labios. Tal vez las críticas fueran demasiado benévolas porque la cinta resultó ser, en esencia, un desastre, un caos que, aun siéndolo, no resta un ápice de mérito a una empresa precursora que tuvo su origen en un más que curioso aparato llamado phonofilm.

Se trataba de un artefacto inventado y patentado por el norteamericano Lee de Forest, a quien le cabe el honor de ser el primero en firmar el primer filme sonoro de la historia: The jazz singer, que obtuvo un éxito sin precedentes cuando se estrenó en 1927. Dispuesto a hacer caja, el empresario yanqui probó suerte en Europa. Escogió España para intentar colocar su invento e hizo una demostración del mismo a Primo de Rivera, el patrio dictador de turno, a quien además realizó varias grabaciones para un documental sobre España que no se llevaría nunca a efecto. No se fue del país con las manos vacías. Feliciano Manuel Vitores, asociado con Enrique Urazandi y Agustín Bellapart, compró el ingenio y entre los tres constituyeron la sociedad anónima "Hispano de Forest Fonofilm", ubicando la sede social en Barcelona.

Antes de ponerse manos a la obra con aquella primera película, la recién creada sociedad se dedicó a ofrecer proyecciones por todo el país: Barcelona, Madrid, Bilbao, San Sebastián, Logroño, Burgos... Sin embargo, los montajes resultaron casi siempre calamitosos: el complejo aparataje y su rudimentario manejo dieron al traste con muchas de estas proyecciones. Tanto que, pronto, los socios de Vitores decidieron abandonar. Pero al burgalés no le amilanaron los reveses, y decidió quedarse solo al frente de la empresa. El contrato firmado en su día con Lee le otorgaba las patentes del invento en España y Portugal, sus derechos durante diez años y la posesión de un paquete de películas. Audaz y emprendedor, Feliciano Manuel Vitores creía saber cuál sería la salvación de la sociedad mercantil: rodar el primer largometraje sonoro del cine español.

Hombre bien relacionado, el beliforano consiguió financiación, 18.000 pesetas de finales de los años 20. Contrató a uno de los más prestigiosos directores de cine del momento, el onubense Francisco Elías, y convenció a los actores que en ese momento copaban las carteleras del cine mudo nacional. El galán Juan de Orduña, Teresa Penella, Anita Moreno, Jack Castello y Antonio Barber. El largo se rodó en tiempo récord: apenas mes y medio. Y con la expectación y el revuelo consecuentes, ya que los exteriores se desarrollaron en la Puerta del Sol y en la calle Gran Vía de Madrid. Los interiores, menos ajetreados, se tomaron en un hotel de la Ciudad Lineal del que era propietario Vitores y en las redacciones de los diarios Heraldo de Madrid y El liberal.

La película

Con un aceptable guión, El misterio de la Puerta del Sol resultó un desastre. La película cuenta la historia de Pompello Pimpollo (Juan de Orduña) y Rodolfo Bambolino (Antonio Barbero), dos jóvenes linotipistas que durante la visita a Madrid de un prestigioso director de cine, papel interpretado por Jack Castello, y su estrella, Lía de Golfi (Anita Moreno), tratan de probar fortuna como actores, pero son rechazados. Llenos de ira y de rencor, traman fingir la muerte violenta de uno de ellos con el fin de llamar la atención a la vez que Pompello trata de ligarse a la afamada actriz... Como se ha dicho, la película fue un desastre y a Vitores le supuso la ruina y el alejamiento definitivo de aquel incipiente mundo del sonoro. Con todo, este burgalés ha pasado a la historia por ser el productor de la primera película sonora del cine español. Y, además, por ser un adelantado en una de las más exitosas fórmulas actuales: el monólogo de humor. Así, en 1928, el propio Vitores rodó en el parque de El Retiro de Madrid a un verdadero showman. No se trataba de un actor, ni tan siquiera de un tipo cualquiera. Era Ramón Gómez de la Serna, y el pasaje, memorable, lleva el título de "El orador" y puede verse hoy gracias a Youtube.

La Filmoteca Nacional compró en la década de los noventa la película, que se había pasado décadas desaparecida, mejor dicho escondida, en cuatro latas metálicas en un desván de la casa de los herederos de Vitores en Belorado. Tras su rehabilitación, la película de nitrato permitió visionar de nuevo el filme, llegando a presentarse al Festival de Cine de San Sebastián de 1995. No fue la única adquisición. El lote, denominado Legado Vitores, incluía un cortometraje con un discurso político: el de Primo de Rivera.

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