Luis Cebrián en la cumbre del Frailón, en el Desfiladero de la Horadada, en Trespaderne. Años 60.
Menudo; enérgico. Desprende actividad e insinúa una vida inquieta y valiente. Se acerca a Diario de Burgos de noche, en bici y sin luz. Tiene 84 años. Obviamente, no estamos ante un jubilado convencional. Luis Cebrián no vigila la evolución de las obras públicas por la mañana, ni se pelea por las tardes por ganar al tute. Es todo un histórico del montañismo burgalés, uno de los pocos que en los castigados años 40 salía a enfrentarse y a aliarse con las alturas, con las grandes rocas verticales. Y así sigue, 60 años después.
Pero este amante de la naturaleza, a la que sigue rindiendo visita con frecuencia en solitario o en grupos reducidos, además de escalador es un gran aficionado y practicante del cicloturismo y del piragüismo, tanto de mar como de río. A su dilatadísimo currículum de cumbres holladas, de vertientes inauguradas, de rocas desafiadas (incluido el Naranjo de Bulnes), suma Luis Cebrián una faceta muy destacada de formador y divulgador tanto de los encantos naturales como de los sistemas y precauciones a tomar para poder contar y saborear las excursiones, ya se planteen como retos, como actividades deportivas, como pasatiempos o como aventuras en busca de nuevas fronteras y perspectivas. Fundó la Escuela de Alta Montaña de Burgos y dio clase también en la Nacional.
Su lista de conocidos y amigos que se perdieron para siempre lejos del asfalto y cerca de las nieves guarda muchos nombres y momentos inolvidables.
Goza de una memoria prodigiosa y salta de los picos de la Demanda a los de la Montaña Palentina (últimamente de triste actualidad por varios fallecimientos en sus espectaculares y complejas laderas) con una soltura que le permite intercalar sus viajes y ascensos a los Alpes y a otros miradores sublimes de España y Europa.
Gusta Luis Cebrián de compartir la palabra, pero no encuentra soltura a la hora de dar voz a esa fuerza interior que le ha hecho un valiente, un pionero, un inquieto, un hombre de días de silencio con la mirada clavada en el suelo y a la vez buscando el cielo.
Profesor e inventor
Luis Cebrián representa una parte importante de la historia de la Sociedad de Montañeros de Burgos, ciudad en la que nació 1925. Casado, con tres hijos y cinco nietos, se ha ganado la vida como profesor de Electricidad. Dio clases en la Escuela de Maestría Industrial (hoy Instituto Padre Flórez) y en el hoy denominado Centro Integrado de Formación Profesional Simón de Colonia.
Recuerda con todo lujo de detalles sus primeras salidas a la montaña y a practicar esquí de fondo cuando rondaba los veinte años, y se declara deudor en su espíritu aventurero de su hermano mayor, Leopoldo, «que fue un gran fotógrafo en Canarias, que publicó libros y que estuvo en la Batalla del Ebro con los nacionales», rememora con sus encendidos ojos azules.
Hoy una visita a Decathlon o a cualquier tienda especializada en deporte de montaña, de ciclismo o de piragüismo sacia al más exigente deportista, pero hace 70 años la oferta era muy reducida y la capacidad económica de la inmensa mayoría de los españoles también. Por ello, el ingenio entró en juego y sigue suministrándole artilugios funcionales. Dice haberse construido piolets, gafas, esquíes, piraguas, velas para navegar, tiendas de campaña, etc. Y haber mejorado o modificado bicicletas, motos...
Ordenado y romántico, leído y muy documentado, este ‘habitante’ de Pineda, donde tiene una cabaña muy bien acondicionada y donde acude con frecuencia, pone en primer lugar como aventura más disfrutada, pese al frío que sufrió, una acampada invernal en solitario en el San Millán.
historias y proyectos. En el mar, y montaña, de recuerdos abundan las fotografías, los recortes de prensa, las numerosas medallas y distinciones recibidas, los artilugios paridos por su pericia y la necesidad, los rescates en los que ha participado, las ascensiones por caras vírgenes, los 900 kilómetros del viaje de novios con una Gucci prestada, las alpargatas para hacer rápel, el robo de la Virgen de la Concha en el Mencilla... y sobre todo un respeto por la naturaleza viva y exclusiva, un regalo para todos que unos pocos están llamados a saborear con la máxima intensidad.
Ahí está Luis Cebrián Alonso, también conocido por muchos como Pichi, siempre con proyectos, ahora adaptados a sus rodillas, y dándole vueltas a sus memorias y recuerdos, que él mismo se encargará de ilustrar con dibujos y acuarelas. Todo un hombre global y en continuo movimiento, o como se dice de creadores que dominan varias disciplinas con soltura, todo un hombre del Renacimiento.