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Vivir

90 años de una actividad frenética

J.A. de Hoyos - miércoles, 13 de octubre de 2010
Crescencio Manso sigue activo como danzante y en la Asociación El Priorato, de San Miguel de Pedroso

Que baje la novia, que baje el galán; que baje la hogaza que queremos pan. Que salga la novia, que salga el padrino; que salga la jarra que queremos vino. Con estos versos rondó Crescencio Manso Martínez a Paula Mercado, su esposa, allá por 1946, tuvieron 4 hijos y su vida transcurrió entre su terruño San Miguel de Pedroso y un Bilbao receptor de mucha mano de obra.

Paula es de Puras de Villafranca, municipio al que pertenecía San Miguel; Crescencio tenía su carné en Belorado, localidad de la que era dependiente Pedroso. Más tarde, todo quedó unido: Crescencio a Paula, Pedroso a San Miguel y el río Valjubí, que todo lo limitaba, quedó en medio como testigo mudo de una bella historia.

Crescencio nacido el 10 de marzo de 1920, vivió envuelto en un mundo rural que entendía de agricultura y ganadería, asistía a la escuela unitaria junto a 60 niños más y era feliz sabiendo lo que eran elementos diarios en sus tareas extraescolares: yugada, bueyes, mulares, corderos, borrillos, andoscos, carneros y apacentar, en cuanto a los animales se refiere; aladro, vertedera, brabán, rastra, serón, lenzuelo, terrera, bieldo, eran instrumentos de labranza que no tenían secretos para él. Pasó la terrible guerra civil y vivió con intensidad el racionamiento. 6 años de mili, en el frente de Teruel y África, después de pasar por San Marcial en Burgos, y varios años dependiendo del cielo y la producción hortofrutícola en San Miguel, avisparon a Crescencio para llegar hasta Bilbao, enfrentarse a un duro examen en el Reformatorio de Amurrio y entrar en Altos Hornos como gruista. Espabilado que era, todo lo apuntaba en una libreta. Su encargado premió su interés pasando a la sección de laminado de bandas frías y así acabó como responsable de sección. A los 62 años se jubiló y retornó a su San Miguel del que, en realidad, nunca había salido mentalmente ni con el corazón.

Son famosas sus "máquinas de madera". Ha realizado varias exposiciones y todas sus maquetas están referidas al mundo rural y funcionan como las que él conoció en sus años jóvenes. Molinos de agua y arados, con otros 90 artilugios más, son los trabajos manuales en los que se entretiene Crescencio, además y por supuesto, de su huerto repleto de puerros, escarolas, berzas, alubias, caparrones, tomates y pimientos que, en estos días, llenan de satisfacción las mesas de sus hijos y allegados.

¿Qué recuerda con mayor ilusión?: «Toda mi vida está llena de gratos momentos pero si algo es especial son mis años de juventud, cuando la pelota mano, el escondite, las 4 esquinas y el marro llenaban mis ratos libres, después de cuidar del ganado o terminar en la era. Las chicas jugaban a la comba y el corro y entre todos pasábamos tardes inolvidables, antes de que mi abuela se enfadara por no comer las sopas de sartén que me suponían gran esfuerzo».

Crescencio es miembro activo de la Asociación El Priorato, asesor en todo lo acontecido en San Miguel de Pedroso. En las últimas fiestas recibió el homenaje del pueblo junto a los danzadores de los últimos 90 años. Él mandaba en su grupo de danzadores, era Cachibirrio, y el más veterano de todos.

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