Diario de Burgos
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XXXIII Feria del Libro / Alicia Giménez Bartlett • Escritora

«Lo que mueve el mundo no son las conspiraciones vaticanas sino las pasiones humanas»

Angélica González / Burgos - jueves, 4 de junio de 2009
Las peripecias de Petra Delicado, abogada metida a policía, son seguidas desde hace años por miles de personas en España pero también, y sobre todo, en Alemania e Italia, país este último donde Alicia (Almansa, 1951) es una autora de culto

Un fraile del monasterio de Poblet aparece muerto en el convento de las corazonianas, ubicado en pleno corazón de Barcelona. La inspectora Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón tienen que ocuparse de este singular caso en el que, además, ha desaparecido la momia del beato Asercio sobre la que el monje trabajaba. Todos los indicios les llevan a pensar que ambos desmanes están vinculados a los lejanos hechos de la Semana Trágica de 1909. Alicia Giménez Bartlett propone una trepidante aventura, enrevesada como ninguna, de la que es imposible desengancharse. Hoy, la autora firma en la Feria del Libro y a las 20,15 participa en una charla sobre la novela en la sala Polisón del Teatro Principal.

Petra Delicado se topa con la Iglesia en esta nueva investigación. ¿Cómo sale del atolladero?

La verdad es que éste es un libro crítico con la Iglesia pero más bien con la Iglesia tradicional como institución porque dentro se van rescatando personajes que son muy positivos. Está claro que hay todo tipo de individuos, entre ellos muchos que hacen una gran labor social o que se ocupan de cosas o que son muy idealistas.

Nadie se salva de la crítica porque la inspectora también suelta denuestos cuando comprueba que el debate sobre hechos que pasaron hace cien años está tan encendido como si hubieran ocurrido ayer. Parece que reparte para todos los lados...

Sí, pero es que tengo la sensación de que son temas que se lo merecen. Al volver a la Historia de España -a ese pequeño enganche con la Historia, porque ésta no es una novela histórica- surgen una serie de cosas que son sangrantes. Lo de Petra lo hice yo, entrar en internet pensando ¿los jóvenes sabrán qué es eso de la Semana Trágica? Y, claro, me quedé alucinada viendo cómo aún estamos aquí defendiendo las cosas a sangre y fuego. No es que Petra sea una gruñona es que es un tema criticable por cualquier persona con sentido común.

La inspectora Delicado despotrica mucho en esta novela contra la España profunda...

La parte profunda de todos los países -que es la tradición y que a veces la confundimos con la identidad- a mí me fastidia mucho y ahí Petra tiene mis ideas, claro. La parte profunda, ideológica, que representa la tradición y que no cambia, es algo a cambiar. Y no hay que tener miedo del cambio porque se sale ganando.

Esta obra rezuma una cierta "coña marinera" hacia las novelas históricas que están tan de moda ahora...

Sí, es una parodia. Quien espere una novela en la que aparecen códices secretos y conspiraciones vaticanas y se encuentre con las patas de un beato tiradas por la geografía de Barcelona se va a quedar un poco parado. Es un poco paródico porque se ha llegado a un punto en el que se ha exagerado con todos estos temas y resultan inverosímiles porque, al final, lo que mueve el mundo no son las conspiraciones vaticanas sino las pasiones humanas.

Por cierto, ¿qué hay entre la hermana Domitilia y la novicia Pilar?

Hay que leer el libro. Cada uno se queda con la duda y elabora su propia teoría. El único que se atreve a preguntar por la cuestión de forma directa es un niño. Porque los niños actuales saben un montón.

En El silencio de los claustros, Petra Delicado está casada y tiene una tribu de hijastros. Algunos fans echan de menos a la policía solitaria del principio. ¿Tanta familia le aporta o le quita cosas al personaje?

Era muy consciente cuando lo hice. Cuando casé a Petra me pasó algo que no me había sucedido nunca, recibí cartas de lectores, sobre todo de lectoras italianas, que me ponían verde: Que había perdido su independencia, que esto era una traición... y creo que no, que el personaje sigue siendo como es, con su carácter, su mal humor y su independencia. Además, está bien no caer en el tópico del investigador solitario y demostrar que el estado civil no cambia a las personas, que una mujer sigue siendo como es casada, soltera, viuda o monja.

Además de toparse con la Iglesia, la inspectora se encuentra con la horma de su zapato, la madre Guillermina...

Es un personaje fuerte y que tiene su propia demarcación de poder, es decir, que la Policía podrá mandar mucho, pero la que manda en su convento es ella. Ahí se ve que tanto la Policía como las órdenes religiosas tienen una dinámica propia que se desarrolla un poco al margen de la sociedad, lo cual me hacía mucha gracia tratar.

Y ahora para los no iniciados. ¿Qué pistas le daría al lector que se enfrenta por primera vez a un caso de Petra Delicado?

Que es una mujer de cuarenta y tantos, batalladora, renegona, a veces dura y otras veces, comprensiva con el género humano y profundamente contradictoria y autocrítica. Es una feminista reposada y analítica, tiene buenos amigos como Garzón y se mueve en una España muy real. Estas serían las claves.

Fermín Garzón ha ganado mucho con los años...

Ahora se nos ha aburguesado un poco pero sigue representando esa España seria y cachonda que es capaz de reírse y criticar al mismo tiempo.

Las historias que cuenta tienen grandes dosis de humor que mueven a la carcajada en cantidad de ocasiones. ¿La novela negra peca de trascendente y usted ha roto esta barrera?

No, yo no la he roto, la han roto muchos autores norteamericanos que en eso son maestros. Está la novela más canónica que se toma todo en serio pero yo creo que se han hecho tal cantidad de novelas negras que si no autoparodias un poco el género no se lo cree nadie.

A veces, Petra y el subinspector Garzón parecen una auténtica pareja cómica...

El sentido del humor, no solo en la novela sino en la vida, es fundamental, sobre todo en este mundo en el que vivimos tan contradictorio, tan follonero, tan extraño, en el que no comprendes la mitad de las cosas, en el que, o te distancias por la vía del humor, o te amargas.

¿Lo pasa bien escribiendo sus peripecias?

Sí, francamente lo paso bien. Cuando hago otras novelas que no son del género lo paso fatal, sale mi España profunda, mi Alicia profunda, pero aquí es como si me esperaran dos amigos cada mañana en el ordenador y eso es algo que me estimula mucho.

¿Tendremos Petra para rato, verdad?

Yo creo que, de momento, está viva. Cuando vea que me estoy repitiendo, que estoy intentando recordar lo que he dicho y lo que no he dicho será el momento de decir basta, porque estos personajes me han dado muchas satisfacciones y lo que no podemos hacer es que caigan en una decadencia.

¿Cómo lleva lo de firmar los libros y el contacto con los lectores?

La gente me gusta, me gusta más que los periodistas, con perdón. Ahora vengo de Italia, donde El silencio de los claustros lleva ocho semanas en la lista de los más vendidos y eso te lleva a un contacto con los lectores bestial. Y es muy grato. En el fondo, son amigos a los que no puedo ver de otra manera.

¿Le aportan cosas? ¿Le dicen lo que piensan de los personajes?

Sí, sí, sí... Ahora me han dicho muchas veces que recupere el personaje de la madre Guillermina.

¿Por qué salimos tan mal parados los periodistas en todas sus novelas?

Lo que yo recibo de mis contactos con la policía para preparar las novelas es que os tienen un miedo cerval.

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