Cruce de dos tranvías en un entorno semiurbano, según Herzog&De Meuron.
La ausencia de noticias durante los últimos meses ha llevado a un segundo plano el debate sobre el tipo de transporte público que recorrerá el bulevar. Tras unos primeros meses de apuesta firme por el tranvía y cuando parecía que estaba decidido a implantarlo, los condicionantes económicos de esta fórmula obligaron al equipo de Gobierno municipal a aparcar la idea y resignarse sin poder llevarla a cabo en la actual legislatura.
Pero el tranvía no está olvidado, ni mucho menos. Los planos de la urbanización de la futura avenida ferroviaria así lo atestiguan (por ejemplo, en el nuevo puente sobre el Arlanzón que contempla un espacio para ello) y las previsiones deberán quedar confirmadas cuando empiecen a ejecutarse las obras. En ese momento se verá cómo el bulevar lleva aparejada una plataforma reservada para un «transporte público singular», como le gusta definirlo al concejal Javier Lacalle.
Cuando entren en servicio los primeros tramos, probablemente a comienzos de 2011, no habrá tranvía para ellos y por eso serán utilizados por autobuses convencionales. Pero dentro de unos años deberán circular por esos carriles otro tipo de vehículos.
Los ritmos de implantación de los mini-trenes, que pueden llevar o no catenarias y cuyo avance tecnológico ha sido espectacular en los últimos tiempos, se presenta fundamentalmente como una cuestión de dinero. Según los cálculos iniciales que nunca fueron públicamente detallados los tranvías salían tan caros como la propia urbanización del bulevar, así que el Ayuntamiento primero tendrá que asegurarse la viabilidad económica de la avenida y luego pensar en cómo sacar adelante su transporte público estrella.
El momento financiero, desde luego, no es el más apropiado y algunas ciudades que apostaron recientemente por el tranvía se han topado con dificultades derivadas de la crisis económica que a su vez ahoga a las posibles empresas interesadas. El último ejemplo es bien cercano: el Ayuntamiento de León tuvo que dejar desierto en diciembre el concurso convocado para la explotación de una línea que iba a tener 6,5 kilómetros. La única oferta presentada incumplía el pliego y el Consistorio tuvo que rechazarla.