El problema ecológico no es técnico sino ético». Así de claras tiene las cosas el obispo auxiliar de Oviedo, el arandino Raúl Berzosa, que ayer dio una charla en el salón de Cajacírculo de la Plaza de España sobre cristianismo y ecología organizada por la ONG Manos Unidas, que ha elegido este año como lema de su campaña "Contra el hambre, defiende la tierra». Así, Berzosa insistió en que los hombres deben recordar que no son dueños de la Tierra sino simplemente sus administradores y ser conscientes de que los recursos naturales son «limitadísimos».
Dice el obispo auxiliar que el interés de la Iglesia Católica por el medio ambiente no es nuevo. Ya Pablo VI habló de temas medioambientales en su encíclica Gaudium et Spes y en los años 60 se refirió a la oportunidad de plantearse un equilibrio entre el medio natural que debe respetarse y la explotación de los recursos por el hombre: «Los bienes de la tierra son patrimonio de toda la Humanidad y su distribución debe hacerse con criterios de justicia», dijo. También Juan Pablo II recordó que la Naturaleza «no solo es patrimonio de la Humanidad y el legado que tenemos que dejar a nuestros hijos» sino que es patrimonio de Dios. En los últimos tiempos, Benedicto XVI ha insistido en que cuando las personas «se alejan del sentido divino que tiene todo lo creado el desorden es inevitable». Su lema para este año, que le inició con un discurso en el que tuvo una gran importancia el asunto medioambiental, ha sido "Si quieres promover la paz, protege la creación".
A juicio de Berzosa, el problema ecológico «no es tanto técnico como ético» en el sentido de que es necesario cambiar los usos y costumbres que están diezmando el planeta y ser solidarios ya que no hay suficientes recursos para todas las personas y las más perjudicadas resultan aquellas que viven en las zonas menos favorecidas del planeta. Berzosa insistió en la idea que ya expresó hace algo más de un año cuando, en una entrevista aseguró que no reciclar la basura era un pecado contra el quinto mandamiento: «Se trata de un pecado ecológico, no moral», precisó en esta ocasión.
Por otro lado, advirtió de la necesidad de que los creyentes tengan muy presente que el mundo no es sagrado como -según su opinión- postulan muchas teorías de la new age (que llaman diosa Gaia a la tierra) y que no hay que hablar solo de ecología, «que es un término pagano» sino de ecología moral «porque no hay que divinizar la tierra sino al hombre, que es el que tiene todos los derechos».