La culpa la tiene El árbol de la cruz, de Martín Chirino. La obra de hierro forjado que estuvo expuesta en el claustro exterior de la Catedral, ha sido la incitadora para que otras once esculturas contemporáneas que pertenecen a la colección de Caja de Burgos se muestren hasta el 4 de agosto en los jardines del Palacio de la Isla, sede del Instituto de la Lengua.
La pieza de Chirino, que tan bien dialoga con el verde de la hierba, ha motivado que ambas instituciones decidan «abrirse a una nueva línea de trabajo». «Éste no es el Jardín de las Delicias, pero sí una delicia de jardín», apuntaba Óscar Martínez, de la Obra Social de Caja de Burgos, al recordar que la idea surgió tras la mudanza del Instituto a este singular edificio. Eso, y el hecho de que la institución dedicada al castellano ha unido en varias exposiciones la palabra con las artes plásticas.
Lunático sobre verde, nombre con el que rinden homenaje a la canción de Pink Floyd, ha convertido a los jardines del Palacio de la Isla en un museo al aire libre. Algunas fueron hechas expresamente para mostrarse en espacios abiertos, pero a otras se las ha «animado» a que lo hicieran por primera vez en este espacio.
«Al principio pensamos en hacer una selección de piezas creadas únicamente para soportar la intemperie. Parece algo trivial, pero no lo es porque la mayoría de las obras están creadas por los artistas pensando en la ubicación en la que iban a ser colocadas. Por ejemplo, Susana Solano, Sergi Aguilar, Guillermo Lledó son artistas para los que la tectónica del lugar es muy importante, es decir, no conciben la pieza sola en sí misma, sino que su relación con el paisaje es fundamental», recordaba Emilio Navarro, director del CAB y comisario de la muestra.
Seguramente el lugar para donde las diseñaron no tenga nada que ver con este «jardín del arte», pero ahí estaba también el reto: «crear una propuesta de convivencia en un nuevo espacio».
Y en ese sentido, además de reinterpretar la ubicación de esas esculturas, la exposición Lunático sobre verde añade piezas que ni siquiera han sido planteadas para mostrarse en el exterior. En ese caso las obras están protegidas con cajas de metacrilato, como ocurre con la obra de Elena Blasco y David Shrigley. «Queríamos darle un toque de humor e ironía -que enlaza con el título de la muestra- y que sirviera para contrastar con las solemnidad del resto de las obras, realizadas con materiales como hierro, acero o piedra».