«Esto es un invierno como los de antes». «Lo del calentamiento global era una broma». «A ver cuándo llega la primavera porque menudos meses llevamos...» La lista de frases hechas, comentarios de ascensor y conversaciones de barra de bar en torno a la meteorología se está haciendo interminable durante las últimas semanas.
La sucesión de borrascas que está viviendo España desde el mes de diciembre, combinadas con unas muy bajas temperaturas y la práctica ausencia de días plenamente soleados está sorprendiendo tanto que los telediarios llenan minutos con el tiempo y la previsión meteorológica es una sección cada vez más demandada.
La sensación es que este frío no es normal. Y hay una parte de razón en la impresión generalizada aunque no toda. No están siendo los meses más fríos de las últimas décadas, ni siquiera en lo que llevamos de nuestro joven siglo XXI, pero lo cierto es que estamos viviendo un invierno «de los de verdad», abundando en las expresiones manidas.
Entre los meses de diciembre, enero y febrero y según los datos oficiales de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) la capital burgalesa ha vivido 31 días con precipitación en forma de nieve. Ninguna de las nevadas ha sido especialmente copiosa a excepción de la primera (en la madrugada del 17 de diciembre, que dejó hasta 15 centímetros en algunas zonas) pero la media es sorprendente.
Ha nevado uno de cada tres días a lo largo de los últimos meses, 11 de ellos en diciembre, 9 en enero y nuevamente 11 en febrero. El observatorio del aeropuerto de Villafría no registraba algo así desde el invierno de 1971-1972, cuando también se igualaba esta marca con 31 días entre diciembre, enero y febrero.
Desde que Galicia, bautizada como "la ventana de los frentes", se abrió de par en par a finales de 2009 los cielos han descargado en forma de lluvia sobre la ciudad de Burgos durante 42 jornadas de las últimas 90, con especial mención a los 17 días de enero los que el suelo capitalino recibió riego natural.
Anormalmente frío
Junto a las abundantes precipitaciones, las temperaturas son otro valor destacable en el último trimestre. La media de valores en el mercurio, siempre entre diciembre, enero y febrero, se sitúa en los 2,7 grados, sensiblemente por debajo de los 3,5 considerados "normales" por la AEMET, aunque no se trata de valores extraordinarios. Sin ir más lejos, en el arranque de los años 2005 y 2006 se registraron dos meses más fríos, así como en el año 1992.
Eso sí, en cuestión de mínimas absolutas sí que se han marcado récords. El de diciembre, con 17,1 grados bajo cero en la noche del día 20 fue la más baja jamás medida en el observatorio de Villafría durante ese mes. En enero se alcanzaron los -16, récord de los últimos treinta años aunque todavía lejos de los -22 del primer mes de 1971.
Y en febrero "solo" se han medido -5,5 aunque con un llamativo episodio de heladas sostenidas a lo largo de 8 noches entre los días 9 y 16. Aquella semana casi siberiana provocó además que durante 5 jornadas, entre el 11 y el 15, la temperatura no llegó a sobrepasar los 0 grados en ningún momento.
Siguiendo con el mes de enero, que resultó más frío en relación a los valores históricos que febrero, la máxima alcanzada fue de 10,7 en todo el mes, lo que supone la cifra más baja desde el mismo mes de 1986 cuando el mercurio no sobrepasó los 9,8.
Y volviendo al balance trimestral, en todos ellos se han observado jornadas realmente frías con valores holgadamente por debajo de los 0 grados centígrados. En diciembre hubo una jornada en la que no se sobrepasaron los -2,4, en enero los -2,5 y en febrero 1,5 grados bajo cero.
En definitiva, datos para quedarse helado. Ya casi no quedan tópicos para describirlo.