Durante décadas, entre el puente de San Pablo y el que había en Capiscol todo era río: sólo una endeble y precaria pasarela unía ambas orillas en la mitad del camino. En los años 20 del pasado siglo el Ayuntamiento decidió encauzar el Arlanzón entre ambos puntos a sugerencia del entonces ministro de Fomento, Rafael Gasset, quien también estimó imprescindible la existencia de un paso decente que conectara ambas riberas a la altura de la desembocadura del río Pico. Esta actuación tuvo que llevarse a cabo durante los veranos, aprovechando el estiaje de las aguas. La nueva infraestructura debía encajar armónicamente dentro del plan de desarrollo urbanístico que manejaba entonces el consistorio capitalino, que ordenó su diseño para el paso no sólo de peatones, sino también de vehículos, exigiendo que estuviera perfectamente imbricado con los edificios del entorno.
La construcción del puente se prolongó durante cuatro veranos. Para ésta, se empleó en las pilas y estribos sillería y sillarrejo de arenisca de las canteras de Salgüero de Juarros, quedando en su parte visible un tono rojizo. Para que fuera lo más resistente posible, en el interior de los elementos capitales se utilizó hormigón de cemento de Portland (en total se emplearon 60 toneladas y 37 de barras redondas de acero). Con una longitud de 57 metros entre los estribos y 10,2 de ancho, el resultado, como apuntó el cronista de Diario de Burgos días antes de la inauguración oficial, fue el de un puente que reunía «las condiciones de ligereza, esbeltez, elegancia y armonía en sus líneas».
La nueva infraestructura pretendía ser la piedra de toque a partir de la cual se urbanizarían ambas orillas del río hacia el este, tal y como anunciaba el proyecto: «Con la construcción del puente y el encauzamiento, se urbanizará espléndidamente la zona del río, a uno y otro lado del mismo, lo cual permitirá llevar a cabo en cada una de las márgenes magníficas avenidas y edificaciones, que harán de esa parte de Burgos un sitio amenísimo, quizá lo mejor de la ciudad». El coste de ambas acciones (encauzamiento y construcción del puente) fueron financiadas por el Estado, si bien contaron con partidas municipales
Solemne inauguración. El 3 de marzo de 1926, tras doce meses de obras, el director general de Obras Públicas, Rodolfo Gelabert, inauguró la obra. El puente, según las crónicas de la época, lucía engalanado con gallardetes, cerrado con cintas de seda de los colores nacionales y los morados de Castilla, y rodeado todo él de una expectante multitud, agolpada en ambas márgenes. Para las autoridades civiles y religiosas (no faltó nadie) se instaló una tribuna en el paseo de La Quinta.
La bendición del obispo dio paso al corte de cintas y a los marciales acordes de la Marcha Real. Después llegaron los discursos. El alcalde, Ricardo Amézaga, recordó a los presentes que el puente se llamaría de Rafael Gasset, decisión que había sido tomada por el consistorio en cuanto el ministro alumbró (y se comprometió a financiar), la obra. Antes de que todas las autoridades dieran buena cuenta, a cargo de las arcas municipales, de un banquete pantagruélico servido por restaurante "La vascongada", el primer edil de la ciudad aprovechó la ocasión para pedirle al director general unas cuantas cuestiones que hoy, 84 años después, pueden movernos a la risa o a la reflexión. Así, el buen edil solicitó del gobierno la supresión de los pasos a nivel y la concesión del ferrocarril directo Madrid-Burgos y del Santander Mediterráneo. Cosas veredes.
el nuevo. Aquellas peticiones son ya historia, al igual que aquel puente que durante 84 años tanto servicio ha prestado a la ciudad. Y es que esta semana las máquinas lo derribaron. Eso sí, en los almacenes municipales se guarda ya su barandilla dado su valor histórico y ante la posibilidad de que algún día esa obra artística pueda ubicarse en otro puente de la ciudad. ¡Quién sabe!
El equipo de Gobierno municipal ha apostado por que el puente Gasset se sustituya por una estructura nueva, más amplia (con cuatro carriles frente a los dos que había hasta ahora, uno por sentido) y con aceras más anchas. La actuación forma parte también de la mejora del entorno del Complejo de la Evolución Humana y de los accesos próximos.
De la obra se está encargando la empresa Copsa, a quien se adjudicó la actuación por importe de 3,7 millones de euros y con un plazo de ejecución seis meses. Por eso, este céntrica conexión de la ciudad permanece cortada desde el pasado día 28 y no se abrirá hasta el mes de octubre. Será a partir de entonces cuando el nuevo puente empezará a escribir la historia de su segunda vida.