La tarjeta turística Burgos Card es historia desde que en septiembre este producto destinado a los visitantes de la ciudad se dejó de vender, tanto presencial como telefónicamente. Las razones de la extinción son múltiples y obedecen sobre todo a cuestiones de rentabilidad. La Burgos Card fue una iniciativa incluida en el Plan de Excelencia Turística que echó a andar en el año 2004. Con ella se trató de implantar en la capital burgalesa una fórmula que ya funciona en cientos de destinos a lo largo de todo el mundo. Pagando una cantidad cerrada, el visitante obtenía esta tarjeta que le proporcionaba entradas gratuitas a algunos monumentos (la Catedral, el Castillo o la Cartuja, entre otros) y descuentos en tiendas, restaurantes y hoteles.
Aunque auspiciada por el Ayuntamiento de Burgos, la gestión corría a cargo de la empresa Neoturismo, y su éxito dependía en buena medida de la implicación de los establecimientos y las principales atracciones turísticas, pues de nada sirve una tarjeta que no aporte un verdadero servicio.
Pero la clave para su desaparición ha sido la falta de rentabilidad no para los negocios sino para el propio turista. En una ciudad como Burgos, donde las estancias suelen ser breves, el visitante tiene acceso a multitud de elementos de interés de forma gratuita, sobre todo si sabe elegir los días de visita (los miércoles, por ejemplo, en Las Huelgas). A esto hay que sumar que la oferta invernal de otras atracciones se reduce. Así que a muchos no les compensaba pagar la tarjeta y utilizarla solo para ahorrarse la entrada a la Catedral.
Consciente de los problemas, el Ayuntamiento comenzó a plantearse el futuro de la Burgos Card, que finalmente dejó de venderse. Aun hay alguna tarjeta "extraviada" en manos de turistas que pasaron por aquí hace meses o que la compran en establecimientos hosteleros que aún disponen de ella, pero en realidad no funciona así que lo mejor es que reclamen y les devuelvan el dinero.
Este periódico ha contactado tanto con el establecimiento que teóricamente las vendía en Burgos como con la empresa adjudicataria del servicio, por vía telefónica, y la respuesta en ambos casos fue que la tarjeta está fuera de servicio. Pese a ello, al menos hasta esta misma semana seguía operativa la página de internet www.burgoscard.com que explica con todo detalle su funcionamiento, incluye un listado de establecimientos supuestamente colaboradores y remite a las mencionadas formas de compra.
de más a menos. La tarjeta turística se puso en marcha en diciembre de 2004, bajo el amparo del Plan de Excelencia que financió su arranque y posteriormente la reedición de la guía de sus servicios. En el verano del año siguiente el Ayuntamiento ya se mostraba satisfecho de su evolución y cerró el año con 3.905 usuarios, según los datos que maneja el Instituto Municipal de Cultura y Turismo. Pero al ejercicio siguiente comenzó su declive, con 3.423 usuarios. La caída se agudizó en 2007 con 1.815 y fue ya evidente en 2008 con solo 541. El dato de 2009 fue el remate, con 166 hasta el mes de septiembre que "murió".
Y eso que por el camino se intentaron mejoras. Al cumplir dos años de vida, la feria Intur contempló incluso la presentación de otra Burgos Card, en este caso orientada a los negocios, mientras que la tarjeta inicial que solo contemplaba periodos de 1 o 2 días se flexibilizó y pasó a contabilizarse por horas, desde un mínimo de 12 a un máximo de 48, con precios que iban desde los 13 a los 17 euros.
Pese a la suspensión de la venta de la tarjeta, el Ayuntamiento no tira la toalla y quiere relanzar Burgos Card de cara a este próximo verano, así que la tarjeta no está "muerta" sino solo en la nevera, como los malos árbitros de fútbol a los que obligan a descansar.
A la vista de que la gratuidad de las entradas no es el camino por el que debe orientarse la tarjeta, el presidente del IMC, Diego Fernández Malvido, explica que «la idea es complementar sus servicios mediante la implicación de los establecimientos de hostelería con precios especiales en las consumiciones, su utilización para el transporte público a través del nuevo sistema sin contacto implantado en los autobuses urbanos o una audioguía en sistema mp3 de los monumentos de la ciudad».
Pero todo ello «son simplemente ideas en las que estamos trabajando poco a poco», advierte Fernández Malvido, y que tendrán que concretarse.