Ya está aquí el verano, y con él el calor y las ganas de vacaciones. Pero unas vacaciones primero hay que ganárselas. Así que es el momento en el que los más jóvenes se ponen a buscar el que será el trabajo salvador que les llevará de cabeza a la playa.
El paro baja en verano, y eso en época de crisis es algo reseñable. Castilla y León es la tercera comunidad española en reducir el número de parados, tiene 9.028 menos en sus listas. Si comparamos el pasado mes de junio con este, el número de contratos registrados ha aumentado en un 1,12 por ciento en la comunidad. Carlos de Miguel, propietario de la "ETT de Miguel", explica que Burgos es una plaza industrial y los puestos que ellos ofertan están más relacionados con esto que con la hostelería. Peones industriales, soldadores o mecánicos, serían algunos de los puestos más solicitados. «En el primer semestre de este año ha habido unos números mejores que los del año pasado, que fue catastrófico para el empleo estatal, pero es cierto que tenemos amenazas más serias», afirma De Miguel. Estas amenazas responden a supresiones de pagos, porque las empresas que no tienen solvencia, están más fatigadas económicamente.
De todos modos, se siguen ofertando más puestos que durante otra época del año. Se trata de contratos eventuales, para cubrir vacaciones. Lo que han notado dentro de las ETT"s es que ahora se apura al máximo, con contratos puntuales, como de una semana o incluso de un fin de semana. En estos puestos, lo que más valoran las empresas es la experiencia, más incluso que los estudios, al menos para este tipo de trabajos más genéricos.
Los trabajadores del verano por excelencia son estudiantes que durante estos meses deciden ganarse un dinerillo trabajando en los empleos más característicos de la época estival. Aunque Burgos no es una provincia turística por excelencia, en el área servicios se producen muchas vacantes con vistas al verano. Camareros, cocineros y extras son los más requeridos. Al tener dónde elegir las empresas prefieren contratar profesionales. Y en esto, los jóvenes se abren camino fácilmente, al trabajar varios veranos en lo mismo. Son puestos en los que se trabaja mucho, por ello son menos demandados por los parados de larga duración, que prefieren algo con más vistas al futuro. Los idiomas son un plus en el sector servicios. Así que el inglés del colegio, para los que opinan lo contrario, sí que sirve para algo.
ÁLVARO MARTÍNEZ| 27 años | socorrista
«Hay que estar muy pendiente, tienes una gran responsabilidad»
Álvaro Martínez, de 27 años, es socorrista en las piscinas de Ubierna. Lleva desde los 23 años trabajando en las piscinas durante el verano. Empezó en Villadiego, después de sacarse un cursillo en León. Un examen de anatomía y 10 pruebas físicas después ya tenía en su poder el título de socorrista. «El curso que yo hice fue muy intensivo, duró 4 semanas», explica Álvaro. Entre tantas pruebas físicas había una que destacaba: «Tenía que recorrer la piscina buceando y recoger 10 aros a la vez, en esa pinchó una persona». Y por si alguien se lo pregunta, sí, hacen pruebas de rescate con muñecos.
Conseguir trabajo como socorrista está complicado ahora. La cuestión está en llamar a los ayuntamientos para preguntar si necesitan gente «Está complicada la cosa porque se tira mucho para casa, se contratan a amigos y cosas así», afirma Álvaro, «yo no conseguí el trabajo hasta el último momento». Con el salario depende mucho, es cuestión de la oferta y la demanda. Depende también de las funciones que desempeñen los socorristas, que no suelen quedarse en vigilar que todo vaya bien. Depende sobre todo de lo que dice el jefe.
Para Álvaro, el trabajo está muy bien, él está a gusto, que en el fondo es lo importante. «Depende mucho del día, de si te toca un día tranquilo o un día con mucho jaleo». El cierre de las piscinas de San Amaro ha afectado positivamente a las piscinas de las zonas rurales, «los bañistas se vienen aquí», asegura Álvaro. «El trabajo implica estar muy concentrado y pendiente ya que se tiene mucha responsabilidad», explica. Y es que nunca falta el típico niño que se le escapa a su madre y los adolescentes bestias que juegan a las ahogadillas.
Lo que hay que hacer al llegar a trabajar a una piscina es ganarse el respeto de los bañistas. «Hay mucha gente que se pone a hacer el burro y te tienes que poner borde, porque hay muchas veces que no te respetan», comenta Álvaro. Esto hace que un trabajo que parece sencillo se complique mucho.
Hay muchas anécdotas curiosas en la vida laboral de un socorrista. Dejemos a Álvaro que se explaye: «Recuerdo una vez que dos mujeres me preguntaron si podían meter a sus hijos pequeños a la piscina con ellas. Las reglas estaban muy claras en cuanto a edad, así que no les podía decir que sí. Pues estuvieron persiguiéndome una hora mientras hacía la ronda, !una hora de reloj¡», recuerda entre risas. «Al final accedí, pero les dije que tendría que estar yo delante, ¡y entonces me dijeron que conmigo delante no!». Hay gente para todo...
Y no podía faltar la típica acción heroica de socorrista. «Hace no mucho en unas piscinas a un chico le empezó a dar algo y le tuve que sacar y sentar y sí que se le pasó por suerte», explica.
María José Romero| 21 años | heladera
«Estaba harta de pedir dinero a mis padres»
María José Romero tiene 21 años y comenzó trabajando en una heladería cuando tenía 16. Eso sí es vocación. Trabaja todas las tardes, menos los martes, en la heladería italiana del Espolón.
El trabajo le llegó por sorpresa, «hace cinco años vine a la heladería y me encontré con el cartel de se necesita chica y me animé a apuntarme», explica María José. La razón, como muchos, el poder emanciparse un poco de las propinas paternas. «Estaba harta de pedirles dinero a mis padres, y entonces llegué aquí y vi el anuncio y aunque no estaba buscando trabajo, se puede decir que el trabajo me encontró a mi».
Un día normal para María José consta en servir helados y hacer felices a cientos de niños, ¿se puede pedir más? El horario depende del día, se sabe cuándo se entra pero no cuándo se va a salir. Todos sabemos que las ganas de azúcar llegan cuando menos las esperamos. «Cuando más gente suele haber es a partir de las 6, hasta las 9 y es continuamente, todo el rato seguido», afirma María José, que nunca pierde la sonrisa. Durante los Sampedros y los fines de semana el horario se alarga algo más y los principales clientes son gente con ganas de trasnochar. Los burgaleses tenemos gustos parecidos en cuanto al frío postre se refiere. «Los helados que más se venden son el de chocolate, el de yoghurt y el de turrón», enumera María José mientras observa las tarrinas vacías de estos sabores. Por su parte, a ella le gusta mezclar mora y yoghurt o turrón y chocolate.
También hay gente con gustos más extraños, «una mezcla que no pega y me piden mucho es limón con chocolate», responde María José. Para gustos, los "sabores".
Antonio José Martínez| 18 años | camarero
«lo de tirar las cañas es pillar el truquillo»
Antonio José Manrique tiene 18 años, y este es su primer trabajo. Durante el curso estudia, y ahora se ha buscado un trabajllo para no estar parado y sacarse un dinerillo.
Antonio José, Toño para los amigos, es lo que se llamaría un novato con bandeja. Consiguió el trabajo porque tenía un conocido en el bar y le dijo al jefe que si necesitaban a alguien, allí estaba él. Con ganas de trabajar y aprender, aunque lo de tirar las cañas se le resistía un poco. «Empecé en barra para aprender, y ahora estoy en terraza, lo de tirar las cañas es pillar el truco», explica Toño. Atender la terraza es más complicado, porque aunque no lo parezca lo de llevar la bandeja es todo un arte.
Los horarios en la hostelería son algo difícil de limitar. «El horario es de 6 a la hora que pueda salir. Que pueden ser de normal 11.30 o 12», asegura Toño, «luego en fin de semana un poco más tarde, y más si tenemos alguna boda». Sobre el sueldo nos asegura que cuanto menos para los caprichillos y eso, sí llega. Lo que más se consume en un bar como "La Trastienda" son cafés, coca-colas y, por supuesto, cañas. Pero su bebida favorita son los zumos naturales, «prefiero una bebida sin alcohol para tomar durante el día», afirma Toño. Se trabaja de cara al público y eso no es fácil, «a veces la gente bebe más de la cuenta y se pone muy bordes», afirma Toño. ¡Lo que cuesta ganar unos euros!