José Antonio Ortega Lara recibió el premio nacional «Coraje Cívico» del Observatorio de Víctimas de Terrorismo de manos de Aznar.
Han pasado ya doce años desde que José Antonio Ortega Lara fue liberado tras 532 días encerrado bajo tierra en un zulo de Mondragón, pero sigue siendo memoria viva de la lucha contra el terrorismo. José Antonio estuvo arropado ayer por el resto de premiados por el Observatorio Internacional de las Víctimas del Terrorismo, desde los máximos responsables de la Guardia Civil y la Policía Nacional, hasta por un numeroso grupo de víctimas que quiso asistir a este homenaje y sobre todo por decenas de concejales del PSE y del PP en el País Vasco que se juegan su vida cada día. Aznar, que fuera el presidente del Gobierno durante gran parte del secuestro y en el momento de su liberación, fue el encargado de entregar la distinción al ex funcionario de prisiones. «José Antonio Ortega Lara es la demostración viviente de que al terrorismo se le puede vencer», dijo el ex presidente, quien insistió en que «al terrorismo se le combate con la ley, con toda la ley y todas las consecuencias de la ley, sin resquicios».
Aznar recordó la madrugada del primero de julio de liberación cuando después de varias horas de búsqueda en la nave industrial de Mondragón, la Guardia Civil en presencia del juez Garzón estuvo a punto de abandonar, porque en aquel momento desconocía que podía encontrar. «Por favor, dales media hora más» pediría el ex presidente al entonces ministro de Interior, Mayor Oreja, también presente en el acto y que dirigía la operación desde Madrid. Al final de esa media hora, y fruto del esfuerzo y también de la casualidad, fue movida la máquina que daba con la apertura del zulo donde tras 532 días aparecía la imagen del ex funcionario de prisiones burgalés.
«No olvidaré -comentó Aznar- la explosión de alegría tras las horas de tremendo sufrimiento que precedieron a la liberación».
Rebelión cívica
Un Ortega Lara, claramente emocionado, con la voz entrecortada, ofreció su premio a los más de 1.000 asesinados por la banda etarra. Felicitó a los demás premiados y tuvo palabras de recuerdo especiales para las Fuerzas de Seguridad y para los concejales vascos. Ortega fue también contundente en sus palabras y reivindicó la rebelión cívica que llevó a miles de ciudadanos a manifestarse contra la negociación con ETA y acusó al Gobierno de pretender conducir a las víctimas al «ostracismo y la marginalidad». «Pero el aparente cambio de rumbo actual no es sino una nueva maniobra de distracción para volver a esa vergonzosa negociación cuando las circunstancias lo permitan», advirtió.
«No estamos en una sociedad de patricios y plebeyos -insistió-. La vida de un guardia civil o de cualquier otro ciudadano tiene el mismo valor que la del presidente del Gobierno. La pérdida de esa vida humana no debe ser amortizada como un simple efecto colateral»
Pero Ortega Lara también tuvo críticas para aquellos que en el pasado abrazaron a las víctimas y las señalaban como «un referente moral» y ahora han cambiado su actitud. «Nosotros seguimos defendiendo lo mismo, pero nos consideran una mala compañía o una rémora en la búsqueda de sus ambiciones personales. En su propio pecado llevan la penitencia», avisó.
En este punto, reconoció su «sorpresa» porque los valores defendidos durante la pasada legislatura hayan «pasado a un segundo plano» e insistió en reivindicar el «espíritu» de la rebelión cívica «frente a arbitrariedades o manipulaciones».
El burgalés mantuvo así la línea discursiva que viene ofreciendo en los últimos meses y que le llevaron no solo a dejar la militancia del Partido Popular sino también a mostrar su desacuerdo con la política de acercamiento al nacionalismo que en la anterior legislatura manifestaran algunos de los dirigentes populares. Testigos del discurso de Ortega Lara fueron el director general de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, José Manuel Rodríguez Uribes, el presidente del Senado, Javier Rojo, y altos cargos del PP como su secretaria general, María Dolores de Cospedal, o la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.
También, junto a ellos, el ex ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, los socialistas Txiqui Benegas y Nicolás Redondo, y los dirigentes populares vascos, Antonio Basagoiti y Arancha Quiroga. Complaciente, junto a ellos, la ex política María San Gil.