El artista rodeado de su obra.
Un viejo local en el que el paso del tiempo ha dejado brotes secos entre los muros de sus paredes. Apuntes, bocetos, dibujos y textos que aluden a las extrañas criaturas que en su día investigó. E incluso, uno de esos seres mutantes que halló en el subsuelo de la tierra y sobre los que trató de avisar a la humanidad... El legado de Reidar Vikko Hansen, el científico noruego del siglo pasado al que sus contemporáneos no comprendieron, se expone durante este mes en la sala Código UBU, en la Biblioteca Central de la Universidad.
Ricardo Blackman lo ha recuperado ahora para la ciencia -y para el resto de los mortales-. El artista ha recreado el subconsciente poético de este personaje que no aparece en la wikipedia, y cuya historia está rodeada de ambigüedades: ¿existieron o se crearon esos seres mutantes que estudia en su laboratorio?, ¿fue un prodigio de la ciencia o su mente le jugó malas pasadas?, ¿qué fue de este personaje en cuyo subconsciente ha entrado Ricardo Blackman?, ¿es Reidar Vikko Hansen el álter ego del artista burgalés?, ¿es Blackman un científico del alma artística de Reidar? o ¿es el noruego un artista que moldea los pensamientos inconscientes del ‘hombre de negro’?
A todas estas preguntas irá dando respuesta Ricardo Blackman en sucesivas instalaciones. Porque lo que el burgalés presenta en la UBU hasta el 28 de febrero es solo el primer capítulo de El extraño viaje de Reidar Vikko Hansen. Es, por ahora, únicamente el almacén del científico en Oslo, y todo lo que digamos sobre su personalidad, sus relaciones y su trabajo no serán más que meras especulaciones.
REINCIDENTE. La instalación de Blackman está creada con elementos de distinta naturaleza: desde un ser humano ‘mutado’ hecho en resina a dibujos y pinturas sobre papel y lienzo, pequeñas esculturas en bronce ubicadas dentro de urnas de metacrilato o cajas de cartón que simulan las paredes del viejo almacén.
Con todo ello el artista se sumerge en el enigmático, fantástico e incómodo universo de la mente humana a través de los ojos de un científico. Algo parecido a lo que hace unos años realizó en la sala Arlanzón. En ese momento convirtió el espacio en un asfixiante laboratorio genético de color rojo.